<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470</id><updated>2012-02-17T05:40:20.197+01:00</updated><category term='09 La Chari y la Choni se lo montan chachi'/><category term='13 Vamos a contar mentiras'/><category term='03 El buitre leonado y el azor'/><category term='11 La importancia de llamarse Óscar'/><category term='16 Firmado: vuestro padre y abuelo'/><category term='04 El magnate desmagnetizado'/><category term='18 Pero ¿quién es Remigio?'/><category term='05 Caronte y Perséfona'/><category term='20 Remigio inaugura la jornada'/><category term='06 Vuelo nocturno Sobre la ciudadela'/><category term='10 El regreso del Caballero de la Triste Figura'/><category term='12 La guerra de las Galias Futuras'/><category term='08 Vida y opiniones de Monsieur Cadeau Comte de Langedoc'/><category term='14 La larga sombra de la luna'/><category term='17 Enemigos a la hora de la siesta'/><category term='02 Cajera de mi amor'/><category term='15 El extraño caso del escritor y su obra'/><category term='07 Nochebuena en Praga'/><category term='01 Pretérito Imperfecto'/><category term='19 La inmortalidad del cangrejo'/><title type='text'>Alevo Rabla, creación literaria</title><subtitle type='html'>En este blog están todos los trabajos que he ido escribiendo para el Taller de Creación Literaria.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>20</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-6130370947322615236</id><published>2008-04-21T19:57:00.001+02:00</published><updated>2008-04-21T19:59:57.955+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='20 Remigio inaugura la jornada'/><title type='text'>Diez de abril de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/SAzV88rQAmI/AAAAAAAAAM0/waQh-YKl-T0/s1600-h/Remigio+inaugura.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191759713507738210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/SAzV88rQAmI/AAAAAAAAAM0/waQh-YKl-T0/s320/Remigio+inaugura.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Remigio inaugura la jornada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Remigio llega a los pies de la escalera de la puerta principal de su empresa. En la parte superior se puede leer un cartel de letras que en un pasado mejor se iluminaban por la noche. Hace años que nadie ha cambiado los fluorescentes para que se vea bonito y puede que ya no haya manera de arreglarlo. Se lee con claridad “Compañía VN S.A.”. Nunca se ha planteado Remigio qué significa esa “VN” y con lo vago que es, seguro que no lo hará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Anda, un euro! ― Remigio se agacha a coger el preciado tesoro (hoy no le costará el café ni un céntimo). ¡Qué suerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abre la puerta y ¡Plam!, un golpetazo. Después de más de quince años en la empresa, aún no se ha enterado de cómo hay que abrir la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Hacia ti, Remigio, hacia ti. ― El portero de la empresa, Faustino, le recuerda, como cada día la manera de abrir la puerta. Faustino lleva más de treinta años en la empresa y nunca había visto a nadie tan despistado como Remigio. Y eso, viniendo de un portero tan veterano, ya es mucho decir. Remigio, allá donde fuere, siempre iba haciendo escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Buenos días Faustino, ¿cómo estas? ― preguntó Remigio. Aunque le tocaba las narices tener que ver a ese tipejo todos los días, Remigio guardaba las composturas.&lt;br /&gt;― ¿Es que te importa? ― dijo el saleroso de Faustino ―. Pues con mis achaques y mis historias, así que no me molestes.&lt;br /&gt;― Bueno, hala, hasta luego ―. Remigio dijo eso, pero seguro que en realidad le deseó una buena rotura de tripas. De nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Qué pasa, Remigio? ¿Cómo van las cosas? ― Era Hilario. El amigo de Remigio. El único amigo, la verdad. Bueno, Remigio solía ganar amigos cuando pagaba alguna ronda en la cafetería de la empresa. Pero esos amigos se ganaban y se perdían a la misma velocidad.&lt;br /&gt;― Hola Hilario. Pues aquí, ya ves. Que esta mañana no tenía nada que hacer y me he dicho, ¡vamos a echar una decena de horas en la oficina y así se te pone el cuerpo serrano para la tarde!&lt;br /&gt;― ¡Anda, chaval, si vives como un pepote!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario apartó la vista de Remigio y le cambió el semblante. Pasó de un gesto coñero y avispado a una cara de borrego degollado.&lt;br /&gt;― ¿Qué pasa? ― pregunta Remigio al tiempo que gira la cabeza para buscar con la mirada el objetivo de esa cara de palurdo. Da con Blanca&lt;br /&gt;― Ahí está ― la voz de Hilario se vuelve un hilillo de sonido. La cara se le ilumina. ― Jo, qué buena que está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El objetivo del ese pedazo de piropo era Blanca. Blanca Bósforo. El amor secreto de Hilario (eso cree él, pero es tan evidente el baboseo que se trae que toda la empresa lo sabe). Remigio la mira y, la verdad, no entiende tanta pasión. Es una chica delgadurria, no muy alta pero al ser tan flaquita parece más esbelta. Tiene los ojos bonitos, eso sí, pero el pelo… A Remigio no le gusta. Lleva un teñido rojizo que a duras penas tapa el teñido anterior, rubio (perdón, más bien amarillo) y va con pintillas hippies. Que si colgantes, que si pendientes que parecen Hulahops, en fin. Nada de interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Hola muchachos! ―. Blanca pasa por delante de los dos compañeros. La verdad es que es muy simpática. Y si la miras bien, pues que no está mal la chica. Tiene un par de años más que Hilario (que hace un mes cumplió los treinta y siete), pero como va vestida tan juvenil (o estrafalaria, según quién mire) da la sensación de tener menos edad que Hilario, más clasicote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejemos a nuestros amigos hablando de sus cosas. Ayer hubo partido del Real Club Discóbolo. Remigio debe ser el único hincha del equipo junto con las madres de los jugadores. Los padres, con mejor criterio, seguro que son de algún club de primera división. Una cosa es la familia y otra muy distinta el fútbol. Y ya sabemos, la prioridad es el deporte rey, ¡faltaría más!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La empresa cuenta con varias plantas. Remigio trabaja en la segunda, donde nadie que no esté invitado puede ir. Es la más fea de las tres con que cuenta el edificio, más la planta baja. Hilario trabaja en la primera, delante de un ordenador y en un cubículo en el que ha colgado fotos de la USS Enterprise y de Leia Organa, esclava de Java el Hutt. No las tiene muy vistosas, porque no le dejan poner fotos. Los demás compañeros ponen fotos de sus hijos, algunos de sus maridos o mujeres y sobre todo de sus proezas, principalmente de lo que han pescado: fotos de peces, del coche, del último ligue, de la última cogorza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz de los fluorescentes da un calor importante, por lo que la gente suda y el olorcillo es tenue, sobretodo por los ambientadores que disparan a modo de salvas un poco de perfume vaporizado cada cinco minutos. A pesar de todo, huele a una mezcla de Channel nº5, ambientador de garrafón y Eau de Cabra. Pero hay un olor que predomina: el de los tonners de las copiadoras y las impresoras láser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario y Remigio cogen el ascensor. Son así de vagos. Uno sólo tiene que subir un tramo de escaleras. El otro, como vive en un bajo, quiere usarlo para sentirse importante. A todo correr llega Ana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Esperadme, esperadme, que yo también quiero subir! ― Es Ana, Ana Ceto. Para sus amigos es Annie, pero para sus jefes es Anita. ¡Y no veas cómo le jode!&lt;br /&gt;― Hola Ana ― Remigio, muy educadito él, saluda a su compañera. Siempre se habían llevado bien.&lt;br /&gt;Cuando se estaba cerrando la puerta, una mano fuerte, como de Conan el Bárbaro, impide que el ascensor sigua su camino. Es Víctor González, el jefecillo de la subdirección donde trabaja Ana. Va trajeado de manera impecable y el pelo engominado, a lo PelotazoMan. Ana está chalada por él. Sólo el rubor de sus mejillas deja adivinar sus pensamientos, aunque las enormes gafas impiden que se vea abiertamente.&lt;br /&gt;― ¡Vaya, la colección de frikis de la empresa! ―. Víctor es, como podéis comprobar, un imbécil. Realmente no es tan malo, pero el cargo se le ha subido a la cabeza y necesita una cura de humildad.&lt;br /&gt;― ¡Coño, el Mariconde! ― Gracias Hilario. ¡Tú si que vales!&lt;br /&gt;― Hilario, no me toques las narices que te la monto ― Víctor había sido herido en lo que más le importaba… el orgullo. (¡Qué mal pensados que sois! Lo otro también le importa, pero cuando está trabajando tiene claro las prioridades).&lt;br /&gt;― ¡Vale, vale! ― interrumpe Remigio. ― Haya paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno va a su cubículo (Víctor no, que tiene despacho, que para eso es jefe de sección). Remigio ve sus papeles sobre la mesa. Cualquiera se deprimiría de ver tanto follón, pero eso es algo que no le importa a Remigio. Se sienta y bosteza (¡pero si aún no has hecho nada, holgazán!). Lo único personal que hay sobre la mesa (la roña y el polvo no cuentan) es un banderín del R. C. Discóbolo. Por no haber, no hay ni bolígrafos. Luego se levantará a pedirlos. Se rasca la oreja y ahonda en la cuestión. Al final saca un trocito de cera, como Shrek y lo olisquea. La verdad es que Remigio no entiende cómo no le puede gustar a la gente ese aroma. Alguna vez lo ha hecho en público, inconscientemente, y la gente le miraba con asco. A él le parece algo maravilloso. A pesar de todo, ha aprendido a no hacerlo delante de la gente. Chico listo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelve a bostezar (el exceso de trabajo, se entiende) y revisa los papeles con una gana que haría palidecer de vergüenza al más vago de los vagos (¡Anda, pero si ese es Remigio! ¡Otra vez que bates tu propio record de vagancia! ¡Campeón!). Hay cosas atrasadas que deberían haber salido hace semanas, pero no pasa nada. Que no cunda el pánico. El trabajo de Remigio es tan poco trascendente que no se va a hundir la empresa por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una carpeta tras otra van pasando por las manos diligentes (es un decir) de Remigio. Al cabo de unos minutos, lo único que ha ocurrido es que los dedos de Remigio están sucios por el polvo acumulado en los informes. Sin saber cómo, una carpeta distinta se encuentra delante de él. Debe haberse traspapelado desde las más altas instancias a las catacumbas, es decir, a la mesa de Remigio. Se puede leer claramente “Proyecto Cartago”. ¿Qué leches será eso? La VN hace muchas cosas por encargo para otras empresas más importantes (y ser más importante que VN no requiere mucho esfuerzo). Puede que sea importante, pero está en chino. Bueno, en realidad está en inglés, pero para Remigio es igual. Siempre ha tenido ese don con los idiomas. Cuanto más tiempo le dedica a aprender inglés, menos se entera de lo que le dicen. En eso está en la media española. Para una cosa en la que podía despuntar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio se levanta y se dirige al puesto de Ana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Oye, Ana, ¿sabes qué es esto? ― Le entrega la carpetilla y Ana la recoge sin emoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza a leer y se ve cómo los ojos se salen de sus órbitas. Menos mal que estaban las gafas para impedir que se le cayeran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Dónde has sacado tú esto? ― Ana está temblando ―. Es información confidencial de otra empresa para la que estamos trabajando. ¡Sube corriendo a dárselo a los de la planta tercera antes de que se te caiga aún más el pelo (recordemos que Remigio es calvo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Remigio iba a salir corriendo, cual plusmarquista maratoniano, (porque el es así. ¿Para qué pensar si alguien te dice lo que tienes que hacer), Ana le vuelve a coger la carpetilla. Remigio se queda suspendido en el aire unos instantes y consigue volver a poner los pies en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Déjame que lea un poco. ― Ana revisa a tal velocidad el documento que más que leerlo lo escanea.&lt;br /&gt;― ¿Qué pone? ― Remigio siente curiosidad. Por fin se ha despertado.&lt;br /&gt;― ¡Es increíble! VN está participando en un proyecto de ingeniería genética. Si es verdad lo que pone aquí ― en ese momento descubre que había un TOP Secret en la primera hoja ― será posible hacer modificaciones del código genético para crear a partir de casi nada cualquier cosa.&lt;br /&gt;― ¿Mande? ― ¡Muy bien Remigio! Como siempre el menos espabilado.&lt;br /&gt;― Pues que si quieren podrían hacer una vaca con una maquinita. O una persona.&lt;br /&gt;― ¿Y para qué quieren una vaca?&lt;br /&gt;― Anda, Remigio, corre a toda mecha a darle el documento a Castalia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castalia, Néstor Castalia. Ese nombre pone los pocos pelos de punta a Remigio. Es una mala bestia. Si supiese de mitología, Remigio hubiera pensado que tenía que bajar a los infiernos a vérselas con Cancerbero, el perro de tres cabezas. Remigio no sabe mucho de mitología, pero sí de Castalia. Ya han conseguido ponerle nervioso. ¡Pobrecito mi niño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio reanuda su carrera. Lleva un susto encima de campeonato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasando por las puertas de los baños, se da cuenta de que tiene necesidad de usarlos. Una de las muchas virtudes de Remigio es su colon nervioso. Cuando se pone nervioso, se caga patas abajo. Literalmente. Así que entra corriendo y se sienta en el trono. Cuando la naturaleza va haciendo su función y se alivian las ganas, el cerebro vuelve a ponerse en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas que Remigio se da cuenta de que lleva la carpetilla en las manos. Mal sitio. Mal lugar. Remigio es de los que sabe hacer cosas con una sola mano y no muchas. Sumemos los elementos; carpetilla importantísima, por un lado, papel higiénico, por otro. Huston, tenemos un problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las cosas no se quedan ahí. Remigio sigue cavilando. Y eso, se lo digo por experiencia, es un problema. Cuando entró en el baño iba con tanta prisa que… ¿dónde se había metido? Me parece a mí que no era la puerta de la derecha, sino la de la izquierda. ¿Pudiera ser que estuviera sentado en una taza del servicio de mujeres? ¡Bingo! En el servicio de caballeros, los mingitorios están a la izquierda, según se entra, y las cabinas de las tazas a la derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y él está sentado a la izquierda. ¡Madre mía! Termina todo lo rápido que puede y se limpia con celeridad. Por los nervios comprueba que ha dado con la carpeta en la pared y se ha estropeado un poco. Se sube los pantalones y abre la puerta. Delante de él, los lavabos. No hay duda. Se ha equivocado de sitio. Si le pillan, se le ha caído el pelo. Me viene a la cabeza la fantasía de muchos de mis compañeros en el instituto de meterse en el baño de las chicas para espiarlas. Creo que Remigio en este momento no está para muchos sueños eróticos. Más bien está viviendo una pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cautela, abre la puertecilla de la cabina y se dispone a salir sigilosamente cuando escucha la puerta de entrada. ¡Alguien entra! A toda pastilla se mete otra vez en la cabina y cierra la puerta. Un paso firme remarcado por un taconeo rítmico se acerca donde está él. Suena el agua que corre del grifo justo enfrente de donde se encuentra Remigio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio, asustadito pone los pies en la taza y asoma la cabeza por encima de la puerta. No es muy alto, la verdad, pero tampoco bajo. Mide un metro y sesenta y ocho centímetros. Eso es algo que siempre le había fastidiado. Por dos malditos centímetros no llegaba al metro setenta. Así son los complejos de Remigio. Pequeñitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí está una muchacha que nunca antes había visto. Por la planta primera nunca recibían visitas y menos tan atractivas. Entonces se da cuenta de que hay un espejo y ve el reflejo de la chica. ¡Es guapísima! También se da cuenta de que a él le pueden ver reflejado. La muchacha levanta la mirada y Remigio bucea literalmente en la cabina dándose un trompazo enorme. Qué decir tiene, que los documentos reciben parte del impacto y terminan hechos un gurruño. Menos mal, a pesar de todo, de que se encuentra en el servicio de señoras, porque el suelo está limpio. El baño de caballeros suele tener un suelo húmedo y pegadizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la cabeza en el suelo ve las piernas de la muchacha ya que lleva minifalda (negra, por si querían saberlo. Va vestida con un traje femenino con chaquetilla a juego y blusa blanca. La melena castaña). Nuestro héroe se ha enamorado a primera vista. Son unas piernas preciosas y un pelín regordetas. ¡Esta chica es un bellezón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Te has hecho daño? ― pregunta la mujer.&lt;br /&gt;Remigio no sabe qué hacer. En ese momento actúa por instinto.&lt;br /&gt;― ¡No es nada! Me he resbalado. ― la voz que suena es lo más aflautado que ha podido conseguir Remigio jamás. Si hay suerte no se dará cuenta de que se ha colado un hombre en el servicio de señoras.&lt;br /&gt;― Ah, bueno. Me alegro. Hasta luego. ― Se oye el taconeo en dirección a la salida y la puerta se cierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras unos segundos de contención de la respiración, parece que no se oye nada. Remigio sale, lo más silencioso posible y abre la puerta. Nadie. Realmente, aunque ha sido un mal trago, ha merecido la pierna. ¡Uy, perdón! ¿En qué estaría pensando? Había merecido la pena, quise decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, la cruda realidad. El documento había vivido momentos mejores. Ahora estaba arrugado y parte de la solapa estaba doblada. Bueno, no sólo de la solapa. También muchas hojas de la primera parte estaban hechas cisco. ¿Qué hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A grandes males, grandes remedios. Remigio volvió a su mesa y estiró sobre ella el informe. “Cartago Project”, ¿qué leches sería aquello? Plantó encima una pila de papeles y se apoyó sobre ella. Tras unos segundos, retiró los papeles y ¡Voilá! Allí estaba el documento más alisadito. Cualquiera hubiera pensado que estaban impresentables, igual de mal que al principio de la faena, pero Remigio tiene unos estándares de lo que es presentable que dejan mucho que desear. Se le iluminó la carilla y se dijo “ya está”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez a la carrera. Si Remigio despertase la más mínima curiosidad, alguien se hubiera preguntado, “¿qué hace este majadero?” Pero Remigio es el hombre medio por antonomasia. Medio listo, medio gracioso, medio pelo. En definitiva; medio hombre. No despierta pasiones de ningún tipo. Por no despertarse, casi ni se despierta por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio llega sofocado al ascensor. Pulsa el botón para ascender. No es que vaya a ser más alto después o que le vayan a subir el sueldo. Más bien todo lo contrario. Puede que se le caiga el pelo, el poco que le queda, que se lleve una buena bronca y que su puesto peligre. Después de esta volverá a la segunda planta más achicadito, más apalizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ding dong. Las puertas del ascensor se abren y bajan varios compañeros de Remigio en la segunda planta. Sonríe bobalicón, siguiéndoles con la mirada y entra en el ascensor, que se ha quedado vacío. Su dedo se dirige tembloroso al botón de la tercera planta. Casi no se da cuenta de que lo ha pulsado. Así me lleva la vida mi niño. ¡Casi no se da cuenta de nada! Que todo lo haces porque sí, Remigio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje dura cinco segundos, a lo sumo. La puerta se vuelve a abrir y se encuentra en territorio comanche. La tercera planta esta no oficialmente prohibida para los plebeyos de la segunda que fueran gerifaltes de primera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera visión, una secretaria estupenda. La chica era guapa, pero guapa de verdad. Se llama Diana. Hasta ahí todo bien, pero hay algo que la marcó de por vida. Se apellida Tecla. ¡Tecla! Si eres Diana Tecla está todo sentenciado por los hados del destino. ¡Vas a ser secretaria!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Hola, ¿qué desea? ― la voz dulce y aterciopelada de la muchacha recibe a Remigio.&lt;br /&gt;― Hola, buenas. Es que yo, en principio, venía para entregar estos papeles a… bueno a quién corresponda ―. Remigio sudaba la gota gorda. Nunca en su vida había trabajado tanto. ¡No te estreses, hombre!&lt;br /&gt;― A ver, déjeme ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blanca inspecciona la carpetilla arrugada que le proporciona Remigio. La primera mirada es de total hastío. La abre y los ojos empiezan a abrirse prodigiosamente. Unas cuantas páginas más y se le salen de las cuencas. Vuelta a la primera página y a las cubiertas. “Cartago Project”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿De dónde ha salido esto? ― dice Diana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Pues… ― ¡Caramba, Remigio, qué bien te expresas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Espere un momento. Voy a llamar al secretario personal de Don Eloy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un jarro de agua fría recorrió a Remigio desde la coronilla hasta los talones. El secretario del jefe es Néstor Castalia. ¡Y da un miedo! La bronca la daba por hecha, pero no tener a Torquemada como inquisidor. De esta no salía. Bueno salía, pero volando, por la puerta grande y de una patada en el trasero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio es propenso al sudor, pero en este momento tan aciago podría servir como surtidor en una plaza pública. Diana se precipita en la oficina de la izquierda, al fondo, llevando el documento que traía Remigio y desaparece. Todo se queda en silencio. Por unos segundos. Y luego por otros más. Así hasta un minuto. Y luego otro. Creo que ya lo van pillando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sale Diana y se dirige a Remigio, con cara circunspecta, que aquí quiere decir “te va a caer una gorda”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― A ver, déjeme ver, ¿cómo se llama usted? ― pregunta Diana algo sofocada.&lt;br /&gt;― Soy Remigio, de la planta tercera. Es que he encontrado estos papeles entre los míos. Pienso que se ha traspapelado y…&lt;br /&gt;― A ver, sígame ―. Pobre Remigio. Esta chica no te va a dejar terminar un frase entera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos se dirigen a la oficina del jefe. Recuerdan a un alguacil seguido por el reo de muerte camino del patíbulo.&lt;br /&gt;― ¿Señor Castalia? ― interrumpe Diana. ― Aquí le traigo al empleado que ha traído el proyecto. Se llama Remigio.&lt;br /&gt;Diana mira a Remigio. En la mirada se puede leer “pobrecito”. Se retira y Remigio puede ver cómo se vuelve a incorporar a su mesa de recepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Remigio, verdad? ― Una voz inquisitiva despierta a Remigio de su impavidez.&lt;br /&gt;― Sí. Sí, soy yo Remigio ―. Torpemente acerca la mano para estrecharla con su interlocutor, pero este no la recibe. Remigio se la guarda en un bolsillo.&lt;br /&gt;― Vamos a ver. Esto que trae usted aquí es muy importante para la empresa.&lt;br /&gt;― Sí, señor sí.&lt;br /&gt;― ¿Sí, señor? ¿Es que usted conoce algo de lo que se cuenta en este documento?&lt;br /&gt;Remigio se pone colorado cuando le miran.&lt;br /&gt;― No, quiero decir, bueno… en principio parece importante, pero no lo he leído.&lt;br /&gt;― ¡Ni falta que hace! Espere aquí un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Néstor Castalia sale del despacho por una puerta distinta a la empleada por Remigio y Diana. Esta vez sí que se acabó todo. Va directamente a hablar con el Gran Manitú y es tu fin. Te van acusar de espionaje industrial, de perjudicar a la empresa, del hundimiento del Titánic. ¿Cómo vas a salir de esta, muchacho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del sudor pasa a los temblores en las extremidades. Y Remigio, que se conoce sabe que eso no es el final. Después viene el colon irritable. Si la tensión le produce sudores y el miedo temblores, el miedo extremo produce catástrofes. ¡Ay, madre mía!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Remigio, pase al despacho del Señor Director.&lt;br /&gt;La voz de Néstor casi le produce un infarto a Remigio. Y si no, otra cosa. Hay gente que dice que los problemas de gases se pueden confundir con un problema cardiaco agudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio pasa al despacho contiguo. Eloy Mequinenza, director de la compañía VN S.A. Eso es lo que se lee en la plaquita que sirve de preámbulo a la bronca del jefe. Tiene cara de pocos amigos. Y mira que es raro que la gente de dinero (pero de dinero de verdad) tenga pocos amigos. Los necesitó para llegar donde está y se le pegan cuando se siente generoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, la verdad, no parece muy generoso. Sin lugar a dudas está preocupado. Y mosqueado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Señor Mequinenza, este es Remigio, el empleado que ha encontrado el documento, según dice, traspapelado ―. Néstor Castalia toma asiento. El único que queda de pie ahora e Remigio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Vamos por partes ― Eloy Mequinenza da por abierta la causa. ― ¿Cómo es posible que este documento importantísimo para la empresa se encuentre en su mesa, así, como el que no quiere la cosa, por casualidad?&lt;br /&gt;― En principio ― Remigio habla titubeante, nervioso, pero con la tensión justa para poder defenderse e improvisar ― no creo que se haya dado cuenta nadie de que estos papeles han llegado a mi sección, señor. Todo se filtra desde el servicio de correo interno hasta llegar a la segunda planta, señor.&lt;br /&gt;― En cualquier caso, hay una cosa clara ― interrumpe Néstor Castalia para dar más leña al fuego, si cabe. ― No creo que este documento haya pasado por la segunda planta sin haber sido leído. Mire usted cómo está de usado. ¿Está seguro, después de ver la prueba, de que nadie lo ha leído?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio recuerda el incidente en el baño de señoras. ¿Cómo explicar todo sin caer en un nuevo problema? Mejor será no decir nada del asunto y dejarlo como que se ha estropeado en el envío interno y que piensen lo que quieran. ¡Muy bien jugado, Remigio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― No lo sé, señor. En principio, nadie tiene por qué rebuscar en los documentos que yo archivo, señor. Es probable que el documento viniese así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay, Remigio, que has metido la pata!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Es probable o estaba así desde el principio ― Eloy Mequinenza ha estado ahí hábil y te ha cazado, Remigio. ― Además, ¿cómo explica que esté mojado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No me digas, Remigio, que se había empapado? ¡Qué cochinada! ¡Eres un desastre, hombre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio se ha quedado sin argumentos. Su cuerpo ha pasado a la fase tres. Estamos a punto de abrir las compuertas traseras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Bien, ― Eloy Mequinenza rompe el silencio. ― Vamos por partes. Si lo que parece es que estos documentos se han traspapelado, usted no tiene ninguna culpa de nada y puede irse a seguir con su tarea. No obstante, como dudamos de la verosimilitud de su versión, principalmente por el estado del mismo, considero que debemos abrir una investigación interna. Remigio, está usted bajo aviso y como sospechoso de cualquier mal uso que se haya hecho de esta información confidencial. Vuelva a su puesto.&lt;br /&gt;― Gracias, señor. ― Remigio dice condescendientemente. ¡Qué lástima tener que sufrir las consecuencias de algo en lo que nos has tenido arte ni parte! Y es que el mundo está lleno de injusticias, Remigio, y esta te ha tocado a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio sale del despacho, aliviado por no haber sufrido un castigo inmediato, pero seguro de que los problemas le van a crecer más que el pelo. Pero ahora hay un problema acuciante al que hay que poner remedio inmediato. ¡Hay que buscar un baño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio ha salido solo. Y en el pasillo no está Diana, para pedirle permiso para usar los urinarios de los jefes. No hay remedio, hay que aventurarse en los más vetados entresijos de la empresa, sólo actos para iniciados. ¡Pero es que la naturaleza no puede esperar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí están los servicios de la tercera planta. Remigio entra rápido con una cadencia que va acelerándose desde el Allegro moderato hasta el presto e con fuoco. Casi no le da tiempo a quitarse los pantalones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa no va rápida, como él desearía. Es la segunda vez en menos de una hora que usa los sanitarios y poco hay allí. Está muy nervioso, por si le pillan. Escucha la puerta del despacho del jefe y le parece que alguien ha salido. Pasa el rato y no se oye ningún ruido. Pensándolo bien, es probable que Diana haya bajado a tomar el café. Está solo. No va a haber enemigo a la vista cuando salga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Que te crees tú eso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Remigio sale camino del ascensor, oye los pasos firmes del taconeo que ya conoce. Aquella mujer tan atractiva que casi le pilla en el baño de señoras de la segunda planta se dirige hacia él. ¡Corre Remigio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin pensarlo dos veces abre una puerta de lo que él piensa que es un despacho y se encierra. Pero no, hoy no le sale nada bien. ¡Se ha metido en el cuarto de los trastos de limpieza! Para mayor desgracia, parece que no hay posibilidad de abrir la puerta desde dentro. ¡Te has quedado atrapado, Remigio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira por la cerradura (una de esas antiguas que se puede ver todo a través de ellas) y ve cómo la mujer estupenda que se había encontrado en el baño de señoras se arrima sugerentemente a su jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Hola, Eloy ―. La voz es tremenda. Ni Matahari pondría ese tono tan sensual. ― He venido a verte.&lt;br /&gt;― Ya veo, ya ―. El jefe, tan inflexible como aparentaba ante Remigio, temblaba como un junco en presencia de esta mujer misteriosa. ― ¿Qué quieres, Margarita?&lt;br /&gt;― Margot, ya sabes cómo tienes que llamarme.&lt;br /&gt;― Sí, sí. Vamos por partes ―. Parece mentira. ¡Vaya calzonazos que está hecho el jefe!&lt;br /&gt;― He venido hoy porque a nuestra empresa le está dando la impresión de que VN no está cumpliendo con los plazos previstos. Sería necesario una revisión del contrato, por inclumplimiento, ya sabes. Si no podéis hacer lo que se os ha encargado, será necesario que nos marchemos a otro sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Margarita, Margot, como dice ella, la chica tía buenísima de muslos algo gruesos y minifalda de escándalo se acercó más aún al jefe. Eloy estaba como un tomate ― rojo y exprimido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Vamos a mi despacho, rápido! ― su tono se suaviza de golpe. Teme que Margarita se enfade. ― por favor.&lt;br /&gt;― Bien, estoy de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Margarita juguetea con sus dedos sobre el pecho de Eloy y cuando alcanza la corbata la usa a modo de erótica correa para perrillos falderos. Se puede ver cómo babea el jefe. ¡Esto sí que son armas de seducción!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, qué cosas, ¿no?... ¡Anda, si se me ha olvidado Remigio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio ha visto toda la escena. También está rojo como un tomate. Pero, ¿por qué? ¡Ah! ¡Ya sé! Te hace tilín esa chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, ahora no es el momento de preocuparnos por eso. Hay que recapitular el punto en el que nos encontramos. Remigio ha evitado ser descubierto en el baño de los gerifaltes y se ha metido, sin comerlo ni beberlo en el cuarto de las escobas, del que no puede salir, porque sólo tiene cierre exterior. ¿Qué hacemos, muchacho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio inspecciona la cerradura. Sólo le separa un picaporte de la libertad así que si pudiera meter algo entre el marco de la puerta y la cerradura, podría forzarla para que se abriera. Pero, ¿qué podría ser?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento saca Remigio de su bolsillo un euro. ¡El euro que te encontraste esta mañana a la entrada de la empresa! ¡Muy bien pensado, Remigio! ¡Eres un crack!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trasteando con la moneda un ratillo, la puerta hace clic y se deja abrir. Sigue sin haber nadie en los pasillos. Mejor, aunque seguro que algún pensamiento se le ha escapado imaginando qué estan haciendo su jefe y aquella chica en el despacho. No había tiempo para fisgonear. Si la curiosidad mató al gato, a Remigio le podían poner en la Luna de un puntapié.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con paso sigiloso, como de dibujo animado, Remigio se aproxima al ascensor, recorriendo el ahora pasillo silencioso. Pulsa en el botón y al segundo se enciende la luz. ¡Ya viene! ¡Rápido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se abren las puertas y en ese momento se abre la del despacho del jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Espere!&lt;br /&gt;Es la voz de la chica del baño de señoras, Margarita. Remigio casi sufre un infarto fulminante. No gira la cabeza, sólo la atisba por el rabillo del ojo. Instintivamente pulsa en el botón para mantener las puertas abiertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Gracias! Es usted muy amable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Espera Remigio, tranquilo! Esta chica no te ha visto nunca. Tú sí, pero ella no ha tenido oportunidad. ¡Qué suerte, macho!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio está tan tenso, tan nervioso que no acierta a articular palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Yo voy al garaje, ¿y usted? ― pregunta Margarita.&lt;br /&gt;―S,s,sí ―. Remigio no puede dar más de sí y prefiere acompañarla a concretar a la chica dónde va, que es más largo de decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ascensor desciende a una velocidad normal, pero a Remigio se le hace eterno. Si hubiera podido, se hubiera leído un par de veces el Quijote en el trayecto. Lo que pasa es que con una chica tan atractiva, es difícil no mirar y Remigio le hace un breve repaso, ya sea por timidez ya sea por el susto que lleva encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento se da cuenta; ¡lleva la carpetilla del Proyecto Cartago, la que él había destrozado! ¿Cómo es posible?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ding, dong.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Bueno, hasta luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Margarita sale del ascensor. Están en la planta sótano, donde el garaje. Tiene un andar que quita el hipo. ¡Uy, perdón! ¡Qué estaría yo mirando, digo, en qué estaría yo pensando!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio está sorprendidísimo (y emocionadísimo, ¿para qué negarlo?) ¡Esto era un misterio de los de película de espías! No se había llevado (aún) la bronca del jefe y todo le había ido bien al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acertó a dar al botón de la segunda planta, con una sonrisilla en la boca y… pasó lo que tenía que pasar. Tanto tiempo con problemas de colon irritable y tanta tensión que, cuando se relaja por fin, se escapan las cosas. Apenas fue audible, pero el gas iba cargado como los cañones de Navarone. ¡Menudo regalito les ibas a dejar a los que cogieran el ascensor después de ti!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, no importa. Ya estas en la segunda planta. Estás tan obnubilado que ni te percatas de la cara de espanto que se les pone a los que entran en el ascensor. Alguno no se reprime y se tapa automáticamente la nariz o se abanica desaforadamente. ¡A ti te da igual! ¡Te has enamorado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una cosa que te ronda la cabeza: ¿por qué llevaba los documentos esa chica?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-6130370947322615236?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/6130370947322615236/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=6130370947322615236&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/6130370947322615236'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/6130370947322615236'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/04/diez-de-abril-de-2008.html' title='Diez de abril de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/SAzV88rQAmI/AAAAAAAAAM0/waQh-YKl-T0/s72-c/Remigio+inaugura.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-633500906719592765</id><published>2008-04-05T00:08:00.002+02:00</published><updated>2008-04-05T00:12:41.159+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='19 La inmortalidad del cangrejo'/><title type='text'>Tres de abril de 2008</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R_anSF3VYnI/AAAAAAAAAH4/lqnJ77TS9BE/s1600-h/Tint%C3%ADn+triste.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5185515950217454194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R_anSF3VYnI/AAAAAAAAAH4/lqnJ77TS9BE/s320/Tint%C3%ADn+triste.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La inmortalidad del cangrejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;¡Qué curiosa la manera de andar del cangrejo! Todo el mundo dice que caminan para atrás, pero no es cierto. Caminan de lado, por precaución. Porque caminar hacia atrás es aventurarse en el peligroso terreno del pasado. Siempre es mejor revisarlo desde la distancia y con la mayor perspectiva posible. La cercanía quema, sobretodo si ha sido mejor que lo que tenemos ahora que vivir. Eso pensaba Tintín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una gabardina clara, abrochada hasta el cuello, Tintín se encontraba sentado en un banco de un muelle del puerto. Su casa no quedaba lejos, así que podía acercarse sin demasiado esfuerzo. Los años le habían mermado hasta el punto de hacer de él un hombre menudo, más aún si cabe de lo que había sido en su juventud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su camino siempre le llevaba a mirar el mar y los barcos. Sobretodo los barcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordaba la primera vez que vio el Karaboudjan, el Barco del Capitán. Milú – mi pobre Milú, como el solía decir – metió por casualidad su hocico en una lata de conservas de cangrejo que en realidad era el medio empleado por unos narcotraficantes para transportar opio. Ahora no quedaba nada de eso. Milú y el capitán Haddock hacía décadas que habían muerto. Y el profesor Tornasol. Y Bianca Castafiore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no. Tintín era muy joven cuando conoció a todos esos amigos. Sólo sobrevivía Chang, que había decidido abandonar su país, China, para venir a cuidar de su viejo amigo. Tampoco había muerto Hernández. Tras la muerte de su hermano había decidido jubilarse y retirarse a la campiña. Era un lugar bonito para acabar. Allí no tenía que hablar con nadie ni echar de menos a su hermano cuando completaba sus comentarios con aquel entrañable “Yo aún diría más”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasado tenía esa propiedad tan dolorosa como las pinzas del cangrejo. Una vez que te pinzaba y agarraba, el dolor es agudo y el cangrejo se aferra con todas sus fuerzas. Así es la memoria traicionera en la que lo pasado es mejor y su ausencia amarga. La memoria nos coge como el cangrejo. Mordaz, traicionera e imposible despojarse de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tintín estuvo a punto de morir en numerosas ocasiones. Cuando era muy joven estuvo ante un pelotón de fusilamiento no menos de cinco veces. O seis. No se acordaba. Pero lo añoraba. Siempre es mejor eso que el abandono progresivo de la vejez. Tintín era aquel muchacho de pantalones bombachos, flequillo respingón y aguerrido carácter. Pero eso fue así sólo una década.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque cuando decidió retirarse de la vida emocionante estaba contento y se dedicó a escribir sus memorias, a clarificar sus ideas y a dar un cuerpo definitivo a su biografía, la tranquilidad le abrumó. Decidió viajar por el mundo, ya sin la compañía de su fiel Milú y sin el capitán, que cayó enfermo. Demasiados años de adicción al alcohol pasaron factura a su hígado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó de inmediato cuando se enteró que el cáncer era virulento y que a Haddock sólo le quedaban unos meses de vida. Después la depresión. Nunca había sufrido la pérdida de un amigo. Siempre salían airosos de cualquier aventura, incluso cuando los incas les condenaron a morir. Tuvo la sangre fría de no decir ni pío de cómo iba a evitar la muerte mientras el capitán se destrozaba por dentro de los nervios que tenía. Años después, Tintín reconoció en la séptima edición de sus memorias que por aquella época era un inconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco le deparaba el resto de su vida. Diez años de aventuras maravillosas y después nada. Tras cinco años de depresión intermitente, volvió al periodismo. Primero noticias locales y luego nacionales. Pero no fue capaz de abandonar Bélgica. Ni siquiera visitó Sildavia, donde conservaba a muchos buenos amigos. El monarca había abdicado a favor de su hijo, otro Ottokar. Aunque sería bien recibido, ya nada sería lo mismo. No visitaría el país como un aventurero capaz de jugarse la vida por un país que apenas conocía ni partiría rumbo a la Luna una segunda vez. Sería la memoria, la sombra de aquel periodista arriesgado. ¿Para qué volver?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las latas de cangrejo eran algo común y nunca contenían nada que no fuese carne de cangrejo. Lo mismo pasaba con la vida de Tintín. Nada en ella salía de lo común. ¿Cuál es la gracia de abrir una conserva y no encontrar en ella la aventura? Todo el mundo habría la lata para comer. Tintín la habría como el que abre un cofre del tesoro. Con la promesa de una futura aventura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada se le perdió cuando dio con el lugar exacto donde le arrojaron un enorme palé de mercancías para matarle. Subían algo al Karaboudjan y los narcotraficantes aprovecharon para quitárselo de encima. Aún no era un periodista notorio. O quizá sí, pero no fuera de las fronteras de su país. Pero los criminales le temían. Porque ellos sí que corrían el riesgo de morir. Eran otros tiempos. A nadie le importaba que un malhechor perdiese la vida, sobretodo si había sido malo con un perrito como Milú. ¡Qué canallas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tintín dedicó no menos de doce años a las noticias locales. Sin su perro y sin acompañante, no fue capaz de contar nada de valor a los lectores. Así que decidió vivir de su vida, de aquellos diez maravillosos años. Y la fama volvió a llamar a su puerta. Algún criminal intentó atentar contra su vida, pero pasó lo de siempre. Se libró por los pelos y sus enemigos, como siempre, terminaron en la cárcel. O muertos. No había perdido su toque de suerte, pero sí su arranque explorador y aventurero. Era una pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún faltaba media hora para que Chang viniera a recogerle. Le quedaba tiempo para divagar a su antojo. Recordó cómo Milú dio con la pista de las latas de cangrejo y cómo termino dando con aquel borrachín de capitán. Nadie pudo entender nunca su relación con él. Hubo malas lenguas que les acusaron de homosexualidad. Pero no era cierto. La principal razón es que en lo más profundo de su ser eran almas gemelas, dispuestas a arriesgarlo todo por un amigo y por vivir aventuras lo más peligrosas posibles. Ser un aventurero solitario estaba bien, pero no era tan bueno como cuando compartía la experiencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si se podía acusar a Haddock y Tintín de algo era de ser adictos al riesgo. Pero no al riesgo por el riesgo. Para ellos era necesario una causa, por muy peregrina que pareciese. Se subieron a un cohete sólo porque un amigo se lo pidió. Recorrieron países en los que su vida corría peligro sólo por rescatar a un amigo. Todo por un amigo. Y todo el mundo es amigo de Tintín. Todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tintín se levantó. Sus recuerdos traspasaron la barrera de la realidad y en un instante se volvió a ver acompañado de Milú. Sus canas habían desaparecido y las arrugas alisado. Caminó hacia el malecón, donde rompía el mar con fuerza. Miró a Milú y le dijo “vamos, Milú, nos esperan”. Subió antes que su perro. Las olas rompían con intensidad creciente. Una última y definitiva ola se lo llevó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abajo Milú olisqueaba una bolsa de basura. En ella, el tesoro. Una lata de cangrejo de las pinzas de oro. Y Milú volvió a meter el hocico en una lata, justo antes de desaparecer para siempre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-633500906719592765?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/633500906719592765/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=633500906719592765&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/633500906719592765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/633500906719592765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/04/tres-de-abril-de-2008.html' title='Tres de abril de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R_anSF3VYnI/AAAAAAAAAH4/lqnJ77TS9BE/s72-c/Tint%C3%ADn+triste.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-2359040224316319637</id><published>2008-03-27T23:01:00.007+01:00</published><updated>2008-04-21T19:55:51.895+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='18 Pero ¿quién es Remigio?'/><title type='text'>Veinte de marzo de 2008</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R-wZ4l3VYWI/AAAAAAAAAF0/d_Ni44Rg0cA/s1600-h/Jacques+Villeret.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182545731224166754" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R-wZ4l3VYWI/AAAAAAAAAF0/d_Ni44Rg0cA/s320/Jacques+Villeret.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pero, ¿quién es Remigio?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¿Que quién es Remigio? Pues Remigio es un hombrecillo de cuarenta y tantos, de formas redonditas, aunque no gordo, todavía. Le pusieron Remigio como a su abuelo, también Remigio. Vive en un bajo de poquitos metros cuadrados. Le gustaría tener una casa más grande, pero su sueldo no se lo permite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no se lo permite porque él es muy torpe con eso de la informática. Su mesa de trabajo está llenita de papeles que no van a ningún lado. Cuando quisieron adaptar a los tiempos modernos a la empresa de naderías en la que trabaja, hicieron unos cursillos para que todos los empleados aprendieran a manejarse con el ordenador. El pobre coordinador del proyecto esperaba dar cursillos de ofimática, programación y páginas web, pero lo primero que se encontró es con el problema más grande jamás soñado por un informático. No fue Remigio, pero casi, el que preguntó “¿Y cómo se enciende esto?”. Desde ahí todo cuesta arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio no es tonto, así que descubrió por sí mismo cómo se arranca el bicho ese y supo cómo se escribía la contraseña para entrar. Pero nada más. No es que tenga fobia a los ratones, pero ese artilugio extraño que tiene forma de pastilla de jabón, pero los ingleses, que son muy cultos ellos, lo llaman “Mouse” y nosotros, que carecemos de originalidad, lo tradujimos. Y por eso todos los días recibimos en el Mail un montón de fotitos graciosillas con el ratón en mil y un situaciones jocosas del tipo “ratón de ordenador perseguido por gato”; “ratón de ordenador sobre queso de agujeritos”; “ratón de ordenador con orejitas”. Una vez más se demuestra lo malo que es hacer trabajar a la gente en horarios obligatorios y no darles suficiente tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, volvamos a Remigio y sus líos informáticos. El hombre no era capaz de manejarse con el ratón (imaginemos por un instante cómo sería el mundo si llamásemos pastilla de jabón a ese accesorio), ni darle “clic al botón izquierdo” y ya no te digo darle “clic” al derecho. Así que, como vieron que no tenía futuro aquello, le devolvieron a su mesa atiborrada de papeles. Y lo curioso es que no sólo los jóvenes supieron aprender a manejarse con los ordenadores. También los mayores del lugar, incluido aquel que no supo cómo encenderlo. ¡Pobre Remigio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que sobraba, para Remigio, porque los papeles no dejaron de aparecer, por mucho que aquel buen señor, aquel coordinador quiso eliminar para siempre. No señor. Remigio tenía tarea, aunque a nadie le importa lo que hace. Él se limita a hacer lo que le mandan. Otra cosa es que alguien se preocupe de supervisarlo y otra muy distinta que alguien lo valore. Así que Remigio termina su jornada a la seis y se va para casa. Solito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio llega a casa y se desviste. Deja su raído trajecito de medio marca medio nisu y se sienta en el sofá. Unas revistillas anticuadas cubren la mesita que tiene delante de él. Hay un viejo número de dominical, que casi no ha leído y un prospecto de supermercado. Siempre mira lo que le ofrecen las ofertas, pero cuando llega a la tienda, se le ha olvidado aquello para lo que fue. Pero no se crean ustedes que Remigio es un desastre. Ni mucho menos. A hacer los sudokus no le gana nadie. Bueno, sí, pero los profesionales no cuentan. Digo los que hacen pasatiempos por pasar el tiempo, por matar el rato. A perder el tiempo no le gana nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enciende la luz y coge un libro. Las aventuras del Barón de Muchhausen. A Remigio le gustaría vivir aventuras, pero no sabe cómo. Ni siquiera tiene talento para ser un Tartarín de Tarascón. Le da mucha vergüenza hacerse notar. Así que no cuenta ni lo que le pasa de verdad, no sea que sus compañeros de trabajo crean que está faroleando. Dejemos ahora que nuestro protagonista lea tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una horita, se levanta del asiento y se dirige a la cocina. Saca un poco de queso, embutido, paté, yogurt y fruta (una manzana, ¡qué tentador!) y lo pone todo en una bandejita. Para beber agua y como complemento fashion, una servilleta, por si se mancha. Se pone delante de la televisión y ve las noticias. Cuando termina, se queda viendo un programilla de entretenimiento. Hoy toca canciones del año pum. Es un bodrio que pocos verán, pero que a Remigio le entretiene. El programa no ha terminado, pero le entra sueño y se prepara para acostarse. Un cepillado rápido, de esos que parece que haces algo pero no, se pone el pijama y a la cama. Al ratillo está dormido y ronca de maravilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las siete. Suena el despertador. El ruido es infernal, pero no puede acallarlo si antes no se levanta. Y es que el despertador está lejos de la cama, a los pies de Remigio. Es un truquillo que tuvo que hacer, porque si apagaba el despertador y seguía en la cama se quedaba otra vez dormido. Ya llegó varias veces tarde a la oficina por esa razón y la excusa de que tenía el vientre revuelto no le valía para toda la vida. Así que ya tenemos a nuestro héroe levantado. Lleva los cabellos alborotados y el pijama de color (que no las medias). Ahora, que ya hemos intimado un poquito con él, diré que Remigio tiene el cabello rizado. El poco cabello que le queda, porque es calvo, lo que da un toque de redondez a su cabeza. Se va directo al baño y orina ruidosamente. Después de la micción sigue ahí con sus genitales al aire y bostezando, porque, por alguna razón, le relaja mucho rascarlos tranquilamente. Algunas veces durante cinco minutos y, claro, así llega tarde al trabajo. Seguro que el que se inventó el refrán de “rascarse los huevos” tenía a Remigio, o a alguien como él, como modelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio se lava la cara (como los gatos) y se viste con la ropita que preparó el día anterior (no me había acordado de mencionarlo, pero es que uno no puede estar en todo) y se pone todo, aún a riesgo de mancharse con el desayuno. Pasa a la cocina y se toma un vaso de leche con unos bollitos de leche que están estupendos. Y es que Remigio es un goloso. La prueba de su afición la lleva en sus michelines. Vean si no lo lustrosos que los tiene. Si es que son idénticos a su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toma las de Villadiego y se dirige al metro. Había olvidado mencionar que Remigio no conduce. La verdad es que no lo ha intentado. Bueno, sí. Una vez estuvo en una academia y se sacó el teórico. El chico no es tonto. Pero cuando cogió el coche por primera vez en las clases prácticas la cosa fue como con el ordenador. Hasta tal punto que no se presentó al examen. El profesor de autoescuela se negó a seguir dándole clases. ¡Es que era un peligro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Remigio coge el metro y aguanta estoicamente el trayecto que hace, como siempre, sin sentarse. Lo único que le alegra el trayecto es uno de esos periodiquillos gratuitos que le dan en la boca del metro. Lo lee con avidez y llega a su oficina tras una hora de rascados furtivos, bostezos abiertos al concurso del personal y miradas aviesas a las mujeres que van con él. Porque a Remigio siempre le han gustado las mujeres con muslos gorditos. Su tipo, si es que alguna vez consigue que alguien sea su tipo, claro está, es el de una mujer como él, pero con muslo gruesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay, Remigio, qué soñador que eres!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;P.D. El personaje en el que me inspirado para crear a Remigio es François Pignon en &lt;em&gt;Le Dîner de Cons,&lt;/em&gt; interpretado magistralmente por el actor Jacques Villeret. Espero no ofender a nadie. Además, Remigio será un héroe. Lo prometo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-2359040224316319637?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/2359040224316319637/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=2359040224316319637&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/2359040224316319637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/2359040224316319637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/veinte-de-marzo-de-2008.html' title='Veinte de marzo de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R-wZ4l3VYWI/AAAAAAAAAF0/d_Ni44Rg0cA/s72-c/Jacques+Villeret.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-4899196516305669706</id><published>2008-03-18T23:52:00.002+01:00</published><updated>2008-03-18T23:55:24.809+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='17 Enemigos a la hora de la siesta'/><title type='text'>Trece de marzo de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R-BIETAL5YI/AAAAAAAAAC4/epwMte7wwdA/s1600-h/Ni%C3%B1o+y+elefante.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5179218810133800322" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R-BIETAL5YI/AAAAAAAAAC4/epwMte7wwdA/s320/Ni%C3%B1o+y+elefante.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Enemigos a la hora de la siesta.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanece la tarde a la hora del café. Aniceto e Hilario se encuentran frente a frente, sentados en la mesa de la ventana. El sopor del sol estival se cuela por entre los visillos de punto dando un aspecto irreal a la escena. Ambos hombres embutidos en sus trajes raídos, parecen ignorar el calor del momento. Chaleco embotonado debajo de la chaqueta gruesa. A ambos lados de la ventana de madera hay unas alacenas cargadas de utensilios de cocina, vajillas y cacharros diversos. Sobre la mesa, más paño de ganchillo. Pero nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Hilario, ¿se ha traído la llave del granero? — dijo Aniceto. — No tengo mucha gana, pero creo que después le echaré un rato a arreglar la bisagra de la puerta.&lt;br /&gt;— Sí, la tengo. — Aniceto rebuscó en el bolsillo de su levita y encontró la llave requerida.&lt;br /&gt;Una llave pequeña para un portón tan enorme. Pero no era necesario que aquella llavecilla abriese las puertas del Cielo. Bastaba con ser útil y transportable. Por eso la pusieron. La antigua pesaba un quintal y abultaba dos.&lt;br /&gt;— La de ratos que pasé allí con la Remi, hablando de lo divino y lo humano. Ahora da asco ir por allí. — Hilario sacó el papel de fumar y el paquete de tabaco. Cogió un puñado y lo depositó sobre el papel, al que dio forma cilíndrica y se lo llevó a la boca para pasarle la lengua. Con el cigarrillo recién liado dibujó en el aire un cuadrado.&lt;br /&gt;— Los campos tampoco están demasiado bien — prosiguió. — Estamos muy mayores para llevarlos al día y los jornaleros son más vagos que la chaqueta de un guardia.&lt;br /&gt;Aniceto le miró y asintió con comprensión. Era algo que venía siendo habitual en él desde hacía mucho tiempo. Si no tenía nada que decir, consentía en darle la razón a Hilario, a la espera de que la conversación se terciase más interesante o de que callase por un rato.&lt;br /&gt;— Pues la Remi — dijo Aniceto tras un rato de silencio — era poco dada a ir con gente ella sola, que lo sé yo. ¿Cuánto hace que murió?&lt;br /&gt;— Dos años — respondió Hilario. — Pero no estoy de acuerdo con usted. Era de difícil arranque, pero una vez tomada la confianza, se echaba al monte y a lo que hiciera falta.&lt;br /&gt;— Lo que le pasaba — interrumpió Aniceto — era que de joven, como todos, adolecía de la imprudencia de las muchachas. Era muy chica. También estuvo conmigo en la montaña y cuando se echó a llover y cayó un rayo a nuestro lado, ¡cómo se me agarraba! Era muy miedosa.&lt;br /&gt;— Sí, me acuerdo de aquella tarde. — Hilario miraba pensativo a su contertulio. Padre le esperaba a usted en el chamizo de la finca, a cubierto, cuando los vio llegar. Nunca supe lo que pensaba. Estaba tan rígido y su semblante era infranqueable. Pero para mí que no lo aprobaba.&lt;br /&gt;— ¿Y qué le iba a hacer yo? — Aniceto empezaba a sentirse nervioso. — La tormenta nos había pillado de improviso.&lt;br /&gt;— Ya. — Hilario sonó irónico. — ¡Menuda zapatiesta tuvo con usted! Si no fuésemos hermanos, usted y yo, hubiera pensado que le despedía. Pero sí tuve la sospecha de que le desheredaba a usted. Por fresco.&lt;br /&gt;— ¡Lo que le pasa a usted es que me tiene envidia por saber que la Remigia estuvo conmigo y no con usted! — Aniceto golpeó la mesa. — ¡Cómo te aprovechaste de que me llamaran a filas en la milicia! ¡Ahí me arrebataste a la Remi!&lt;br /&gt;— ¡Pues se equivoca! — Hilario enrojeció con la ira. — Estuve todo el tiempo con Padre en el campo. Lo que pasó es que ella se me arrejuntó.&lt;br /&gt;La tarde avanzaba y el sol no daba tan de lleno como antes. Habían pasado algunos minutos sin que ninguno profiriese palabra alguna. Hilario rompió el dilatado silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Aquel año no fue muy bueno. Acumulamos poca cosecha, pero nos apañamos. Los pequeños, a veces, demostramos más capacidad que los hermanos mayores para aguantar con la cruz que nos toca llevar. Y la Remi era muy libre de ir con quién quisiese. — Miró Hilario a su hermano, desafiante.&lt;br /&gt;— Y por eso siguió usted con los negocios de la familia. — Aniceto estaba inflamado de reproche. — Con el campo y con la Remi.&lt;br /&gt;— ¡Bueno, haya paz! — apaciguó Hilario. — De esto han pasado ya muchos años. Y al final, ninguno de los dos, ni usted ni yo, terminamos con la Remi. Es una disputa vieja que no lleva a nada más que al rencor.&lt;br /&gt;— Es cierto, — asintió Aniceto. — Ambos nos casamos con otras mujeres y la Remi se fue con Faustino. Los tres estamos ahora viudos y más viejos que Matusalén. Con el tiempo estancado como la charca de atrás, donde crecen los renacuajos.&lt;br /&gt;Ambos hombres guardaron silencio. Hilario dejó volar su imaginación. Siempre se sentía un niño cuado se encontraba ante su hermano mayor. Para él era como una fuerza de la naturaleza, un animal muy grande. Sí, un animal como un toro. No un animal más pacífico y grande. ¡Un elefante, sí! Y pocas veces como hoy había sentido su capacidad apaciguadora, su don para enfadar y calmarle en breves instantes.&lt;br /&gt;Aniceto también estaba ensimismado, pero con la mente en blanco. Se fijaba en los detalles de la alacena que tenía a un lado su hermano. Unas puntillas deterioradas demostraban que en aquella casa hubo una vez un toque femenino, algo del pasado y que ya no será como antes. Todos los objetos almacenados tenían polvo, salvo los platos y vasos, que eran de uso diario. Catalina, la hija de Eloy, venía a cocinarles un día de cada dos y a limpiarles una vez por semana. Pero no hacía muy bien su tarea. Como no había nadie más dispuesto a venir a hacerse cargo de dos viejos, se conformaban con lo que tenían.&lt;br /&gt;Sin quererlo, ambos hermanos cruzaron sus miradas. Por un leve instante sintieron cierta camaradería. Pero pronto se les apagó y se volvieron a ver como lo que eran. El niño y el elefante. La codicia de poseer más, de llevar las tierras y la casa lo mejor posible no valía. Había que ser más. Sino habrían fracasado, porque lo que querían era ya inalcanzable. Había que conformarse.&lt;br /&gt;Y esa obligación les hacía humildes. Aún siendo parcos en sus formas, a la hora de trabajar actuaban como si les poseyera un entusiasmo infinito. Todo quedaba atrás si había tarea que hacer. Incluso sus hijos, que hacía años se habían ido a la capital y que solo les visitaban en verano, si les apetecía.&lt;br /&gt;— Volviendo a lo de la Remi — dijo Aniceto — ¿pasó algo? Ya me entiende. Hubo algo.&lt;br /&gt;— ¡No joda con eso! — Hilario despertó del letargo. — ¡No es asunto suyo! ¡Qué ganas de revolcarse en la mierda! Eso es el pasado. Ya está todo podrido, como la fruta pasada.&lt;br /&gt;— Le voy a contar algo que no había dicho a nadie. — Aniceto habló con gesto grave. — Cuando llevaba siete años casada con la Tere me encontré con la Remi en el bosque. Iba allí para cazar y me cogió a mí. Se me acercó y me dijo que estaba harta de Faustino, que su vida era una mierda y que me echaba de menos. Que ningún otro hombre la hizo sentir como yo. Pues eso, eso me dijo.&lt;br /&gt;— ¡Vaya! — Hilario no pudo decir más. Se quedó contemplando a su hermano. No daba crédito a lo que Aniceto había dicho, pero sabía que era verdad. Conocía el lenguaje corporal de su hermano mayor y daba por hecho que no le mentía. Sólo le ofendía que no hubiera decidido acudir a él. La había amado, en todos los sentidos, y no podía concebir ser un mal amante. Le dolía más ser uno de los “otros hombres” que el hecho de que su hermano fuese el elegido. Era un insulto.&lt;br /&gt;— ¿Se acuerda usted de cuando le picó aquella serpiente a Padre? — Hilario cambió de tema. No podía seguir con la situación que estaba sobre la mesa. Lo mejor era la huída hacia delante.&lt;br /&gt;— Sí, fue la mejor época. — Sonrió Aniceto. — Padre estaba en la cama, recuperándose de aquellos dolores que le provocaba el veneno. Y nosotros trabajábamos sin la obligación de hacer todo lo que nos mandaba Padre. La casa se llevaba bien sin tener que ir por la vida como nos obligaba a hacerlo día a día. Fueron un lujo de días. Es cierto.&lt;br /&gt;— ¡Vaya, no me lo había dicho usted antes! — Hilario dejó escapar una risita hilarante. — Parece como si me estuviera dando todas las confidencias de su vida. Nadie se desnuda así a no ser que se vea en las últimas.&lt;br /&gt;— Padre nos hizo mucho daño. — Aniceto apretó los dientes y frunció el ceño. La rabia salió por fin en esa tarde. — Nos jodió bien la vida. Algo pudimos hacer con la Tere y la Concha. Y nuestros hijos. Pero por lo demás, uno de los dos tendría que haber sido feliz con la Remi. Y Padre nos lo impidió. Volvamos a Remi. Siempre que podamos.&lt;br /&gt;— ¡Pero ya está muerta! — dijo con enojo Hilario. — ¿Qué más da lo que pudo ser si no hubo posibilidad de llevarlo a cabo? Sigamos viviendo en nuestra inocencia, si queda algo de ella. ¡Es pestilente, indecente, regodearse como usted en el pasado!&lt;br /&gt;Esta vez, Hilario sintió el poder de su hermano sobre él. Siempre que Aniceto quería, se tenía a su merced. Esa era la fuerza cierta de su hermano mayor. Le agarraba con sus fauces y sólo quedaba la posibilidad de apencar, de tragar con lo que su hermano de proveía. Había que joderse.&lt;br /&gt;Hilario se sentía fatal, derrotado. Como si se hubiera hundido en la charca de los renacuajos.&lt;br /&gt;— Bueno, me voy, — Aniceto se levanto. — Déme la llave que voy al granero. — Hilario le dio la llave — Esa puerta no puede esperar más. Nos van a robar si no hacemos algo. Hasta luego.&lt;br /&gt;Aniceto salió de la habitación e Hilario le siguió con la mirada. Se sentía abatido, como si se hundiese en el mar. Se sentía atrapado en sus sentimientos. Es verdad que Padre había sido cruel y tiránico.&lt;br /&gt;Aniceto, por el contrario. Se sentía feliz, al menos tranquilo. Había dicho lo que pensaba, lo que le rondaba desde hacía años. Se sentía radiante, como un pavo real. Le llamaron. Miró atrás y vio a su hermano que venía tras de él corriendo. Los sentimientos estaban a flor de piel. Ambos sentían la influencia que producían el uno en el otro.&lt;br /&gt;La vida ya no les podía deparar nada nuevo, pero tendrían la constancia de perseverar. Serían hermanos y enemigos al tiempo. La constancia de convivir les llevaba adelante. Darían un paseo, como siempre. Pero tras arreglar la puerta. Serían como el viento cálido de agosto, sobre la cara de un niño que monta a lomos de un elefante, sabiendo que él dirige, pero el que anda es el paquidermo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-4899196516305669706?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/4899196516305669706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=4899196516305669706&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/4899196516305669706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/4899196516305669706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/trece-de-marzo-de-2008.html' title='Trece de marzo de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R-BIETAL5YI/AAAAAAAAAC4/epwMte7wwdA/s72-c/Ni%C3%B1o+y+elefante.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-76950854250593079</id><published>2008-03-16T13:12:00.005+01:00</published><updated>2008-05-04T15:36:23.037+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='03 El buitre leonado y el azor'/><title type='text'>Doce de noviembre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R90rLTAL5XI/AAAAAAAAACw/tUxJV5Gx41c/s1600-h/buitre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5178342619625547122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R90rLTAL5XI/AAAAAAAAACw/tUxJV5Gx41c/s320/buitre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R90PXzAL5WI/AAAAAAAAACo/DmD5lLg6_8M/s1600-h/buitre.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El buitre leonado y el azor.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras sobrevolaba la Sierra de Ayllón un buitre leonado que esperaba encontrar carroña con la que alimentarse, vio lanzarse a un azor contra un mirlo común a tal velocidad que la pequeña ave no tuvo oportunidad de zafarse de su adversario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sorprende lo gentil”, pensó el buitre “de un cazador tan minúsculo. Con mi categoría y mi tamaño, ¿qué presa se me resistiría si yo la persiguiese? Aún así no debo cazar, que es cosa de vasallos y yo, como ave noble que soy, sólo tengo que ir a los banquetes que me preparan otros y a los que acudo a mesa puesta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos trozos pudo el azor disfrutar de su mirlo tan justamente obtenido porque el buitre leonado se presentó amenazador y era tal su corpulencia que la pequeña ave rapaz se sintió intimidada abandonando su presa para que el carroñero la terminase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era tal el hambre del buitre y tan pequeño el calibre de las capturas que aunque siempre dejaba comer al cazador, había perdido los modales y se acercaba al azor antes de que la pequeña ave comiese. Por esta razón y por la falta de presas, el azor se debilitó tanto, que ya no podía salir a cazar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El buitre, tan pagado de si mismo, pensó que ya no necesitaba a ningún ave holgazana y que iba a cazar sus propias presas, porque “es cosa de gran señor dedicarse a la montería y la cetrería”. Así pues, trató de dar alcance a una liebre que vio correr entre los matorrales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le resultó imposible darle alcance, por la velocidad del roedor y por lo dificultoso del terreno donde se escondió, que desechó la presa y se lanzó contra un conejo, que también escapó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Bah”, se dijo. “Si un pájaro con menor porte y envergadura que yo puede conseguir una pieza pequeña, yo que soy un ave de más presencia y distinción debería, con práctica, cobrarme presas de mayor importancia.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas que un humilde mirlo se le cruzó en su vuelo de rastreo. Recordó el buitre la primera presa que le arrebató al azor. Supuso que esta pequeña pieza sí estaría a su alcance y se dispuso a atacarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los intentos fueron infructuosos, salvo en conseguir cansar a la gran rapaz. Y el mirlo, simplemente esquivando las acometidas del buitre, salió airoso del lance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan cansado y famélico se encontraba el buitre que se posó en una rama de una Sabina a descansar de tan fatigada jornada. Añoró los días en los que otros cazaban y él acababa con las piezas. Entonces pensó que la majestad que le correspondía en el reino animal no era nada sin otros más pequeños que le hicieran verdaderamente grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su atalaya vio al azor volver a retomar el vuelo y dar batida a una perdiz despistada. El buitre dejó comer en paz al azor y aguardó a que cazase de nuevo para acercársele respetuosamente y esperar su turno a la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Piense bien el señor de sus vasallos&lt;br /&gt;Y téngalos siempre en muy alta estima,&lt;br /&gt;Pues en ellos se apoya y legitima&lt;br /&gt;Si les rige con afecto y sin fallos.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-76950854250593079?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/76950854250593079/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=76950854250593079&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/76950854250593079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/76950854250593079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/doce-de-noviembre-de-2007.html' title='Doce de noviembre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R90rLTAL5XI/AAAAAAAAACw/tUxJV5Gx41c/s72-c/buitre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-2509677372848608545</id><published>2008-03-13T14:43:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:57:51.449+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='16 Firmado: vuestro padre y abuelo'/><title type='text'>Seis de marzo de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mhxzAL5GI/AAAAAAAAAAk/klz3GWR3VAw/s1600-h/Grandfather.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177347123515745378" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mhxzAL5GI/AAAAAAAAAAk/klz3GWR3VAw/s320/Grandfather.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Firmado: vuestro padre y abuelo.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querida hija:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como habrás comprobado, ya no estamos aquí. Nos hemos ido, así, como el que no quiere la cosa. Y es que no teníamos opción. O nos íbamos de hurtadillas o no nos ibais a dejar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu madre y yo hemos decidido hacer un crucero por el Mediterráneo, para descansar en nuestra más que merecida jubilación. Y es que nos hemos jubilado de todo; del trabajo y de vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya sabes con qué ilusión afrontamos la venida de nuestro nieto. Todo iba estupendamente. Tu marido, Mateo, nos parecía un tipo estupendo y siempre eran todo atenciones hacia nosotros. Estábamos encantados de ver cómo la vida os sonreía. Sobretodo cuando nos anunciaste que Guillermo estaba en camino. Nuestro primer nieto. No te puedes hacer a la idea de la alegría que nos diste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego empezaron las visitas al ginecólogo. Como tu marido no podía ir, me pediste que te acompañara. Y te acompañé. Todo el embarazo. Y tu madre también, que conste. Fuimos a todo. Incluso pagamos la ecografía esa que llaman de cuatro dimensiones, para que se viera a Guillermo así de guapetón incluso dentro del vientre de su madre. Todos los caprichos para nuestro futuro nietecito. ¡Qué menos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre medias, las clases del parto. Como tu marido no podía ir, que trabaja más que un ministro, pues allá que fuimos. Tu madre, que ya sabes que anda un poco flojilla, dejó en mí la responsabilidad de llevarte (primero había que ir a buscarte a casa, para que no tuvieses que ir en metro) y asistir contigo al cursillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hija, ¿qué quieres que te diga? A mí no me van esas cosas tan modernas. Yo no entré en el paritorio cuando naciste tú y cuando nació tu hermano. A mí no me parece que tuviera vela en aquel entierro (perdón por la expresión). Así que todos aquellos partos que vi por video, como que me dieron mucha grima. ¿Qué le voy a hacer? Soy un pobre viejales y no me van esas moderneces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después el día del parto, al que sí fue tu marido, también nos tuviste en vela toda la noche en la sala de espera de la maternidad. Mientras tanto, Mateo no paró de usar el móvil. Mira, yo tengo uno de esos, pero nunca lo llevo, porque es un incordio. Luego me criticas que no hay Dios que se ponga en contacto conmigo, pero yo no estoy para esos trotes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que nació el niño, vino el chico aquel de la mensajería a recoger la sangre del cordón umbilical (que también pagamos tu madre y yo) y mira que es guapo el niño, mira que se parece al padre, mira que se parece a la madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que se parecía más que a nadie a tu madre, y como si fuese su madre, que se ha encargado de él más que nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, Guillermo era una monada y estabais emocionados. Luego Mateo, con tanto trabajo (trabaja más que muchos ministros, te digo yo, al menos tantas horas como el que más) no podía atenderle. Y como a ti se te acabó la baja de maternidad, pues que en niño nos lo tragamos nosotros. Como no es bueno, eso decías, que fuese a la guardería tan chiquitito, pues que nos lo endiñabas a tu madre y a mi. Al principio tenías la deferencia de traérnoslo, pero pronto tuvimos que ir a por él. A las siete de la mañana, como un clavo, cogía al pequeñuelo y otra vez para casa. Así hasta las seis que te lo volvía a llevar. Al principio te pasabas por casa para recogerlo, pero luego estabas tan cansada que no podías y, claro, pobrecita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los fines de semana no eran mejor. Cuando estabais aburridos de cambiar pañales y darle baños a Guillermo, os veníais por casa y hacer la visita. Muchas veces nos escaqueábamos, la verdad, diciendo que íbamos a misa, o que teníamos que visitar a la tía Clara, que tiene noventa y siete años y está muy delicada, pero lo que hacíamos muchas veces era irnos a tomar algún refrigerio al Marcelo y a pasear un ratillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que nos pillasteis alguna vez, porque os las apañabais para que no tuviésemos excusa. Como aquella noche que la pasamos en el Doce de Octubre porque tenía Guillermo una descomposición bestial. Y como Mateo se iba al día siguiente de viaje, pobrecito, que durmiese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Guillermo fue a la guardería no mejoró la cosa. Al medio día, por eso de que los niños no comen bien en el comedor (ya quisiéramos tu madre y yo comer a mesa puesta todos los días, pero, en fin, ¿qué se le va a hacer?). Día a día, a recogerle, a lidiar con él, porque come peor que tú cuando eras pequeña, y ya es decir. Y después de comer, otra vez a la guardería. Haz cuentas: cuatro viajes; por la mañana, dos al medio día y luego a tu casa directos desde la guardería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además que el niño, al que hemos cuidado más como a un hijo que como a un nieto, no nos guarda respeto. Porque no podemos meterle en cintura, ya que no es nuestro. Luego, cada vez que le reprendíamos de alguna manera severa, tu marido decía que él era el padre y que le iba a educar según no sé qué método. ¡No te jode!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo peor, la verdad era el verano. Todo el santo mes de agosto en la casita de la playa. Que es bueno para vosotros. Pero mira que estáis bien aquí. ¡Qué suerte poder disfrutar de la playa! ¡Y un cuerno! Todos los santos días a ejercer de abuelos activos. Papá, ¿puedes llevarte a Guillermo a la playa? Es que, como vosotros madrugáis, pues así os vais yendo y nosotros vamos más tarde. ¿Cómo no íbamos a madrugar si no hay Dios que duerma en esa mierda de cama que tenéis en el saloncito? Tu madre y yo no pegábamos ojo en toda la noche. Se nos clavaban los hierros del somier en la espalda y cuanto antes nos levantásemos, antes se acababa la tortura. Y es que pensábamos que podríamos dormir en la playa, en la hamaca con la sombrilla. Pero con Guillermo no se puede parar un momento, así que no descansábamos nada. Y vosotros que veníais a la playa cuando ya casi era hora de ir a comer. Entonces os hacíais cargo del chico, pero no para darnos cuartelillo, sino para que tu madre hiciese la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ya estamos hartos, hija mía. Nos hemos sacado un par de pasajes para este viajecito que tantas ganas teníamos de hacer. No creo que tengáis problema para cuidar de Guillermo, aunque, la verdad, no tenéis mucha experiencia. No importa, con los muchos dineros que os entran cada mes, es fácil que podáis contratar una Samu, o como se llame. Sí, mujer, esas enfermeras internas que se encargan de cuidarle los niños a los ricos. No vais a notar ninguna diferencia, salvo en que os va a costar dinero, pero podéis permitíroslo. No me vengas con monsergas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvamos, no esperes que las cosas vuelvan a ser como antes. Tu madre y yo vamos a ejercer de abuelos, pero de verdad, de los que se visita una vez cada cierto tiempo. Entonces echaremos de menos al niño y nos apetecerá más estar con vosotros. Y en verano, nos vamos al pueblo, que allí estaremos fresquitos. O haremos otro viaje. Ya sabes que tu madre no quiere morirse sin conocer al Papa y nos iremos al Vaticano. Y luego a Río de Janeiro, que siempre he tenido ganas de ver a las chicas bailando tan fresquitas ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, adiós. Un beso para todos, y dile a Guillermo que no pasa nada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;Firmado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tus padres y abuelos&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;P. D: ¡Ah!, por cierto. El móvil se ha quedado en casa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-2509677372848608545?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/2509677372848608545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=2509677372848608545&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/2509677372848608545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/2509677372848608545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-03-06.html' title='Seis de marzo de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mhxzAL5GI/AAAAAAAAAAk/klz3GWR3VAw/s72-c/Grandfather.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-1833540566840605025</id><published>2008-03-13T14:41:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:57:28.916+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='15 El extraño caso del escritor y su obra'/><title type='text'>Veintiocho de febrero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mlETAL5HI/AAAAAAAAAAs/5SFnV0j0vbg/s1600-h/Jekyll.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177350739878208626" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mlETAL5HI/AAAAAAAAAAs/5SFnV0j0vbg/s320/Jekyll.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El extraño caso del escritor y su obra.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Drama en un acto y ocho escenas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dramatis Personae &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Henry Jekyll-Mister Hyde &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Gabriel John Utterson &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mister Laynon&lt;br /&gt;Pole, mayordomo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena primera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Henry Jekyll/Mister Hyde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Estudio de escritor Poco iluminado. Una lámpara de luz penetrante rige la escena. Un solo actor, sentado en un sillón acolchado y muy desgastado, interpreta ambos papeles. La estancia se encuentra repleta de humo oloroso de pipa, el tabaco rancio. Una máquina de escribir, a modo de bola de presidiario, esclaviza al protagonista doble. Henry Jekyll sostiene en la mano una pieza de metal con su nombre.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Henry Jekyll, escritor. ¡Ja! ¡Menuda patraña! ¡Si no soy capaz de escribir una maldita línea!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HYDE: ¡Vamos, termina mi historia! No puedo esperar más a que termines de escribir. Eres mediocre, Henry. ¡Maldigo mi suerte! ¿Cómo he Podido tener un creador tan incompetente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡Cállate, perro! Desde que decidí escribir tu historia, mi vida se ha llenado de problemas. ¡Eres escoria, una maldita página de papel emborronado! ¡No eres nada! ¡No eres una persona, joder!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HYDE: ¡Ni tú tampoco! ¡Yo estoy más vivo que tú! He vivido más cosas en los últimos meses que llevas escribiendo que tú en tu puta vida. ¡Eres un inútil! ¡Si pudiera te mataba con mis propias manos! Pero te necesito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¿Me necesitas? ¿Me necesitas, dices? Serás hipócrita. Tú no necesitas nada. Soy yo el que necesita algo. Necesito deshacerme de ti. Me estás chupando la sangre, cabrón. Me estás chupando la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HYDE: Henry, eres débil. Un Pobre desgraciado. Y dices que no soy una persona. ¡Tú si que no eres ni medio hombre! ¡Si pudiera te partiría Por la mitad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena segunda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriel John Utterson - Henry Jekyll&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La escena representa un apartado de la casa, algo así como un patio interior, escasamente iluminado y húmedo. Dos personajes hablan en su interior. Charcos en el suelo. Ambos visten abrigo y sale vaho de sus bocas.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¿Cómo te va la novela, Henry? Las últimas semanas no me has dado novedades de cómo iba el argumento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: La verdad es que me cuesta mucho escribirla. Es difícil concentrarse en todos los aspectos de la trama. Este personaje es Poliédrico. Su personalidad presenta tantas facetas que difícilmente consigo tener presente todos los aspectos de su carácter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: Espero que la lectura de la novela merezca la pena. No me dejas leer nada de lo que has escrito últimamente. No tengas temor. Soy tu amigo y no seré muy duro contigo. No seré indulgente, pero tampoco te criticaré con ensañamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: No es eso. Odio decirlo, pero creo que tengo un bloqueo. No puedo avanzar mucho, Porque todo me parece impresionantemente trivial y aburrido. No sé cómo continuar la historia. Hyde se encuentra, la verdad, en punto muerto. Y ojalá estuviese así siempre, ¡maldito sea!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena tercera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mister Hyde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La escena se encuentra completamente a obscuras. Pequeños flases de luz permiten ver un rostro distorsionado, perverso y maléfico. Hedor nauseabundo, tal vez emitido Por Hyde.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HYDE: ¡Maldito Jekyll! ¡Qué cobarde que es! ¡Con cuanto entusiasmo abordó mi historia! Nunca antes había escrito un tema que le apasionase como cuando una noche despertó en medio de sudores tras haber soñado mi relato. Se sintió libre y animado. Nunca había vivido con tanta intensidad como cuando empezó a escribir mis aventuras. Pero fue él el que me llevó ante el parlamentario. ¿Cómo Podía resistir la tentación de hacerle pagar Por todo lo que había hecho? ¡Tuve que matarle con mi bastón!&lt;br /&gt;Con mi bastón, bastardo. Cuando me ideó en los primeros borradores, soñaba con una imagen idealizada de si mismo. Alto, joven, esbelto. Todo lo que él nunca había sido. Al terminar el capítulo del asesinato, ya no me veía igual. ¡Qué cabrón! Ya necesitaba bastón para caminar y me encorvó. Me retorció como a un alambre. ¡Que se pudra en su tumba!&lt;br /&gt;Cogió miedo de seguir escribiendo, Porque disfrutaba. Sí, disfrutaba como yo haciendo todo aquello que le parecía inmoral. Porque Jekyll es un reprimido. Un maldito conservador victoriano. Un pervertido que aparenta ser un respetable súbdito del Imperio.&lt;br /&gt;Y no, es un hombre con los mismos bajos instintos que todos los demás. A mí no me engaña el muy desgraciado. Yo lo sé todo de él y Por eso me teme. Pero debería temerse más a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena cuarta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Henry Jekyll - Lanyon - Pole, el mayordomo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La biblioteca particular de Jekyll está atiborrada de libros Polvorientos. Muchos están en los estantes, pero otros muchos se encuentran desperdigados Por el suelo, algunos en pilas que asemejan columnas torcidas, otros tirados Por el suelo, abiertos al azar en cualquier página. Una mesa circular preside la estancia y dos sillones la flanquean.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;POLE: Señor, Mister Lanyon se encuentra aquí. ¿Le hago pasar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡Sí, Por favor! (Entra Lanyon) ¡Cuánto esperaba tu visita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: Pues aquí me tienes, viejo amigo. ¿Cómo estas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Mal, francamente mal, querido amigo. Desde que escribo mi última obra, estoy cada vez peor. Va a acabar conmigo, te lo digo como lo siento. No voy a Poder con Hyde, Lanyon. Es demasiado fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: ¡Pues deja de escribir sobre él! Quema los originales y dedícate a descansar y pensar en otra historia nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: No es tan fácil. Ya lo he intentado, pero siempre vuelvo a reescribir las páginas quemadas y sigo avanzando. Me ha Poseído y no puedo con él. ¡No puedo con él!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: En cualquier caso, cuéntame de qué trata tu historia y veré si puedo ayudarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Pues, querido amigo, pienso que todo proviene de aquel sueño, aquella pesadilla en la que un ser tosco y mal formado conseguía vivir una vida plena y llena de emoción. Entonces decidí darle forma. Lo imaginé guapo, atractivo en grado sumo, arrojado a la aventura y a las experiencias nuevas. Luego se truncó mi sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: Y, ¿de qué manera se te truncó? No eres tú el escritor, cómo puedes perder las riendas de tu relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡Cómo se nota que no escribes, Lanyon! Si el personaje sobre el que escribes tiene suficiente fuerza, él mismo escribe su historia. Y Hyde es fuerte, muy fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: Bien, prosigue con tu relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: En fin. Hyde representaba el lado más amable de la aventura. Siempre salía airoso de los lances a los que le enfrentaba y pronto resultó tedioso. Entonces fue cuando decidí enfrentarle al mal y, para mi sorpresa, salio airoso uniendo sus fuerzas a él. ¿Cómo decirlo? Si el hombre es una moneda de dos caras, el bien y el mal, Hyde había caído como una moneda, del lado malo. Y en estas que cuando recoges la moneda del suelo te das cuenta de que es falsa, de que tiene la misma inscripción Por los dos lados. A partir de ahí se acabó el sueño y comenzó la pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: ¿Qué pasó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Bueno, tengo que reconocerlo. Al principio fue divertido. Lo siento. Soy débil y la tentación me pudo. Era muy estimulante ponerle en situaciones, digámoslo, inmorales. Y él siempre salía airoso. Pero cada vez más retorcido. Sentía sufrir una metamorfosis hacia un estadio diferente de nuestras existencias, de la mía y de la de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAYNON: ¿Y no pudiste acabar ahí sus andadas? ¿No te dabas cuenta de lo que estabas haciendo? Henry no puedo creer que actuases así. Te conozco desde hace mucho tiempo y sé que tú no eres de esa manera. ¿No pudiste parar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: El problema estaba cuando una noche, mientras leía una novela en mi biblioteca personal, creí verle frente a mí. Lo siguiente que recuerdo es estar frente a la máquina de escribir y un pliego de folios recién mecanografiados. Los leí. Era una aventura de Hyde en un burdel. ¡Qué horrores pude leer allí! Y lo peor de todo era que yo lo había escrito. ¿Te imaginas? ¡Yo ya no lo controlaba! ¡Era Hyde el que me dictaba y yo obedecía como un zombie!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Jekyll se derrumba sobre la mesita y llora desconsoladamente. Lanyon se le aproxima y le Pone una mano consoladora en su hombro.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Escena quinta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pole - Utterson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Despacho del comisario Utterson. La persiana de láminas está bajada. Entra una tenue luz. El despacho consta de una mesa atiborrada de papeles, un armario-archivo con algún cajón entreabierto, un perchero del que cuelga un sombrero y un abrigo y un sillón en el que se encuentra sentado Utterson. Entra Pole dando gritos de pánico, Utterson se levanta sobresaltado.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;POLE: ¡Le han matado, Mister Utterson! ¡Le han matado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¿Qué significa esto? ¡Cálmese, Pole, se lo ruego! ¿Qué ha ocurrido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POLE: ¡Han matado a Mister Laynon! ¡Y puede que a Mister Jekyll!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¿Cómo es Posible? ¡Cuéntame rápido qué es lo que ha pasado! ¿Dónde ha sido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POLE: En la casa del Señor. Entré a darles un refrigerio y me encontré a Mister Laynon tumbado en el suelo, completamente destrozado y desangrado. La bandeja se me calló de las manos y el ruido atrajo la atención del asesino. ¡Era Hyde!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¿Cómo que Hyde? ¡Hyde es un personaje de la mente calenturienta de Jekyll! ¡No existe!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POLE: Yo lo vi. Es un monstruo deforme. Llevaba un bastón ensangrentado en la mano y cuando oyó el ruido de los vasos rotos se giró hacia mí y me miró. ¡Fue aterrador!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¿Y Jekyll? ¿Está vivo? (Utterson coge su abrigo y su gorro y se dispone a salir con Pole.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POLE: ¡No lo se, señor! Puede que también haya muerto. ¡Oh, qué horror! ¡Si hubiese visto lo que yo! ¡Salí lo más rápido que pude de la casa y me dirigí a la comisaría! ¡Estoy aterrado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¡Vamos a casa de Jekyll, rápido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena sexta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Utterson - Pole - Jekyll&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(La biblioteca de Jekyll. El cadáver de Laynon se encuentra en el suelo. Todos los libros que estaban Por el suelo se encuentran aún más desordenados. Hay signos claros de violencia, como los sillones volcados y la mesita con su lámpara Por los suelos. En la entrada, restos de vasos rotos y líquido desparramado.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: Pole, ¿están las cosas tal y como las dejaste cuando saliste corriendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POLE: Sí, bueno no me dio tiempo a mirar mucho, la verdad. Creo que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Utterson inspecciona la escena del crimen. No encuentra nada verdaderamente incriminatorio. Se oye un grito en la habitación contigua y aparece Jekyll ensangrentado.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡He acabado la pesadilla! ¡Me he desecho de Hyde!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¡Henry! &lt;em&gt;(Se acerca corriendo a él, y Jekyll se desploma en sus brazos.)&lt;/em&gt; ¿Qué dices, majadero, de tu personaje? ¿Estás perdiendo la razón?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡No, he acabado con los problemas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POLE: ¡Señor! ¿Necesita algo? ¿Llamamos a un médico? ¡Enseguida le traigo algo! ¡Hay que cambiarle esas ropas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¡No! Pueden ser pruebas. Pole, traiga, Por favor un Poco de brandy. Jekyll, ¿qué ha sucedido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Hyde apareció de la nada y asentó un terrible golpe en la cabeza al Pobre Laynon. Calló fulminado. Yo conseguí evitar la acometida y zafarme de él. Tropecé con la mesilla y caí al suelo, con tal fortuna que al alcance de mi mano se encontraba un abrecartas. Cuando Hyde se me abalanzó sobre mí, se lo clavé en el cuello y brotó mucha sangre. Salió corriendo Por la puerta trasera. ¡Debéis darle alcance! (Utterson sale de escena corriendo en busca de Hyde.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena séptima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Utterson – Jekyll/Hyde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(El despacho de Utterson.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¡Bueno, Henry! Me alegro mucho de verte de tan buen aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡Pues sí, aquí me tienes!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: ¡Pareces un pincel con ese traje nuevo! ¡Cualquiera diría que has pasado Por un intento de asesinato!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¿Cómo se ha resuelto lo de Hyde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: La verdad es que aún no sé qué pensar de todo el asunto. Hemos rastreado detrás de tu casa, incluso hemos drenado parcialmente el tramo del río que bordea los lindes de tu parcela y no hay ni rastro del tal Hyde. Si no fuese Por los dos testigos que tenemos, tú y Pole, dudaría de la existencia del mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Yo tampoco entiendo cómo un personaje pudo cobrar vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: Eso no es Posible, pero tengo una teoría que Podría dar cierta lógica a la situación. En un momento dado, mientras buscabas la inspiración para tu siguiente novela, diste con un criminal de los bajos fondos que te llamó la atención. Cuando se enteró de que estabas escribiendo sobre él, decidió ir a eliminarte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¿Y cómo pude olvidarlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: El mismo germen de la historia que me describiste, esa pesadilla que te sacó de la cama con sudores y convulsiones, pudo ser el efecto de una resaca de algún tipo de estupefaciente consumido...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡Yo no soy un drogadicto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: Y nadie afirma lo contrario. Pero en esas salidas nocturnas en busca de la inspiración, pudiste haber tomado algo sin saberlo que te hizo olvidar todo lo acontecido. Pero, como dice un médico austriaco que estamos analizando en la Policía Por su Potencial, hay una parte, ¿cómo la llamaba? ¡Ah, sí, el subconsciente! Y allí sí que se quedó grabada la experiencia. Esa es mi teoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: ¡Fiu! ¡Y menuda teoría que es! En fin, no te entretengo más. Voy al teatro y llego tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UTTERSON: Adios, Henry.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JEKYLL: Adios, Gabriel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena octava.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mister Hyde/Jekyll&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Escena en oscuridad, relumbrada Por una luz tenue que permite ver las facciones del actor en escena. Humo de procedencia incierta que dé la sensación de la niebla londinense.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;HYDE: ¡Ah, qué sensación! ¡Qué estúpido es este Utterson! No es capaz de ver una evidencia Por el exceso de conocimientos que cree tener. La naturaleza humana… la desconoce.&lt;br /&gt;Me he librado de Jekyll de manera definitiva. Me dio un cuerpo informe y he ocupado el suyo. He aquí una bella venganza. ¡Te maldigo, Henry Jekyll, escritor!&lt;br /&gt;Tu vida era tan vacía que tu imaginación la ha ocupado y ahora soy yo el que vive. Te lo dije ¡estoy más vivo que tú! Ahora voy a vivir con tu fortuna, con tu semblante, con tu Posición social. Escribiré mis aventuras y las considerarán el vivo reflejo de unas clases sociales y unas personas que no son ellos mismos. Pero yo anido en las entrañas de todos los hombres. ¡Tú has sido débil y he Podido contigo! Otros habrá, maldito Jekyll, otros habrá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TELÓN.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-1833540566840605025?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/1833540566840605025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=1833540566840605025&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/1833540566840605025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/1833540566840605025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-02-28.html' title='Veintiocho de febrero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mlETAL5HI/AAAAAAAAAAs/5SFnV0j0vbg/s72-c/Jekyll.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-8994252183968792406</id><published>2008-03-13T14:40:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:57:00.819+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='14 La larga sombra de la luna'/><title type='text'>Veintiuno de febrero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mmlzAL5II/AAAAAAAAAA0/zl-KfMoKpjk/s1600-h/Luna.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177352414915454082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mmlzAL5II/AAAAAAAAAA0/zl-KfMoKpjk/s320/Luna.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La larga sombra de la luna.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Había una vez un Reino del Norte. Un reino rico y próspero en el que sus súbditos vivían un periodo de bonanza como nunca antes habían conocido sus antepasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero pronto empezaron los problemas, porque en el Reino del Sur estaban sufriendo una hambruna que diezmaba a sus habitantes. Cuando estos pidieron ayuda a su Rey, este abdicó y se fue al destierro. Como no tenían a nadie a quien pedir soluciones, muchos optaron por seguir los pasos de su rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y era el Reino del Norte su preferido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, los vecinos del norte les miraron con recelo y luego con franco desprecio. Los que entraban a trabajar, conseguían siempre los peores trabajos y mal que bien, subsistían con lo que les pagaban. El Reino del Norte era lo suficientemente rico en recursos como para que todos vivieran holgadamente, pero no fue así. La desconfianza se arraigó en el corazón de los norteños y los más beligerantes contaban con el beneplácito de su monarca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Rey del Norte se llamaba Fluvio, como el río que partía en dos la meseta donde se encontraban ambos países, sirviendo de frontera natural, a veces infranqueable, para los habitantes de ambos reinos. Fluvio era un rey de mano blanda, a menudo guiado por los intereses de aquellos menos interesados en el interés común. Era un hombre muy dado a las inclinaciones menos nobles de la naturaleza humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Reina sufría por la flaqueza de su marido. Ella era lo contrario del carácter del Rey. Era severa y poco amiga de consejeros, sobretodo de los mal aconsejados o, peor, de los que mal aconsejan. Pero la Reina, que se llamaba Helia y provenía de un país muy lejano, había sido dada por sus padres en matrimonio de conveniencia, con el fin de ligar ambos reinos con lazos de sangre y no era muy querida por sus súbditos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas que el Rey, en una de sus muchas salidas nocturnas, dio con una muchacha del Reino del Sur. Su belleza hacía temblar al monarca como un junco mecido por la corriente del río y no pudo vencer a su primer impulso, violando a la muchacha con la ayuda de su guardia. La muchacha, llamada Selene, huyó a refugiarse a casa de un amigo de la infancia que, quiso el destino, perteneciese como criado a la corte. Su nombre era Geo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos sureños vivieron juntos mucho tiempo hasta el punto de enamorarse. Pero pronto se dio cuenta Selene de que estaba embarazada y no de Geo, sino del Rey Fluvio. Decidieron entonces hacer creer que el bebe era de ambos, para que les dejasen tranquilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fatalidad quiso, además, que uno de los guardias que aquella fatídica noche fueron testigos y cómplices de la maldad de su rey, pasase por azar delante la casa del criado. Aquel día Geo no estaba y Selene se encontraba realizando las tareas del hogar. No sospechaba que alguien la había reconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sospechando que el embarazo acarrearía multitud de problemas a su monarca, el guardián decidió dar parte a un superior y este a otro y aquel a un tercero, ascendiendo cada vez más en la jerarquía militar, hasta dar con un general de confianza de la reina. Ante la gravedad de la situación, con un vástago bastardo de por medio, decidió tratar con tacto y con firmeza el asunto con la Reina Helia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reina, severa en muchas ocasiones, sufrió la tristeza de la infidelidad, pero se sobrepuso y decidió hablar con su marido. Despacharon amargamente la situación. La reina vio la debilidad moral de su marido y lo peligroso que resultaba para el reino tener a una persona así al mando de una nación poderosa. Los problemas generados con el incesante éxodo de sureños hacia el norte requerían de medidas firmes y concretas que permitieran la prosperidad de todos los ciudadanos del reino del Norte y la creciente incorporación de los sureños. Su marido no valía para ese menester. Era un pobre imbécil que daría alas a los detractores de los sureños y que llevaría al absolutismo al reino, con todos los problemas que ello implicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esa razón, pidió a su general de confianza que interviniera de inmediato y se protegiese con todos los medios posibles a la madre del futuro bastardo. En ese momento, la reina fraguó un plan. Ella estaba denostada por reina extranjera. Sólo valía a los ojos del pueblo como consorte real. Tenía que poner en el trono a alguien que aglutinara los valores y los ideales del reino tal y como este se estaba desarrollando. El matrimonio real no había engendrado descendencia y la línea sucesoria llevaba a un primo segundo del monarca, más débil aún, si cabe, que su marido. Además, era conocido su despotismo a la hora de tratar los asuntos de la comarca que regentaba, tal vez para compensar su flaqueza de ánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general partió rumbo al poblado donde residía la pareja de sureños y acogerlos en un refugio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas que el rey, avisado por sus espías, descubrió el plan de la reina. Inmediatamente llamó a un consejero y le ordenó matar a la muchacha. La instrucción pasó de estamento a estamento hasta llegar a un criado llamado Geo. Su superior le había pedido dar muerte a Selene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Geo demostró una debilidad tremenda en ese momento. Sabía que el monarca le premiaría en gran cuantía si cumplía con su misión. El quería a Selene, pero más aún ser integrado en el ejército como uno más y no como un simple sureño de baja gradación. ¿Qué hacer en este momento? Podía ayudar a su mujer a salir adelante, a huir o dejar que otro la matase. No, no podía dejar que otro la matase. Por un lado acabaría con la vida de Selene inútilmente y por otro él no alcanzaría el reconocimiento. No, si tenía que morir, que fuese él el que lo hacía. Además, el niño o la niña no era suyo. ¿Qué tenía que importarle acabar con los dos, si luego su vida iba a ser mejor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidido por fin a matar a su mujer, la llevó a un lugar lejano de la aldea, a un bosque frondoso donde nunca nadie podría verle actuar ni mucho menos acusarle de nada. Además, llevaría el cuerpo a las dependencias reales, para que comprobasen que había sido él el que la había dado muerte y el que merecía el premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevó a Selene en un carromato que luego usaría para llevar su cadáver a palacio. Cuando ya no pudo avanzar más, obligó a la muchacha a bajar y seguir camino andando. Selene no entendía la razón del viaje, pero pronto sintió que estaba en peligro y empezó a suplicar al que hasta hacía breves instantes era su amante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Geo no pudo hincar la espada en el pecho de la muchacha y aterrado por la capacidad de crueldad que había demostrado, obligó a Selene a huir. Selene estaba pávida, pero fue lo suficientemente resuelta como para salir corriendo lo más rápido que pudo, dado su estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante semanas estuvo escondida en el bosque, alimentándose de lo que pudo encontrar hasta que su cuerpo no aguantó y cayó enferma. Fue entonces cuando bajó a una cabaña que se encontraba en los lindes del bosque y pidió auxilio y cuartel. La puerta la abrió una mujer muy mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Selene vivió en la cabaña durante un mes. En ese mismo tiempo, los agentes tanto del rey como de la reina recorrieron todas las localidades del reino y alguna del reino del sur para dar con la muchacha. Pero ni mirando debajo de las piedras dieron con ella. La guardia bajó y dejó de ser prioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas que Geo, muy arrepentido de su intento de homicidio, decidió ir a buscar a Selene en el bosque. Llevaría a la joven a la reina para que esta la protegiese. Se adentró en el bosque y tras días de infructuosa búsqueda dio con la cabaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encontró de nuevo con Selene y resolvieron las reticencias. Estaba decidido, irían a palacio, pero de manera muy distinta a como había pensado Geo hacía unos meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Selene estaba a punto de dar a luz cuando la reina Helia la conoció. Se apiadó de ella y permitió que diera a luz en unas dependencias seguras, situadas en la segunda ciudad más importante del reino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El parto fue complicado por la debilidad de la madre, pero ambos, el niño y Selene, salieron bien del lance. La reina habló con seriedad con Selene y le explicó el plan que tenía. Lo más doloroso sería hacer ver al pueblo que el niño era legítimo, por lo que Selene tenía que ceder a su hijo y dárselo a Helia. De esta manera sería el heredero de la corona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Selene lloró amargamente, pero sabía que no podía hacer nada. Ella era una pobre lacaya y no tenía voz en las decisiones de los gobernantes. Aunque fuese la mayor injusticia del mundo, decidió dar a su hijo a la reina, pero pidió a cambio estar en el séquito que iba a cuidar del niño. La reina se lo concedió, pero como los monarcas no saben guardar su palabra, pronto la apartó del lado del infante. Selene entristeció y se fue del reino del Norte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey sospechaba que el niño era su bastardo, pero la reina había sido muy inteligente y había dado la noticia del nacimiento de su hijo a todo el pueblo. El reino del Norte festejaba la idea de tener un heredero, sobre todo los habitantes de la pobre comarca que gobernaba el primo del rey y anteriormente heredero a la corona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada pudieron hacer el monarca y la vieja guardia que representaba. El reino casi en pleno aclamaba al niño como su príncipe. El rey enfermó en uno de sus muchos desmanes y al poco tiempo murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helia quedó como reina regente hasta la mayoría de edad del muchacho, momento en el que asumió la corona y se dispuso a gobernar. Su primera medida fue acercar a los reinos del norte y del sur. La noticia de que podía ser un bastardo mestizo de norteño y sureño había cundido como la pólvora y los sureños le adoraban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero este no es un cuento de hadas. El nuevo rey demostró ser muy inestable. Las decisiones que tomaba produjeron en muchas ocasiones más problemas de los que antes había.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reina no lo entendía y una noche, cuando entró en una dependencia de palacio, descubrió al joven monarca llorando desconsoladamente.&lt;br /&gt;— ¿Qué te pasa, mi niño rey? —le preguntó.&lt;br /&gt;— Madrastra, no soy buen monarca — le respondió. —Sólo soy la imagen de la luna reflejada en un río que corre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-8994252183968792406?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/8994252183968792406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=8994252183968792406&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8994252183968792406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8994252183968792406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-02-21.html' title='Veintiuno de febrero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9mmlzAL5II/AAAAAAAAAA0/zl-KfMoKpjk/s72-c/Luna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-351773546932296266</id><published>2008-03-13T14:38:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:56:34.539+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='13 Vamos a contar mentiras'/><title type='text'>Catorce de febrero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pMATAL5JI/AAAAAAAAAA8/uYNptQK-tdk/s1600-h/Back+of+the+head.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177534289600570514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pMATAL5JI/AAAAAAAAAA8/uYNptQK-tdk/s320/Back+of+the+head.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vamos a contar mentiras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;— Hola, buenas tardes.&lt;br /&gt;— Buenas tardes.&lt;br /&gt;— ¿Hay cabinas libres?&lt;br /&gt;— Sí señor, a estas horas, tan prontito, no hay problema.&lt;br /&gt;— Pues mire, que, esto… que querría un par de señoritas, así, como ligerillas de ropa. ¡Ah! Y que una tenga rabito, como una gatita.&lt;br /&gt;— Bien pase a la cabina uno y en un momento le conecto.&lt;br /&gt;— Gracias. Pago ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Hola! ¿Cómo estamos?&lt;br /&gt;— Bien, ya ves. Aquí de recepcionista, que esto de regentar burdeles se ha convertido en un trabajo de telefonista. Llega el cliente, le enchufas un cable y a disfrutar un ratillo.&lt;br /&gt;— Pues nada, que vengo a limpiar la oficina. Luego hablamos&lt;br /&gt;— Hasta luego, guapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Hola, señorita.&lt;br /&gt;— Buenas tardes, ¿qué desea?&lt;br /&gt;— Querría alquilar una cabina.&lt;br /&gt;— ¿Y qué programa le apetece?&lt;br /&gt;— Pues la verdad es que no lo tengo muy claro. ¡Ah, sí! Querría a esa actriz, ¿cómo se llama? Beverly Laxing, sí. Pero la querría un pelín entradita en carnes, ya sabe, como antiguo. ¡Ah! Y con la piel roja.&lt;br /&gt;— Muy bien señor, pase a la cabina cuatro y enseguida le conecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Hala, que me voy. Ya he terminado de limpiar.&lt;br /&gt;— No tendrías mucha tarea, ¿eh?&lt;br /&gt;— Pues no, la verdad. Tienes unos clientes muy pulcros. ¡Si vieras las guarrerías que tengo que limpiar en el burdel de al lado. Allí si que manchan los jodidos.&lt;br /&gt;— Ya, pero es que allí les permiten de todo y yo tengo mucho cuidado. Si piden caprofilia, les digo que sólo virtual. Si les gusta, bien, y si no que se vayan a cualquier otro sitio. Aquí con las fantasías de la gente, lleno el local y no necesito más.&lt;br /&gt;— Bueno, que me voy. Hasta mañana. (¡Cómo se enrolla la jefa!).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Buenas tardes.&lt;br /&gt;— Hola, buenas tardes. ¿Qué desea el caballero?&lt;br /&gt;— Pues mire, que me gustaría… me gustaría un real.&lt;br /&gt;— ¡Hombre, qué sorpresa! Es el primero en tres meses.&lt;br /&gt;—Es que, mire usted, que me he cansado de las maquinitas. En casa las tengo todas; la Dame Boy, la Playsensation y la SeXbox. Pero, vamos, que no me sabe a nada. Y ya he probado sus cabinas. La verdad es que no caigo ya en nada nuevo. Estoy un poco espeso para imaginarme las cosas esas.&lt;br /&gt;— Y quiere un poco de cuestión carnal. Pues ya sabe que está muy pasado de moda.&lt;br /&gt;— ¿Qué quiere que le diga? Es que uno es un sentimental y un nostálgico. Además no tengo los dos mil quinientos. Para conseguir ese pastón tendría que tener un hijo y que me dieran el cheque. Sólo me queda el dinero de la promesa electoral, los cuatrocientos de Hacienda…&lt;br /&gt;— Y como es más barato el real que el virtual, vamos, que se ha animado. ¿Habrá venido bien aseadito?&lt;br /&gt;— ¡Sí, mujer! Me he duchado esta mañanita y vengo con la muda limpia.&lt;br /&gt;— ¡Ah, bueno!&lt;br /&gt;— Nada, pues, ¿qué hacemos?&lt;br /&gt;— Lo primero es pagar.&lt;br /&gt;— Aquí tiene los cuatrocientos.&lt;br /&gt;Muy bien … cheque promesa electoral… ¡Vale! Pase a la cabina seis, ¡no, nueve! ¿En qué estaría yo pensando? Y espéreme allí.&lt;br /&gt;— ¿Y qué hago?&lt;br /&gt;— Nada, lo que quiera. Yo me voy a cambiar de vestido, algo más sexy y ya voy.&lt;br /&gt;— Señorita, no se moleste mucho. La verdad es que nunca he hecho un real y, ¿qué quiere que le diga? Todo es tan nuevo que no quiero demasiadas florituras.&lt;br /&gt;— Bueno, está bien, pero llámame Chony, que hay confianza.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-351773546932296266?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/351773546932296266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=351773546932296266&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/351773546932296266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/351773546932296266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-02-14.html' title='Catorce de febrero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pMATAL5JI/AAAAAAAAAA8/uYNptQK-tdk/s72-c/Back+of+the+head.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-3783069303421449740</id><published>2008-03-13T14:36:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:56:12.367+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='12 La guerra de las Galias Futuras'/><title type='text'>Siete de febrero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pM5zAL5KI/AAAAAAAAABE/s6D-Omq8kZU/s1600-h/Roman.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177535277443048610" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pM5zAL5KI/AAAAAAAAABE/s6D-Omq8kZU/s320/Roman.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La guerra de las Galias Futuras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Julio César había sufrido un atentado. Cuando visitaba el barracón de los legionarios heridos, un joven de origen lusitano se abalanzó sobre él y pretendió darle muerte con un cuchillo oxidado. La guardia pretoriana le redujo antes de que hiciera nada y le dio muerte. La cabeza de Julio César trabajó rápidamente e ideó un posible complot del Senado para acabar con su vida. Era, posiblemente un espía, un agente a cargo de sus enemigos. Después de haber vencido a los Galos, el siguiente paso era la conquista de Roma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, quería saber la verdad. ¿Qué había inducido a aquel legionario, supuestamente fiel, llamado Caius a tratar de matarle?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;∞≈∞&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio César lleva siete años de campañas en las Galias. La anterior pudo haber sido la última, cuando Vercingétorix claudicó arrojando el escudo del arberno y su espada. Pero este año aún quedan fuerzas de la resistencia celta que se enfrentan a las legiones romanas. En una de ellas milita Caius. Sólo Caius. Es un pobre lusitano que trata de obtener la ciudadanía romana mediante el servicio en milicias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caius es un muchacho de unos veintidós años, o eso piensa él. En su tribu no tenían costumbre de contar los años, como hacen los latinos, ni tampoco se preocupaban de recordar la fecha de nacimiento de un hijo de campesino, uno de tantos. Su vestimenta era incluso peor que la de sus compañeros. El peto de cuero estaba marcado por muchos cortes propinados por los galos en los años de campaña en los que había estado bajo las órdenes de César. Las sandalias tenían tantos agujeros en la suela que apenas servían para aparentar que estaba calzado. Eso no le importaba, porque toda su infancia estuvo descalzo por falta de dinero de su familia. Lo que no tenía defectuoso era una lustrosa falcata, un arma íbera que César había accedido a permitir en sus tropas. De esa espada dependía su vida y no la desatendía nunca. Olvidaba mencionar el escudo que sin duda había conocido días mejores. Estaba tan abollado que era incómodo de sujetar, porque en el asa apenas cabían los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas que la división a la que pertenecía la legión de Caius se encontraba en el campo de batalla enfrentándose a un nutrido grupo de celtas furiosos y letales. Los romanos llevaban las de ganar, pero eso no amedrentaba a los galos que en la certeza de la próxima muerte, se entregaban con mayor ahínco a los menesteres del combate, dejando innumerables bajas en los cuerpos de mercenarios de Roma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún sabiendo de la superioridad numérica y de que sólo era cuestión de tiempo que los galos perecieran bajo las armas romanas, Caius estaba preocupado y francamente asustado. No es que fuese un cobarde, es que él era uno de los que tenían que acabar con la resistencia y eso podía costarle la vida. Además de conseguir la ciudadanía, Caius estaba en milicias por la soldada. Y no hay dinero que compre la propia vida. Los galos, por el contrario, estaban en el combate por convicción y por ideales, no importándoles el dar su vida por la causa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento, Caius y tres de sus compañeros se vieron rodeados de fieros guerreros que trataron de darles muerte. Un fuerte golpe en la cabeza le dejó inconsciente, postrado en el suelo. Fue entonces cuando ocurrió el prodigio. Allí en el suelo permanecía su inerte cuerpo mientras él se veía a sí mismo en esa situación. Tras los primeros momentos de pánico, suponiéndose muerto, optó por tocar su cuerpo inmaterial y cuando se pudo cerciorar de que no le faltaba ningún miembro y ni siquiera sangraba, se calmó y aguardo junto a su cuerpo el final de la refriega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco después los legionarios acabaron con los pocos galos que quedaban en pie. Empezaron a llegar los refuerzos y se hicieron cargo de los heridos. Cuando llegaron a su posición e inspeccionaron su cuerpo les oyó decir “vive” y se le metieron en un carromato que le llevaría al hospital de campaña. Caius fue tras su cuerpo, pero cuando el carro empezó su marcha, no pudo seguir su ritmo y se quedó rezagado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una niebla improvisa se alzó en el camino y le dificultó la visión. Unos pocos pasos más y ya no pudo saber dónde estaba. Cuando su caminata errática se detuvo por falta de rumbo, su cabeza había dejado de pensar con claridad y los pensamientos se le agolpaban caóticos. ¿Había muerto? Si estaba muerto, había muerto honrosamente en el combate. Pero, ¿tenía un camino que seguir? ¿Qué le estaba pasando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz del sol empezó a atravesar la niebla que empezó a clarear y pudo divisar un edificio extraño, pero a la vez familiar. Tenía algo de romano, pero era mucho más austero. Decidió acercarse con la esperanza de que alguien pudiese ayudarle. La puerta estaba cerrada y cuando alargó la mano para golpearla, parte del brazo la atravesó. Si no tenía cuerpo, no tendría que preocuparse de las limitaciones terrenas y podría franquear las limitaciones de la física. Con temor dio un paso al frente y cerró los ojos. Un segundo paso le permitió franquear la puerta y un tercero le plantó en el interior del edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una nave amplia, flanqueada por columnas. Un ventanuco dejaba pasar la luz tenue que atravesaba la niebla. Unos instantes y su vista se habituó a la luz del interior. Olía a incienso, algo que a él siempre le había sorprendido. En su pueblo de la Lusitania ulterior, el buen olor se comparaba con las flores, el heno y el agua fresca, pero los romanos apreciaban ese hedor ceniciento que ocultaba otros malos olores y que conseguía marear a los que lo respirasen en un recinto cerrado. Pero él no se mareaba. Sólo lo percibía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la parte más destacada del edificio, un altillo con una mesa y, presidiendo toda la escena, una cruz. La imagen le sobrecogió. Siempre consideró a la cruz como la manera más atroz de imponer justicia que tenían los romanos. Querer ser uno de ellos no hacía que compartiese todos sus gustos, especialmente el circo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caius supuso que aquel edificio era la sede de alguna secta que adoraba a la muerte cruel. Sino, ¿qué hacía una cruz en un altar? Decidió salir lo antes posible de aquel lugar y buscar ayuda en otro lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesó las paredes de aquel templo y fue entonces cuando tuvo conciencia por primera vez de que estaba desnudo. Nada de su uniforme de soldado vestía su desnudez. Lo que de verdad le preocupaba era no contar con su falcata. Si tenía que defenderse, sólo contaba con sus propias manos y la verdad es que su incorporeidad no ayudaba en absoluto. Si alguien era capaz de dañarle, no tendría manera alguna de defenderse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco de salir descubrió un castillo de aspecto sobrio, pero monumental en sus dimensiones. Decidió abordarlo por la zona que más fácil le pareció, pero estaba tan fuertemente custodiado que se dio de bruces con una patrulla de soldados. Le atravesaron como el que pasa a través de una cortina de humo y ninguno se percató de su presencia. A Caius no le quedaba ninguna duda. No sólo carecía de consistencia, además era invisible a los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vestían unas túnicas feas y pesadas, como petos hasta las rodillas y unas medias cubrían sus piernas. Llevaban un yelmo que no había visto antes. No pudo entender el idioma en el que hablaban, pero dedujo que había mucha gente importante en el castillo, un cónclave de mandatarios, por lo que optó por adentrarse más en él. Tal vez alguien pudiese saber cómo ayudarle a salir del embrollo en el que estaba metido y devolverle su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a lo que parecía un salón del trono, que sólo contaba con custodios y nadie más. Al poco tiempo de permanecer allí, un número de cortesanos se fueron disponiendo en la sala. Parecía más plebeyos que patricios, principalmente por su función, pero sobre todo por los vestidos portados, tan parcos y de colores tan tristones. Uno de ellos vestía de negro, con túnica hasta los pies y una gran cruz en el pecho. Por lo que podía ver, los galos habían optado por esa extraña religión de la que nada conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonaron unas trompas componiendo una fanfarria guerrera y supuso Caius que los miembros más ilustres del castillo eran anunciados con toda la pompa y boato que se les prestaba. Y mucho debía ser, por el número de miembros que traía el séquito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo raro estaba pasando. Caius había visto muchos poblados celtas a lo largo de sus años de servicio y nunca había visto a esas gentes. Los galos vestían con pieles, cascos rematados en penachos de plumas y portaban sus armas allá donde fueren, pero estos galos tenían más de romanos que de celtas. Uno de ellos, más alto que los demás portaba una corona de oro y un pequeño orbe, ambos completados en su extremo con una cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaron a hablar y entendió perfectamente lo que decían porque lo hacían en latín. Pero su manera de hablar no era pura. Se notaba que era para ellos un segundo idioma, un idioma de ceremonias, no una lengua viva. Empezó a hablar el que parecía rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— En el año ochocientos de Nuestro Señor Jesucristo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caius nunca había oído nombrar a los años de esa manera. Su extrañeza era mayúscula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— … he sido nombrado por el Papa León III emperador de todos los Romanos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y Julio César, que iba a hacer al respecto! Se preguntaba Caius. Cuando se entere nos hará volver a toda prisa a Roma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— … y ha sido en pago a mi ilustre persona y al esfuerzo por expandir la doctrina de Nuestro Señor en los reinos germánicos y sajones. Yo, Carlomagno, gobernaré el mundo desde aquí, desde Aquisgrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caius no sabía exactamente dónde se encontraba. Nunca había oído el nombre de aquella ciudad, pero le sorprendió verse ante su monarca. ¿Cuál sería la religión de aquel Imperio Romano del que hablaba? Él sólo conocía la República. Bien es cierto que antes habían tenido reyes, pero de eso hacía mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Desde que Julio César dirigió el destino del Mundo, no ha tenido Roma un emperador más augusto y devoto que el que encierra mi persona. Ocho centurias han conseguido la perfección y yo os digo desde aquí que el porvenir nos augura una época de esplendor como nunca antes había conocido la civilización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ocho siglos! ¿Cómo que ocho siglos? De primeras, su cabeza no alcanzaba a entender la verdadera profundidad de las afirmaciones de aquel “emperador”. Además, ¿Julio César emperador? Le estaban tomando el pelo. Lo que no se le escapaba es que podía estar siendo testigo de algo que no existía aún. ¡Él no era incorpóreo! ¡Era la realidad que le rodeaba la que aún no había acontecido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salio a toda velocidad de la cámara donde se encontraba la corte y huyó desesperadamente sin tomar rumbo fijo. Se adentró más en la niebla, cuando un olor a carne asada. ¿Tenía hambre? No le parecía. Desde que estaba en esta situación, no había probado bocado ni bebido agua alguna. Por esa razón, y por no saber dónde más ir, se acercó a la fuente del humo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontró un poblado coronado por otro edificio en forma de basílica. Las calles estaban desiertas y optó por acercarse al centro de la población cuando vio una escena espeluznante. Un hombre vestido con túnica negra, parecido al que había visto con Carlomagno, blandía un pliego de hojas de papel mientras profería en un tono amenazador, consignas que sus correligionarios parecían entender y corear. En el centro de la plaza, una enorme hoguera prendía un fuego que rodeaba a un mástil de madera en el que una mujer, claramente torturada, iba a ser asada viva. El populacho bramaba extasiado ante la escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la puerta del edificio leyó en números romanos “mil trescientos trece”. Había pasado medio milenio desde lo que acababa de ver. Entonces escucho al sacerdote enunciar una plegaria y la entendió al estar burdamente en latín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Señor, apiádate del alma de esta pecadora, que espía sus pecados en el fuego purificador. Perdona sus afrentas y llévala a tu gloria. Porque es una hereje que te ofende y nosotros tus siervos que erradicamos las blasfemias que profieren nuestros enemigos, inspirados por el diablo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De qué señor hablaban? Otra vez la cruz presidía las acciones de los galos. ¿Cuál sería su nuevo dogma? Pero algo le intranquilizó definitivamente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— … y nosotros le venceremos, nosotros, la Iglesia Romana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caius había comprendido por fin. No estaba viendo su historia, sino la futura. Estaba en la Galia, pero no en su Galia, sino en la futura. Y los Galos del futuro eran Romanos, pero no adoraban a Júpiter, sino a un señor que se asociaba a la tortura de la cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconcertado, abandonó el pueblo y se dirigió de nuevo a la niebla con la esperanza de poder volver a su cuerpo, a su Roma, a su tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó mucho tiempo por un sendero, hasta que dio con un enorme edificio que se le antojó un palacio, rodeado de setillos como nunca había visto antes. Era una construcción muy parecida a la de los edificios más lustrosos de Roma. Los jardines dibujaban con plantas figuras geométricas perfectas. Cada pocos pasos, una fuente de sorprendente versatilidad soltaban agua de figuras maravillosamente labradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando vio a una mujer y se quedó petrificado. Era una muchacha de apenas veinte años, pero tenia el cabello totalmente canoso y las posaderas abultaban como las de una vaca. Llevaba una vestimenta rica en detalles bordados y joyas que la colgaban de las orejas y del pecho. ¿Qué magia había convertido a esa joven en una anciana? La vio correr cuando un caballero, también joven y también canoso apareció en la escena y salio tras ella. El chico le dio alcance y se revolcaron en el suelo. Como la falda de la mujer tenía esa extraña forma, no pudieron dar vueltas libremente. La curiosidad pudo más que la cautela y Caius se aproximó todo lo que pudo. Aún no tenía asumido que no le veían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni una palabra pudo entender. Ella se llamaba Maria Antonieta y él Mi Señor, o algo así. Cuando estaban a punto de consumar el acto, un sirviente se les acercó, con su traje rojo y su pelo también canoso. Algo les dijo y se incorporaron. El joven se acicaló lo mejor que pudo y salió al paso de su criado. Caius les siguió, aunque no sabía si admirar a la joven. A pesar de haber sido aviejada hasta el punto de haber perdido el color de la piel y el pelo, sustituyéndolo por una palidez enfermiza, le resultaba una joven interesante, incluso atractiva. Pero la intuición le hizo abandonar sus instintos y seguir a los dos hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entraron en la casa que suponía era un palacio y atravesó pasillos y estancias lujosamente ornamentados. En una de las salas había un trono (por lo que aquello era sin duda un palacio) y el joven se sentó. No le había parecido a Caius en ningún momento un monarca. Él estaba acostumbrado a los gobernantes guerreros y no a los patricios acomodados. En la sala aguardaba un hombre vestido de pies a cabeza con una túnica púrpura. Su cabeza la cubría un minúsculo gorrito del mismo color. Las barbas de todos los presentes eran ralas y muy cuidadas. Los criados carecían de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rey dijo algo y los súbditos abandonaron la estancia. Ambas personalidades hablaron. La cruz del pecho del hombre vestido con túnica denotaba que era miembro de aquella extraña religión que había visto. Aguantó un tiempo la conversación, pero se le hacía tedioso el no entenderlos por lo que decidió abandonar la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tuvo que detener su camino. En un momento, el sacerdote empezó a mezclar palabras en ese idioma que no entendía con el latín. ¡Aquellos hombres, aquel monarca, eran romanos! Dedujo por unos textos escritos en los tapices con caracteres latinos, que a él o a algún otro le llamaban Rey Sol. El culto incluía, por lo visto, viejos dioses. Miró detenidamente la estancia y pudo comprobar que las figuras religiosas que él conocía seguían estando presentes. Un Hermes de metal presidía una esfera en la que se encontraban escritos en romano los números del uno al doce. Una escena en un gran lienzo representaba a Hércules contra el león. Cupido presidía el rincón de la sala. Aquello era Roma. Roma con la cruz como símbolo central. No lo entendía y salió de la sala, apenado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió del palacio y poco después oyó un tumulto. Se dirigió a él y vio una enorme plaza presidida por un curioso artilugio. Su forma en ele se volvió siniestra al verla rematada con una enorme cuchilla. El joven que hacía un momento se había sentado en el trono, permanecía de pie con las manos atadas a la espalda. Le obliga un verdugo a agacharse y meten su cabeza entre maderas. Cuando Cauis suponía que lo que iba a pasar es que le iban a dejar allí como escarnio, sin agua ni comida, como tenían costumbre con los prisioneros galos, la cuchilla cayó y seccionó el cuello, separando la cabeza del tronco. La cabeza decapitada se depositó en un cesto colocado a la cabecera de aquel engendro a tal menester. Un chorro de sangre salió por donde antes estaba la garganta y tras unos espasmos el cuerpo paró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Se habían vuelto locos! Los Galos del futuro iban a adorar a la muerte cruel y de todo ello tenía la culpa Julio César. Todos los reyes se habían hecho eco de él a lo largo de los siglos y no podía tolerar que la civilización romana llegase a tal extremo. Caius era romano, pero antes lusitano y en las costas del Atlántico se apreciaba la vida. No podía permitir que aquella crueldad se apoderase de sus gentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió al camino alocadamente, sin dilación y se arrojó a la niebla. En su huída desenfrenada dio con una caseta de la que salían voces y gritos lastimeros. Entró y en un camastro encontró su cuerpo tendido. De un salto, entró en él de cabeza y despertó. Estaba vestido y podía ver sus manos. Un legionario se percató de sus movimientos y avisó a un curandero para que le atendiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendría su oportunidad. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-3783069303421449740?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/3783069303421449740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=3783069303421449740&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/3783069303421449740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/3783069303421449740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-02-07.html' title='Siete de febrero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pM5zAL5KI/AAAAAAAAABE/s6D-Omq8kZU/s72-c/Roman.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-3944750396829776151</id><published>2008-03-13T14:34:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:55:40.566+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='11 La importancia de llamarse Óscar'/><title type='text'>Treina y uno de enero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pOEjAL5LI/AAAAAAAAABM/mH1oZbQJBrk/s1600-h/Wilde.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177536561638270130" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pOEjAL5LI/AAAAAAAAABM/mH1oZbQJBrk/s320/Wilde.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La importancia de llamarse Óscar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De lo que no se sabe, mejor callar.&lt;br /&gt;L. Wittgenstein&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;(Sintonía estridente de programa televisivo).&lt;br /&gt;(Plano general del plató – Plano general de las gradas con público entusiasta aplaudiendo).&lt;br /&gt;(La sintonía y los aplausos terminan – Fade off).&lt;br /&gt;(Primer plano con travelling hacia el presentador).&lt;br /&gt;(Y tres, dos, uno).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Buenas noches, queridos amigos! ¡Una noche más con ustedes, Rigoberto Picaporte, el reportero de mucho porte, en Ajoblanco, su programa favorito de las noches del sábado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Aplausos y Sintonía breve).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Hoy, como no podría ser menos, tenemos a todos los famosos de nuestro país y del extranjero. ¡La más rabiosa actualidad del mundo del corazón! Vamos ya con nuestro sumario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Cambio de escena – Animación CGI con la mascota del programa: Ajito).&lt;br /&gt;(Cartelera con voz en off: “Empezamos ya con la entrevista al renombrado y polémico escritor Óscar Wilde. Después haremos un reportaje monográfico de los pintores impresionistas franceses. ¿Modernidad o timo? Para terminar, contaremos con la inestimable colaboración de nuestros colaboradores, el Reporter Tribulete, Doña Urraca y Anacleto, paparazzi secreto, pasando revista a la actualidad de nuestros famosos. En la actuación musical, los inclasificables Erik Satie y los Gymnopedios. ¡Que lo disfruten!”).&lt;br /&gt;(Aplausos del público – Sintonía breve).&lt;br /&gt;(Paso de nuevo a Rigoberto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Bien, empezamos recibiendo a nuestro invitado de la noche! ¡Señoras y señores: Oscar Wilde!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Aplausos y sintonía breve).&lt;br /&gt;(El invitado se presenta con traje morado. Pañuelo verde alrededor del cuello y en la solapa de la chaqueta. Zapatos de punta. Lleva sombrero tocado con una pluma de pavo real).&lt;br /&gt;(Rigoberto se levanta y le ofrece la mano amistosamente a Óscar. Ambos se funden en un cerrado abrazo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Buenas noches, Óscar! Me permitirás el tuteo, ¿verdad? ¡Bienvenido a nuestro programa!&lt;br /&gt;— Buenas noches Señor Picaporte ¡Perdona! ¡Rigoberto! ¡No te había reconocido: he cambiado mucho!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Risas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Ahora quisiera poner en antecedentes a nuestro público. A raíz del estreno de su última obra, “La importancia de llamarse Ernesto”, el Marqués de Queensberry montó un sonoro escándalo, acusando a nuestro invitado de… digámoslo con sus propias palabras… ¡Somdomita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Murmullo del público, varias risitas aisladas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Después, nuestro invitado llevó a los tribunales al Marqués, pero se desestimó la causa y ahora se encuentra acusado de “tosca indecencia”. La causa será el próximo día tres y nosotros, siempre con la más rabiosa actualidad, queremos adelantarnos y conocer de primera mano las opiniones del más insigne y sin duda polémico escritor irlandés.&lt;br /&gt;— Disculpe, pero hace muchos años que vivo en Londres y me considero más un escritor de la City que de provincias.&lt;br /&gt;— ¡Claro, claro! Dinos, Óscar, ¿cómo lleva tener una causa judicial tan sumamente – cómo diría yo – candente con enemigos tan significativos?&lt;br /&gt;— Pues perdonándoles, ¿cómo no? No hay nada que les enfurezca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Risas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Desde hace tiempo se considera que tus obras son de dudosa moralidad. Hace tiempo que estás en la palestra de las asociaciones más conservadoras de Inglaterra. Está claro que eres un autor para amar o para odiar. ¿Cómo te sientes con estas críticas?&lt;br /&gt;— Pues, la verdad es que no me sorprende. Estoy acostumbrado. Mi carrera siempre ha sido así, incluso mis obras para público infantil han sido tratadas de obscenas. El mundo llama inmorales a los libros que explican su propia vergüenza y no me arrepiento de ninguna de mis obras. Muy al contrario. Las considero pertinentes en grado sumo.&lt;br /&gt;— También critican por tu indumentaria, aunque nosotros no podríamos hacerlo, porque siempre te hemos votado como el hombre mejor vestido del año.&lt;br /&gt;— ¡Muchas gracias, Rigoberto! Siempre he considerado que ser natural es la más difícil de las poses. Pero, después de todo, ¿qué es la moda? Desde el punto de vista artístico resulta una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Risas y aplausos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Parece ser que los abogados de la acusación tienen preparo una serie de alegatos virulentos y difíciles. Esperamos que su abogado sea capaz de campear con las acusaciones. ¿No es así, querido Óscar?&lt;br /&gt;— Esto no es ficción, sin duda. En los libros, los buenos terminan felices mientras que los malos son desgraciados. No es así en la vida real. Además es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es tan sólo encantadora y aburrida.&lt;br /&gt;— ¿Cómo te ves ahora, en estas circunstancias tan terribles? Sabemos que muchos amigos te arropan.&lt;br /&gt;— ¡No son tan terribles! Confío en poder salir indemne de la causa. La verdad es que no puedo contar con muchos amigos. Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, sobretodo si viste tanto como ser hoy mi “amigo”. Simpatizar con los éxitos requiere de una naturaleza delicadísima. A veces pienso que el número de los que nos envidian confirma nuestras capacidades.&lt;br /&gt;— Pues, Óscar, las tuyas deben ser muchas, porque el número de tus enemigos es grande y poderoso. El castigo que contempla la causa con respecto a la gravedad de las acusaciones es muy “fueerrtee”.&lt;br /&gt;— Ya lo sé, y no deja de preocuparme. Desde aquí hago un llamamiento para aliviar la condena a los Uranistas que se encuentran en prisión haciendo trabajos forzados, cosa terriblemente inapropiada, porque el trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer. Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos. He aquí un pensamiento para los legisladores.&lt;br /&gt;— ¿Cómo consideras al Marqués de Queensberry, Óscar?&lt;br /&gt;Pues te diré que un cínico es un hombre que sabe el precio de las cosas e ignora aún el valor de una sola. Y el Marqués ignora qué es el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Aplausos, el presentador interrumpe).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y qué es el amor, Óscar? ¿Qué es “el amor que no osa decir su nombre”?&lt;br /&gt;— En la actualidad debe considerarse como el afecto que un varón experimentado le demuestra a un joven. Es un afecto puro y perfecto, patrón de grandes obras artísticas. Debemos mantener en secreto su nombre por vergüenza, como Lord Voldemord en las novelas de Harry Potter. Es por él por lo que voy a ser encausado. Su belleza es refinada y la más noble de las demostraciones de cariño. Nada en él es antinatural. Su naturaleza es de orden intelectual, saliendo el joven amante el más beneficiado con la relación al presentarse ante él todas las alegrías, esperanzas y, ¿por qué no decirlo? el glamour de la vida. De lo que no me cabe duda es que el mundo no está preparado para este amor y por eso hace escarnio de él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Aplausos, algunos miembros del público se muestran enfadados con el invitado – Sintonía breve).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— De todo esto que nos dices, parece que, según tú, un hombre no pudiera ser feliz con una mujer.&lt;br /&gt;— No es cierto que diga eso. Sólo que sólo se es feliz con una mujer si no la amamos. Siempre he dicho que entre un hombre y una mujer no puede haber una relación de amistad. De amor, de odio, de lo que sea. Pero nunca de amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Murmullos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Menuda idea!&lt;br /&gt;— El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expone.&lt;br /&gt;— ¡En fin! Toda tu vida parece haberse rodeado de la polémica. Siempre te han tachado de afeminado y extravagante. ¿Qué opinas?&lt;br /&gt;— Vivir es lo más raro de este mundo, Rigoberto, pues la mayor parte de las personas no hacemos otra cosa que existir. A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y de pronto toda nuestra vida se concentra en un instante. Pues bien. Yo pretendo vivir el momento sin renunciar a nada. Todo hay que saber disfrutarlo …y amarlo, tú me entiendes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Óscar le guiña el ojo a Rigoberto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Me parece que eres un pelín viciosillo! ¿Eh, ladrón?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Risas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Me minusvaloras Rigoberto! Los placeres sencillos son el último refugio del hombre complicado, y yo me considero… por lo menos… poliédrico.&lt;br /&gt;— ¿No será que tienes mucho teatro?&lt;br /&gt;— No, yo soy sencillo en mi complicada naturalidad. Claro está que no pretendo aparentar. Aunque el mundo sea un teatro, no debemos fingir. Ya hay demasiados actores deplorables en el drama de la vida como para añadir uno más.&lt;br /&gt;— Para terminar, Óscar, respóndeme a esta última pregunta. ¿Te consideras un hombre experimentado en ese tipo de amor?&lt;br /&gt;— ¡No, por favor! Uno ha hecho muchas cosas en la vida, pero la experiencia no es un grado. Es, más bien, el nombre que le damos a nuestras equivocaciones. Pero, si quieres que te responda a esa pregunta, lee entre líneas esto que te digo: puedo resistirlo todo, excepto la tentación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Risas – Sintonía larga).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Ja, ja, ja! ¡Muchas gracias, Óscar, por haber venido y mucha suerte en los tribunales!&lt;br /&gt;— ¡A ti, Rigoberto, a ti! &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-3944750396829776151?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/3944750396829776151/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=3944750396829776151&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/3944750396829776151'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/3944750396829776151'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-01-31.html' title='Treina y uno de enero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pOEjAL5LI/AAAAAAAAABM/mH1oZbQJBrk/s72-c/Wilde.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-6053836180872555817</id><published>2008-03-13T14:31:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:55:14.861+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='10 El regreso del Caballero de la Triste Figura'/><title type='text'>Diecisiete de enero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pPOjAL5MI/AAAAAAAAABU/46M1JlKLrsA/s1600-h/Don+Quijote.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177537832948589762" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pPOjAL5MI/AAAAAAAAABU/46M1JlKLrsA/s320/Don+Quijote.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El regreso del Caballero de la Triste Figura.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Sobre la azotea de un edificio modernista de la Diagonal de Barcelona se recorta la silueta de un superhéroe tocado con el Yelmo de Mambrino. Es el singular Caballero de la Triste Figura. Una segunda figura se le acerca sigilosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Shang-Chi, te recuerdo que no debieras acercarte a mí si avisar tu presencia o podría confundirte con un adversario. ― dijo el Caballero.&lt;br /&gt;― Desde que me conoces sabes perfectamente quién soy. La situación es grave y no tengo tiempo de formalismos. Actúa bien y deja la palabrería al charlatán.&lt;br /&gt;Un SuperCaballero de mediana edad, vestido con un traje negro de marcado carácter oriental, con un dragón en forma de “ese” en el pecho se acerca al Caballero de la Triste Figura. En el fondo, la ciudad marca sus tiempos pausadamente, con los vehículos al fondo formado serpientes de color rojo. El bullicio no es implacable y permite a los dos héroes hablar con tranquilidad.&lt;br /&gt;― Eres la única persona en la que aún puedo confiar. Frestón el Mago nos la ha jugado bien y es probable que no salgamos de esta, viejo amigo. Por eso te pido que extremes la cautela.&lt;br /&gt;― Frestón nos ha vendido a todos ― dice el Caballero. Ha matado a Dulcinea y ha puesto a la Liga de SuperCaballeros y por ende a todo el país en nuestra contra. Las murallas temen al hombre que escarba sin prisa.&lt;br /&gt;― Ha sido más listo de lo que esperaba. Desde que me retiré no habíamos oído nada de él ni sabíamos de su paradero. Todo este tiempo ha estado gestando su golpe maestro y está a punto de triunfar.&lt;br /&gt;― Ni siquiera el Bálsamo de Fierabrás ha servido para que los Micomicones hayan sucumbido ante el ejército de Molinos Mecánicos. Todos han sido detenidos o eliminados. Nada podemos hacer contra el enemigo que no da cuartel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Caballero de la Triste Figura lleva una cota de mayas y en el pecho una armadura de placas plateada, muy poco brillante por lo que tiene de gastada. El Yelmo es dorado, recordando a un casco espartano, con un penacho de plumas que lo remata. Ambos hombres se miran con el ánimo apesadumbrado y preocupados, muy preocupados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía un par de meses que el Gobierno de España, aconsejado por los actuales líderes de la Liga de SuperCaballeros, Maese Pedro y Altisadora, optó por registrar a todos los Superhéroes y contar con ellos para el servicio público de defensa. A la primera llamada se alistaron muchos héroes como Camacho Man y Lady Quinteria, aunque su compañero MegaBasilio se negó y se encuentra el rebeldía. También antiguos villanos, con el reclamo de borrar sus expedientes policiales optaron por registrarse. Es el caso de Carón y sus Cortes de la Muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche de verano, el mar dejaba un ambiente húmedo y caluroso. Al Caballero, acostumbrados a los rigores de La Mancha, el lugar donde tenía en el pasadosu ámbito de actuación, la armadura se le pegaba al cuerpo y le provocaba un sudor pastoso. Lo aguantaba con estoicismo. Shang-Chi, llevaba unas telas más acordes con la estación y con las condiciones de la ciudad, pero aún así estaba sudoroso por la tensión del momento.&lt;br /&gt;― Tú estabas cuando abatieron a Durandarte, ¿verdad, Shang-Chi? ― afirmó Triste Figura.&lt;br /&gt;― Sí. Declararse en rebeldía fue muy valiente por su parte, le obligó a enfrentarse al Caballero de los Espejos. Y a Maese Pedro.&lt;br /&gt;― ¡Ah, Maese Pedro!&lt;br /&gt;― Pero fue el Caballero de los Espejos el que atrapó en una realidad alternativa a Durandarte.&lt;br /&gt;― Y cuando este consiguió zafarse del ataque enemigo, ― dijo el Caballero― Maese Pedro dio vida a sus malditos muñecazos, derrotando al Caballero, que ya se encontraba en las últimas.&lt;br /&gt;― Pero tú sabes, Alonso, que su muerte fue un mazazo para las conciencias españolas.&lt;br /&gt;― Aquí no se hace cargo nadie de nada, Shang-Chi. El único que llevó el peso de la culpa fue el Caballero de los Espejos, y nadie sabe de su paradero. Pero yo sí, amigo Shang-Chi, y por eso he decidido volver a la vida activa; para enfrentarme a nuestros antiguos camaradas, que se han dejado engañar ingenuamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sirena de ambulancia se oía en la lejanía. Llevaría a alguien a quien en otro momento hubieran ayudado caballerosamente y sin dilación, pero hoy no. Hoy es el momento de desenmascarar una trama que había llegado en sus ramificaciones más señeras al Gobierno de la Nación y que había emponzoñado a la opinión pública. Aquellos SuperCaballeros que antes eran bien recibidos por todos, ahora eran mirados con recelo, sospecha o abierta animadversión.&lt;br /&gt;― Como te decía, yo estuve con Durandarte el día de su muerte ― Shang-Chi acariciaba una figurita con forma equina ― pero nada pude hacer. Durandarte exhaló su último suspiro en mis brazos, no sin antes entregarme su talismán, el “rucio”. Con él seré capaz de enfrentarme a adversarios más poderosos que yo, al conferirme una resistencia sobrehumana. Con mis poderes y los del “rucio”, los SuperCaballeros van a tenerlo difícil.&lt;br /&gt;― No seas tan confiado, Shang-Chi. Yo también cuento con la magia del Yelmo que arrebaté al Mago Malambruno en singular combate y que me permite proyectar mi fuerza en un rayo demoledor e invocar a Rocinante, el azote del mal. Pero, aún así no lo tenemos fácil. Somos una fuerza difícil de vencer, pero no invencible.&lt;br /&gt;― Entonces, ¿cuál es tu estrategia? Dime lo que tienes pensado para que pueda ayudarte a derrotar a Frestón.&lt;br /&gt;― Primero debemos enfrentarnos a Ginés de Pasamonte y los Galeotes. Siempre ha sido un Archivillano enemigo de la Liga, pero ahora trabaja para ella. Y creo que no tardaremos mucho en entrar en conflicto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto. De entre las sombras un ejército de zombies, los Galeotes, se aproxima a toda velocidad a nuestros dos amigos. El hedor era nauseabundo. Cuerpos ligeramente vestidos y que dejaban aflorar heridas mortales de necesidad entre el amasijo de carne que se erguía ante los dos Caballeros. Muy al contrario del saber popular, los zombies son seres muy rápidos y letales cuando llegan a morder a una víctima, transmitiéndoles como la rabia la enfermedad que más tarde le convertiría en zombie.&lt;br /&gt;― Prepárate para el enfrentamiento ― dijo Triste Figura mientras aguardaba la carga inicial.&lt;br /&gt;Con un movimiento decidido, el Caballero arranca de cuajo el brazo de un galeote.&lt;br /&gt;― Rocinante, yo te invoco.&lt;br /&gt;En ese momento un corcel alado se materializa frente al Caballero de la Triste Figura y arremete al galope contra los zombies. Rocinante arroya a un par de zombies que se encontraban en su trayectoria.&lt;br /&gt;Shang-Chi, maestro del Kung-Fu se defiende a una velocidad vertiginosa del ataque coordinado de tres zombies, a los que reduce instantáneamente de un solo golpe de alta precisión.&lt;br /&gt;― Por el poder del “rucio”. ― Grita Shang-Chi mientras agarra firmemente con su mano derecha el talismán de Durandarte, golpeando con él a otro zombie que le atacaba por la espalda. El zombie queda reducido a pedazos, salpicando la azotea de restos humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Detrás de la chimenea! ― grita Triste Figura. ¡He visto al Batán!&lt;br /&gt;Batán, un viejo camarada que ahora trabaja para el Gobierno en la campaña de registro, se iba a medir con ellos.&lt;br /&gt;― ¡Shang-Chi, Trataré de evitar un enfrentamiento mortal! ― en ese momento, el Caballero le lanza un rayo iridiscente como la electricidad en un tubo de neón.&lt;br /&gt;Batán es más hábil que los zombies y lo esquiva. De un salto de más de diez metros, llega a donde se encuentra el Caballero y le propina un tremendo golpazo con su puño energético, proyectando a Triste Figura unos metros para atrás. En todos los impactos saltaron chispas. Un olor a chamuscado impregna el ambiente.&lt;br /&gt;― ¡Maldito viejo! ― le espeta Batán. ― ¿Cómo te atreves a enfrentarte a la Liga? ¡Tenemos una ley que hacer cumplir y ningún carcamal nos lo va a impedir!&lt;br /&gt;De un resuelto gesto, el Caballero se incorpora y decide ser menos condescendiente con su rival.&lt;br /&gt;― ¡Rocinante, acude a mí! ― invoca el Caballero.&lt;br /&gt;Mientras el Batán lo esquiva, Triste Figura le lanza un segundo rayo que, este sí, el SuperCaballero no logra evitar. El batán yace en el suelo. El caballero se acerca y le toma el pulso.&lt;br /&gt;― Vive. Menos mal ― dice para sí el Caballero.&lt;br /&gt;Shang-Chi sigue su desigual batalla con los zombies hasta que termina de destrozar al último. Es ahora cuando el Caballero de la Triste Figura y Shang-Chi se enfrentarán, posiblemente de manera definitiva, a Ginés de Pasamonte.&lt;br /&gt;― ¡Os voy a moler a palos, imbéciles! ― Ginés lleva en sus manos una cadena fulgurante que destroza todo lo que golpea. La hace dar vueltas sobre su cabeza para luego arrojarla contra los dos héroes. Viste una casaca de cuero de la que cuelga un jubón y calza unas sandalias atadas hasta la rodilla.&lt;br /&gt;― ¡Rápido, maniobra de división! ― grita el Caballero. Amo y escuerdo saltan en direcciones opuestas, tal y como lo habían entrenado mil veces con anterioridad. La cadena golpea el techo y caen cascotes de la azotea a la calzada. Abajo un número creciente de curiosos se agolpa.&lt;br /&gt;― ¡Shang, detén a Ginés mientras evito que los de abajo mueran aplastados! El Caballero lanza sus rayos con toda celeridad, dando cada uno en un blanco y fulminando los trozos de azotea que pueden terminar aplastando a los transeúntes.&lt;br /&gt;― ¡Ah, esta es vuestra debilidad! ¡Siempre los malditos héroes pensando en el bien común! ¡Ahora veréis! Ginés lanza su cadena una vez más, pero esta vez contra la cornisa del edificio de enfrente. Hasta Shang-Chi tiene que desistir de atacarle para evitar la lluvia de escombros. Una vez más arremete Ginés contra la cornisa, pero esta vez recibe un rayo del Caballero.&lt;br /&gt;― ¡Cambio de estrategia! ¡Abajo se las apañarán, Shang-Chi! ¡No dividamos nuestra atención ni nuestras fuerzas! ¡A toda máquina contra Ginés!&lt;br /&gt;Shang-Chi, de un tremendo salto avanza hacia Ginés y le golpea repetidamente. Los puñetazos y patadas deforman el cuerpo del SuperVillano. Trazas de sangre y saliva saltan por doquier.&lt;br /&gt;― ¡Esto por Crisóstomo, Marcela y Ambrosio! ¡Nunca tenías que haberles tocado un pelo y menos aún matarles! ¡Te voy a aplastar! – Shang-Chi estaba colérico. Parecía haber perdido la razón y golpeaba a Ginés sin compasión. Luego dejó de fustigarle.&lt;br /&gt;Ginés se levantó, retirándose con el antebrazo un leve reguero de sangre que le salía de la boca.&lt;br /&gt;― ¿Esto es lo mejor que tienes que ofrecer? ¡No serías capaz de reventar ni a unos pellejos de vino! ¡Te voy a dar lo que mereces, karateca de pacotilla!&lt;br /&gt;― ¡No tan deprisa! ― dijo Triste Figura. Ahora te vas a medir conmigo. ¿Te acuerdas de lo que te hice en la cueva de Montesinos?&lt;br /&gt;En ese momento, la expresión del rostro de Ginés de Pasamonte cambió y el cuerpo se le quedó rígido.&lt;br /&gt;― ¡Rocinante, yo te invoco!&lt;br /&gt;Una docena de rayos acompañaron al corcel. La cadena se cayó de las manos a Ginés y este quedó aplastado contra un muro. Estaba fuera de combate. Un tremendo socavón se produjo y salió un chorro de fría agua a presión de una tubería de calefacción central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos caballeros estaban de rodillas, apoyando el peso de su cuerpo sobre sus brazos y con la columna vertebral encorvada. Pocas fuerzas les quedaban, pero no podían dejar para mucho más tarde el enfrentamiento final. Jadeaban y algo de sangre acompañaba a los escupitajos que echaban. La respiración era rápida y entrecortada. Al fondo, el fulgor de las luces de la ciudad.&lt;br /&gt;― Ahora a por los importantes, Shang-Chi.&lt;br /&gt;― ¡No tan deprisa, Alonso! ― resonó una voz en la noche.&lt;br /&gt;― ¿Roque? ― preguntó el Caballero. ¿Roque Guinart, el moderno Robin Hood?&lt;br /&gt;― El mismo que viste y calza, amigo mío.&lt;br /&gt;― ¡Dichosos los ojos que te ven, Roque! ¡Tú tampoco te registraste!&lt;br /&gt;― No porque sabía que era una trampa de Frestón.&lt;br /&gt;― Entonces, ¿vienes con nosotros?&lt;br /&gt;― ¿A caso lo dudas? Pero te diré que lo mejor no es un ataque frontal. Hay que entrar por la puerta de atrás y yo sé cómo abrirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roque Guinart llevaba una capa de terciopelo negro con la que envolvía su cuerpo, al estilo de los bandoleros del siglo XVI. Cubría su cabeza con un pañuelo rojo y encima de él un sombrero de ala corta. Triste Figura sabía que a ambos lados del costado colgaban un par de cartucheras con pistolas de gran calibre.&lt;br /&gt;Una hora después estaban en la sede de la Liga de SuperCaballeros en Barcelona.&lt;br /&gt;― Ya estamos aquí, Shang, Alonso. ¡Este es mi plan! ― y sin dar tiempo a nada, cogió el pomo de la puerta trasera y con una fuerza sobrehumana lo forzó para dejarla abierta de par en par.&lt;br /&gt;― ¡Voy a hacer cantar a mis pistolas! ― dijo mientras sacaba una mágnum de calibre cuarenta y cinco, disparando al mismo tiempo. Un montón de soldados de los cuerpos especiales del Gobierno Español esperaban su cambio de turno, con lo que recibieron el asalto con sorpresa.&lt;br /&gt;― ¡Nos atacan! ¡Posiciones de asalto! ― el capitán de la guardia dio la instrucción. Los soldados estaban muy bien entrenados y pronto se dispusieron a devolver el ataque desde unas posiciones más ventajosas.&lt;br /&gt;― ¡Maldita sea, Roque! – dijo el Caballero y se entregó de lleno al combate.&lt;br /&gt;― ¿Este es tu concepto de estrategia? ― dijo Shang-Chi. ¡Ahora ya saben que estamos aquí!&lt;br /&gt;El tiroteo impedía que ninguno de los dos héroes pudieran entrar en combate cuerpo a cuerpo, por lo que, mientras Roque Guinart disparaba sin parar, ellos hacían uso de sus superpoderes para repeler los proyectiles primero y luego lanzar algún ataque. Rocinante volvía a ser invocado y Shang-Chi conseguía que las balas le rebotasen gracias al talismán. Pero ambos se estaban agotando y lo sabían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Les estamos derrotando, sólo queda uno! ― dijo Roque.&lt;br /&gt;― Me rindo ― se oyó una voz. Era un soldado.&lt;br /&gt;― Encárgate de tus compañeros, no quiero que muera ninguno. Llama a los paramédicos ― dijo Triste Figura.&lt;br /&gt;― Si señor, señor.&lt;br /&gt;El espectáculo era desolador. Media docena de soldados yacían inconscientes mientras otra media trataba de incorporarse o auxiliar a los suyos. Habían destrozado el hangar y las cajas habían sido abiertas a tiros, por lo que el suelo estaba lleno de astillas y restos de madera humeante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Avancemos rápido! ― dijo Shang-Chi.&lt;br /&gt;― ¡No será necesario! Aquí nos tenéis.&lt;br /&gt;De la penumbra salieron dos figuras. Una, la de un mago vestido con túnica púrpura y cachirulo puntiagudo. La otra, un caballero enfundado en una armadura con una media luna en el pecho.&lt;br /&gt;― ¡Frestón y el Caballero de la Blanca Luna! ― dijo Triste Figura.&lt;br /&gt;― ¡No rebuznaron en balde! El uno y el otro alcalde ― dejó escapar Shang-Chi.&lt;br /&gt;― ¡Gracias, Roque, ya no es necesario que sigas con la farsa! ― dijo Frestón.&lt;br /&gt;― ¡Gracias a usted, excelencia! ― dijo Roque Guinart y se retiró del lado de los dos héroes.&lt;br /&gt;― ¿Cómo has podido, Roque? ― el Caballero no daba crédito a la traición.&lt;br /&gt;― ¡Y no es que esta sea la última sorpresa de la noche! ― dijo el Caballero de la Blanca Luna mientras se quitaba el yelmo.&lt;br /&gt;― ¡Sansón Carrasco! ― gritó Shang-Chi. Pero si tú eras el Caballero de los Espejos.&lt;br /&gt;― Siempre ha sido un agente de Frestón, Shang-Chi. Ya lo sospechaba ― dijo el Caballero.&lt;br /&gt;Estaba todo dispuesto para el último combate de la noche. Pero estaban agotados y los ataques continuados que les propinaron Frestón y el Caballero de la Blanca Luna acabaron con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;El Caballero de la Triste Figura permanecía tendido en el suelo, herido de muerte cuando Altisadora, la alta comisionado de la Unión Europea para el Registro de SuperCaballeros y subcomandante en jefe de la Liga de SuperCaballeros hizo acto de presencia.&lt;br /&gt;― ¿Qué te ha hecho caer tan bajo, Alonso? Cuando sabes que Frestón está detrás de todo, orquestándolo, tú optas por atacar, aún sabiendo que no tenías nada que hacer.¡Eres un Quijote! ¿Lo sabías?&lt;br /&gt;Es justo en ese momento cuando Alonso Quijano muere en manos de Altisadora.&lt;br /&gt;― ¡Ya esta hecho, mi señor! ― dice Altisadora. Nada impide que os hagáis con el poder mañana mismo, si lo deseáis.&lt;br /&gt;― ¡Noooo! ― Shang-Chi, mal herido, se incorpora y de un salto, propina un monumental golpe a Altisadora que la deja inconsciente. Coge el Cuerpo inerte y ya sin vida del Caballero de la Triste Figura y llora.&lt;br /&gt;― ¡Prometo que te vengaré! ― grita Shang-Chi, quitándole el Yelmo y huyendo a toda velocidad.&lt;br /&gt;― ¿Le persigo mi señor? ― pregunta Sansón Carrasco.&lt;br /&gt;― No es necesario. Ya está derrotado. Vamos a dedicarnos a otros menesteres. Atiende a Altisadora. Mañana, como dice dominaremos el Mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde lo alto de un edificio se divisa la silueta de un SuperCaballero. Es Shang-Chi, que ahora porta el Yelmo de Mambrino. Esperará un tiempo para recuperarse. Después tiene una cuenta pendiente con Roque Guinart, con Sansón Carrasco y por último, con el mismísimo Frestón.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-6053836180872555817?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/6053836180872555817/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=6053836180872555817&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/6053836180872555817'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/6053836180872555817'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-01-17.html' title='Diecisiete de enero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9pPOjAL5MI/AAAAAAAAABU/46M1JlKLrsA/s72-c/Don+Quijote.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-9193454819058070284</id><published>2008-03-13T14:30:00.002+01:00</published><updated>2008-03-16T23:54:37.028+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='09 La Chari y la Choni se lo montan chachi'/><title type='text'>Diez de enero de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qnbzAL5OI/AAAAAAAAABk/fGoT-RtvKcY/s1600-h/Clown+Girl.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177634817605100770" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qnbzAL5OI/AAAAAAAAABk/fGoT-RtvKcY/s320/Clown+Girl.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La Chari y la Choni se lo montan chachi.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel domingo de verano había amanecido soleado. Una tenue lluvia había caído por la noche y el ambiente era húmedo. El olor de la tierra mojada acompañaba a una joven que esperaba a las puertas de la estación de Vicálvaro. Otra muchacha se le acercó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Joder, no veas si llegas tarde!&lt;br /&gt;― ¡Coño, es que ayer salí!&lt;br /&gt;― ¡No vamos a llegar! Si no fuese porque no me quedan más güevos que ir contigo.&lt;br /&gt;― ¡Anda, no te quejes tanto y tia pa’lante!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas muchachas descendieron por las escaleras. Las suelas se adherían a la rugosidad negra que impide los resbalones. Entraron y el mundo cambió. Un nuevo escenario se alzaba ante ellas. Era un espectáculo ver cómo todas las paredes se habían vestido de gala para ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Espera que me acabo el cigarrillo.&lt;br /&gt;― Un día te van a meter una multa por fumar dentro.&lt;br /&gt;― Ya lo sé. Pero déjame que me lo acabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Depositaron los cigarrillos semiconsumidos en un cenicero que recordaba vagamente a un reloj de arena y bajaron las escaleras mecánicas. El traqueteo del engranaje mecía a las dos muchachas con una canción rítmica que pocos escuchan, pero que es parte de la voz del metro, invitándote a entrar en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Llevas bonobús. Yo no, así que pícame.&lt;br /&gt;― ¡No te jode! Y de donde coños me saco yo el billete de vuelta.&lt;br /&gt;― No te preocupes, que algo sacaremos y a la vuelta te sacas otro.&lt;br /&gt;― Vale, pero me lo debes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Picaron sus bonometros y entraron en la estación. El perfume de los detergentes empleados por el servicio de limpieza engañaba a los sentidos. Parecían encontrarse en medio de una pradera. La luz acompañaba, recreando un ambiente irreal, casi soleado, que tenía detenido al tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Ah! ¡Ostias! ¿Sabes a quién vi anoche? A la Jenny. ¡Qué putón está hecha! Se había enrollado con un cansino de Vallecas y al final de la noche estaba liada con un negraca que lo flipas.&lt;br /&gt;― ¡Joder, las hay con suerte!&lt;br /&gt;― ¡Ya te digo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro tramo de escaleras y otra canción, esta vez más ronca y brusca, se desprendía de entre los peldaños. Llegaron al andén donde esperaba la comitiva de viajeros que acompañaría a las chicas en su trayecto. Pocos eran los usuarios que aguardaban al convoy en aquellas horas matutinas. Una docena, si acaso, contando los dos andenes. Chari y Choni se sentaron en el banco pétreo en el que aguardarían al último vagón del tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Joder, no hay ni dios! ¡Si es que somos unas madrugadoras! ¡Seguro que aún no han puesto ni el Retiro!&lt;br /&gt;― Sabes que hay que coger buen sitio, que los chinos nos quitan todo el espacio y no podemos luego hacer nada. Sólo hay un sitio bueno y no quiero perderlo. Anda y déjate de historias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando las puertas del vagón se abrieron, un tenue olor a goma quemada les recibió. Sólo tres personas ocupaban los asientos. Una señora mayor con su abrigo de pieles sintéticas que desprendía un aroma a almizcle. Se la veía muy arregladita, con un maravilloso cabello plateado, peinado con esmero y rematado por un pasador que tenía incrustado brillantes de bisutería. Un hombre mayor, de traje elegante pero raído, acompañaba a la mujer. Un bigotito estrecho demostraba parte de su rancio encanto que en otras épocas debió encandilar a sus amantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Pues, como te decía. La Jenny tiene que andarse con cuidadito, porque algún día le birla el novio a alguno y le ponen la cara del revés.&lt;br /&gt;― ¡Ya ves! A la Jessy la pillaron unas tías, porque a una le había robado el novio y le partieron la cara. ¡Que se joda, por zorrón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En frente de ambas muchachas, un adolescente de amplios pantalones daba la nota musical al trayecto. De los minúsculos cascos que tenía encajados en los pabellones auditivos salía una música lenta, de marcada pulsación y en la que apenas se podía vislumbrar la voz de un cantante de trova más hablada que entonada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Te has traído el Mp3?&lt;br /&gt;― No hace tiempo que se me jodió. Ahora escucho la música en el móvil. ¿Quieres que te pase algo?&lt;br /&gt;― Pues, no sé. La verdad es que hace tiempo que no oigo nada nuevo. Espera que activo el Bluetooth y me pasas algo.&lt;br /&gt;― Toma, mira, esta canción mola. Me la pasó mi novio hace una semana y está de puta madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que avanzaban en el trayecto, el vagón se iba llenando de viajeros. Pronto bajaron la parejita de ancianos del principio y sus asientos fueron ocupados por una familia de peruanos con sus niños, todos ellos engalanados de domingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Creo que este domingo vendrá mucha vasca.&lt;br /&gt;― Eso espero, que la semana pasada no sacamos ni veinte euros. ¡Joder, toda la mañana pa’ na’!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chari se entretenía mirando los graffiti de las paredes del vagón. Algún niño había dado con una figurita graciosa y la había reproducido varias veces en las puertas. Representaba una cara fumadora que enseñaba los dientes contenidos en una sonrisa burlona y los ojos mostraban cierto estrabismo al estar mirando ambos a lugares dispares. Con su mano, Chari tocó la rugosidad de un cristal rayado con una firma. Era áspero al tacto, pero al tiempo agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Queda poco pa’ llegar?&lt;br /&gt;― Sólo una estación y hacemos trasbordo.&lt;br /&gt;― ¡Puf! ¡Estoy matada! ¡A ver si llegamos ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estación de Príncipe de Vergara llegó y allí se bajaron del tren. Había mucha más gente que cuando tomaron el metro en Vicálvaro y se notaba en el bullicio. Una sonoridad informe de voces llenaba la concavidad de la estación y se mezclaba con el ruido de un nuevo convoy que acababa de llegar, en sentido contrario, a la estación. Subieron las escaleras, enfrascadas en su conversación y no prestaron la más mínima atención al muchacho keniano que estaba en un rincón colocando los DVDs pirateados en una sala de cine. Nadie entendería las voces allí grabadas, pero el chico haría negocio. Aún hay gente que cree que es lo mismo que verla en el cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Esta tarde iremos al cine.&lt;br /&gt;― ¿Y qué vais a ver?&lt;br /&gt;― ¡Puf! ¿Y yo qué sé? ¡Cualquier marcianada que le salga en los cojones a mi novio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un nuevo tramo de escaleras y una curva. La música se iba haciendo cada vez más clara, más definida. Era como si se acercasen a una fiesta, a la que hubieran sido invitadas sin ellas saberlo. Al final de la escalera mecánica, un violinista, posiblemente ucraniano, de rica y amplia formación deleitaba los oídos de los transeúntes que vagamente reconocían los sones de un Vivaldi enlatado sobre el que el viejo violín profería la melodía principal en tonalidades suaves, de perfecta ejecución. Ambas muchachas interrumpieron la conversación, posiblemente de manera inconsciente, para poder sentir aquel torrente de sonido que las embargaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Jo, mola!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron a un nuevo andén. Tuvieron que correr, porque allí les esperaba el metro. Como el novio que espera a su prometida a las puertas de la iglesia, el tren esperó a las jóvenes para que entraran en su interior, acogiéndolas de manera maternal, casi embrionaria y así poder entrar en el túnel-útero que las llevaría por fin a su destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Te has traído todos los trastos?&lt;br /&gt;― ¡Que sí, ostias! ¡Ni un puto día me he olvidao de na’ y tos los putos días me lo preguntas!&lt;br /&gt;― ¡Es que me jodería llegar aquí y que nos faltase algo! ¡Con lo que jode madrugar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pararon en la estación de Retiro. Los azulejos diseñados por Mingote habían dejado para siempre una bella idealización del parque que les aguardaba en la superficie. La triste sala de exposiciones, cerrada desde hacía meses y que tenía papeles por el suelo, que nadie había barrido y que nadie necesitaba que los barrieran. Las jóvenes se apresuraron a salir al exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Ahora, ¡a correr! ¡Que no nos quiten el sitio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A toda prisa llegaron al estanque del retiro. En el paseo, buscaron un hueco libre entre todos los puestos de pipas, los titiriteros, chinos que escribían cualquier nombre con caracteres coloristas y otros que te ofrecían masajes a módicos precios. Allí había hasta una pareja de novios disfrazados estrafalariamente y cantando canciones infantiles por lo que Chari y Choni pensaron que estaban haciendo una prueba para una despedida de solteros. Parecía que tenían mucho público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Monta el chiringuito, que yo reservo el sitio. ¡Date prisa, joder!&lt;br /&gt;― Que ya voy pesada. ¿No ves que no hay problema? Somos de las primeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás del pequeño apartadillo en el que se habían maquillado con polvos blancos y carmín rojo, salieron dos payasitos encantadores a los que aguardaba un público infantil de caras frescas y sonrientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Niños y niñas! ¡Pitufos y pitufinas! ¡Bienvenidos al show del Retiro! La Función va a comenzar, guardad silencio ¡o gritad con alegría! Porque…&lt;br /&gt;― ¡La chari y la Choni se lo montan chachi!&lt;br /&gt;― Había una vez un par de chicas en un apartado país que salieron al bosque con sus cestitas para dar caramelos a los niños…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pequeños aplaudieron la función con entusiasmo. Una pequeña lloraba. ¿Qué se le va a hacer? No a todo el público le gustan los mismos espectáculos. Los que nacen críticos teatrales son difíciles de contentar. A pesar de todo, las dos chicas estaban satisfechas y felices. No hay duda de que la Chari y la Choni se lo montan chachi.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-9193454819058070284?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/9193454819058070284/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=9193454819058070284&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/9193454819058070284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/9193454819058070284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2008-01-10.html' title='Diez de enero de 2008'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qnbzAL5OI/AAAAAAAAABk/fGoT-RtvKcY/s72-c/Clown+Girl.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-2836739774889383664</id><published>2008-03-13T14:27:00.002+01:00</published><updated>2008-03-27T09:32:50.312+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='08 Vida y opiniones de Monsieur Cadeau Comte de Langedoc'/><title type='text'>Veinte de diciembre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qrdTAL5PI/AAAAAAAAABs/qvglBMby72c/s1600-h/Lobo+sg+XVIII.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177639241421415666" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qrdTAL5PI/AAAAAAAAABs/qvglBMby72c/s320/Lobo+sg+XVIII.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vida y Opiniones de Monsieur Cadeau Comte de Langedoc.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras espero en mi fría celda en Lyon, escucho tañir las campanas de una iglesia cercana. Se podría decir que las arenas del tiempo para mí se están acabando porque al amanecer me llevarán al patíbulo. Después de todo lo que he hecho, resulta irónico pensar que voy a ser ajusticiado por algo tan pueril como es el pertenecer a la nobleza que se opuso a la Revolución. Si mis patéticos carceleros supieran lo que he vivido y lo que he realizado, de cierto que me aniquilarían aquí y ahora, sin esperar al cumplimiento de mi sentencia. Casi desearía tener una razón de mayor peso para encontrarme aquí cautivo que mi procedencia y la de mi familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Que innoble muerte la mía! Si por lo menos me ejecutaran en la guillotina como a todos los Grandes de Francia. De esta facha, me humillan dándome justicia con una simple cuerda, a mí, que a tantos he dado fin con herramientas menores que esa maltita cuerda. Yo soy un artista y no puedo aceptar mi destino plebeyo. ¡No, no lo acepto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que he sido fiel discípulo de mi padre, el mayor torturador de toda Francia y el más terrible diablo que haya dado a luz mujer alguna. Aún habiendo seguido sus pasos y haberle superado en algunas facetas, no soy más que un pálido reflejo de su saber hacer en las artes eróticas y martirológicas que practicaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era yo un miserable mocoso cuando presencié por primera vez una de sus orgías. ¡Cuánto aprendí aquel día! En aquella sala se encontraban media docena de hombres desnudos rodeando a una joven campesina, que supongo habrían secuestrado en alguna aldea alejada del castillo, para no dar posibles indicios a los inspectores de encontrar relación entre un cadáver y una desaparecida. Con un cuchillo finamente ornamentado, mi padre abrió el pecho de la muchacha y sin que dejase de respirar, sacó el corazón de la caja torácica. Mientras realizaba el sacrificio, los otros hombres se masturbaban frenéticamente. Mi padre procedió a penetrarla por el orificio frontal que había creado con el cuchillo. En ese momento, mi cuerpo no pudo aguantar más y vomité de manera tan sonora que fui descubierto. Me propinó mi padre tal paliza que aún noto las marcas de los latigazos que me propinó en el costado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue algunos años más tarde, me acuerdo, cuando violé a una chica por primera vez. Ella era una niña un par de años mayor que yo. No recuerdo si tenía quince o dieciséis años cuando lo hice. Cometí muchos errores. Para empezar era una campesina de una localidad cercana a Langedoc, por lo que luego mi padre tubo que actuar para cubrir mi crimen. La llevé a las caballerizas. La engañé con carantoñas tontas que se creyó a pies juntillas. Allí la acuchillé y dejé que muriese lentamente. Encima del charco de sangre, mancillé su cuerpo. Craso error. Esa sería la última vez que fornicaría con un cadáver. Son demasiado duros en el rigor mortis. No pude eyacular, por lo que opté por vestirme y deshacerme de su cuerpo. Dejé que los perros de caza mordisquearan las tripas de la chica, para lo que la destripé. Después la llevé al bosque y simulé una escena en la que los campesinos que la encontraran creyeran que fueron los lobos los que dieron cuenta de ella. Afortunadamente mi padre encontró antes a la muchacha en una de sus cacerías, previamente a que nadie la viera. No sé como lo hizo, pero creo que aplicó alguna salsa de venado para que les resultase más apetecible a los perros, que entonces sí, dieron cuenta de ella. Tras ello, dio parte a las autoridades que no dudaron de la autoría de una manada de lobos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación de estas primeras experiencias traumáticas, opté por dejar vivas a mis partenaires. Unas cuantas sirvientas bastaron para el aprendizaje básico que todo muchacho de alta cuna debería siempre tener. Pero pronto me aburrí. Tuve la fortuna de contar con unas amistades que compartían mis gustos aventureros y empezamos a modificar a satisfacción nuestras orgías. Aún recuerdo una de aquellas fiestas en la que dimos muerte a un muchacho de las calles de París que había conseguido traer a mi castillo uno de mis amigos. Después tratamos su carne pertinentemente y la cocinamos para el festín que había preparado para la noche. Tras la cena practicamos todo tipo de actos sodomitas. Mi padre sabía de mis actividades y, aunque no participaba de ellas, sé que le complacían y las aprobaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cumplí los veintiún años, heredé el título de mi padre, que había fallecido un par de meses atrás. Parece que probando una receta que encontró en un viejo libro erótico. Según especificaba el autor, el orgasmo obtenido tras la asfixia parcial producida por una cuerda alrededor del cuello – ¡qué curioso, otra vez la soga! – era de tal categoría que no se podía comparar con nada. Mi padre lo intentó, pero su corazón no pudo resistirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento tuve que hacerme cargo de las cuentas de la familia, bastante saneadas. Contaba mi padre con una organización que abarcaba gran parte del Sur de Francia. Una serie de acólitos se encargaban de cobrar fuertes extorsiones a los campesinos, artesanos y burgueses de la zona. Con todo este dinero pagaba los sueldos de los sicarios y de todos sus jefes en un entramado de difícil e intrincada organización, diseñado de tal forma que en ningún momento era posible descubrir a la cabeza que la gobernaba. Para no dar la más mínima sospecha al populacho, se encargaba de dar créditos de oneroso gravamen a todo aquel que se lo pedía. De esta manera las víctimas del sistema eran carnudos apaleados. De vez en cuando capturaba a algún pillastre al que acusaba de ser un extorsionador y lo ejecutaba en la plaza pública - ¡otra vez la soga! – para mayor deleite del pueblo. Para contentar también a la justicia, era muy generoso con los donativos que otorgaba, por lo que siempre se libraba de cualquier causa en la que se le inculpase, pagando fuertes tributos directos al Estado y a la Iglesia. De todo este negocio, más de la mitad del dinero que entraba en las arcas de la familia, se quedaba como beneficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No todo iba a ser diversión. De vez en cuando, algún campesino sumaba dos y dos y se daba cuenta de algo. Por ello estuve obligado en más de una ocasión a cometer diversos crímenes menores. Los asesinatos de personas del pueblo que se me opusieron podían ser de dos formas. La más común era acusándoles de alguna fechoría y luego llevándoles al cadalso. Si por alguna razón, esa opción no era factible, optaba por tomar la iniciativa y le ajusticiaba con mis propias manos. Para esos casos especiales, mis consejeros daban con alguna excusa convincente que me librase de toda culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza a amanecer y se acerca la hora del cumplimiento de mi sentencia. Tengo frío y, aunque no siento miedo, no puedo negar que me siento impaciente. Creo que voy a masturbarme para relajarme y seguir con la cabeza despejada. Puede que luego eche una cabezada, que me vendrá bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me entretengo pensando en las cacerías humanas en las que participé. África era un lugar idílico para todo aquel que practicase la caza mayor, como yo. Pero una vez has cazado elefantes, leones y rinocerontes, la actividad se vuelve monótona. Así que mi círculo de amistades organizó una cacería en Argelia para dar cuenta de los miembros de una tribu del desierto. Bajamos por barco al continente negro y allí, en carruajes llegamos a Darudur, donde contábamos con unos camellos. Llegamos de madrugada al asentamiento y les cercamos. A la señal dada, empezamos a disparar nuestras pistolas y escopetas hasta no dejar a ninguno con vida. Nos entretuvimos descuartizando a una muchacha que resultó ser especialmente bella y uno de los miembros de la expedición decidió despellejar a uno de sus trofeos para curtir la piel y confeccionar con ella una hermosa alfombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vuelta de la aventura africana, el hastío volvió a asaltarme y comencé a idear algún nuevo tipo de divertimento. No es que no disfrutase de las orgías que cada cierto tiempo organizábamos, pero se volvieron monótonas y tediosas. No había más orificios que penetrar, ni más maneras de sesgar la vida de una ofrenda en sacrificio. Había que hacer algo. Fue entonces cuando me di cuenta del placer que me provocaba eliminar a un adversario. Decicí volverme científico y tratar de conseguir que un campesino noblote de una aldea cercana se suicidase por las acciones que yo cometía. Empecé por destrozarle la vida. Sus campos se estropeaban más de la cuenta. Empleé todo tipo de productos alquímicos que hicieron yermas sus tierras. Envenené poco a poco el agua de su pozo, por lo que sus dos hijas enfermaron irremediablemente. Tras la muerte de estas, vino la enfermedad de él y de su mujer. Conseguí, por fin, engañarle para que creyera que su mujer le había engañado con un vecino. El hombre enloqueció y mató a su mujer tras haber herido de gravedad al vecino. Después de los dos crímenes, ató una soga a la rama de un árbol - ¡otra vez el patíbulo! - y acabó con su miserable vida. Fue un experimento excitante que me mantuvo entretenido unos meses. Después opté por repetir la experiencia pero con variables más complejas. En todos los casos concluí con éxito mis investigaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Monsieur Cadeau, Comte de Langedoc, venimos a hacer firme la sentencia condenatoria que el Señor Juez le ha impuesto.&lt;br /&gt;La puerta sonó como si se rompiese. Unos alguacilillos ataron las manos del Señor Conde y lo condujeron al patíbulo. Momentos después, cubrieron su cabeza con un saco negro y le escoltaron al patio de la prisión. Iba acompañado de un sacerdote, el verdugo y el gobernador de la prisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron a la horca, ajustaron la soga a su cuello y tras las preparaciones oportunas, el sacerdote rezó una breve oración. Tras ella, el verdugo procedió a manejar la palanca que en unos instantes retiraría el suelo de la plataforma de los pies del último Comte de Langedoc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los alguacilillos retiraron la soga del cuello del ajusticiado sin retirar el saco que cubría la cabeza del cadáver y lo transportaron a una carretilla. De esta pasó a un carro tirado por mulas que tenía por destino una fosa común detrás de la cárcel, en el bosquecillo cercano. Allí, al abrigo del follaje y la densa arboleda, esperaban el gobernador de la carcel, el verdugo, el sacerdote y los dos alguacilillos. El conductor del carro descubrió su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Enhorabuena, Monsieur. ― Dijo el gobernador. Su plan ha salido a las mil maravillas.&lt;br /&gt;― ¿Acaso lo dudaba usted?&lt;br /&gt;El carretero era Monsieur Cadeau. En el pasillo que conducía al patíbulo, un voluntarioso campesino, fiel al Señor de Langedoc, había cambiado su lugar por el del Comte. Se le había prometido una fortuna para su familia, que les haría ricos y daría la posibilidad de salir de la miseria en la que se había sumido el país tras la Revolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Señor, ¿procedemos a dar la indemnización prometida a la familia del desdichado que hoy ha muerto en lugar de vos? ― dijo el sacerdote.&lt;br /&gt;― ¡Ni mucho menos! ― dijo el Comte. Las arcas han quedado maltrechas tras la Revolución y mi posterior encarcelamiento. Necesitamos hasta el último franco para huir a Inglaterra. Dad las instrucciones necesarias y que eliminen a todos los miembros de la familia de este campesino. Son testigos incómodos de nuestras acciones.&lt;br /&gt;― Así se hará, mi Señor.&lt;br /&gt;Tras decir esto, el verdugo montó a caballo acompañado de los falsos alguacilillos rumbo a la granja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después se encontraba la siniestra comitiva en el puerto de Callais, aguardando para tomar el barco. Todos habían cambiado de nombre y se encontraban a bordo de un barco que partiría rumbo al puerto de Dover. De allí, sin escalas, directos a Londres, donde habían conseguido una casita humilde en la que alojarse en el barrio obrero de Whitechapel. El Comte se reunió allí con su hijo, un incipiente doctor que había heredado el gusto por las artes eróticas y martirológicas de su padre y su abuelo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-2836739774889383664?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/2836739774889383664/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=2836739774889383664&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/2836739774889383664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/2836739774889383664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2007-12-20.html' title='Veinte de diciembre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qrdTAL5PI/AAAAAAAAABs/qvglBMby72c/s72-c/Lobo+sg+XVIII.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-8693261735449861424</id><published>2008-03-13T14:24:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:53:30.308+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='07 Nochebuena en Praga'/><title type='text'>Catorce de diciembre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qs0zAL5QI/AAAAAAAAAB0/vzvZyS1CloA/s1600-h/Puentes+Praga.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177640744659969282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qs0zAL5QI/AAAAAAAAAB0/vzvZyS1CloA/s320/Puentes+Praga.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Nochebuena en Praga.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gélido es el aire que acompaña tu torpe y lento caminar. Dime, Golem, ¿quién te acompañará esta Nochebuena? Tu forma informe, tu mente vacua nunca alcanzará a comprender la belleza monumental de la ciudad dorada que deambulas como encantamiento mudo en un mundo de palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuál es tu destino, cuál es tu fin? Tus pasos manchan de barro del Moldava las piedras del Puente de Carlos. Allí te sientes más seguro, entre las estatuas que ribetean el camino. Invisible a los viandantes que pueblan por doquier la ciudad que te dio el ser, retardas la cadencia de tu paso para compartir unos momentos con aquellos a los que percibes como hermanos. Golems de piedra, tan antigua como tu barro, que rematan cada pocos pasos la pétrea barandilla que une Malá Strana con la Vieja y la Nueva Ciudad. Efigies que, como tú, pertenecen al alma de esta Madre del Mundo que es Praga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque, ¿sabes? ¡TÚ eres una de sus almas! Tu alma invencible comparte el panteón del cielo Bohemio con el alma constructora de Carlos IV, que habita en las almenas del Castillo de Praga; el alma del tiempo que marca el ritmo de la vida de los bohemios transfigurado en Reloj Astronómico; la espiritualidad de los judíos de la Vieja-Nueva Sinagoga, las cien cúpulas que rematan San vito, Týn y San Nicolás; el alma de la belleza del Loreto; el aliento voluntarioso del poder del hombre común, que deambula por la plaza de Wenceslao; el espíritu de Smetana y el del Mozart de Don Giovanni, reverberando en cada esquina de esta ciudad en la que late el verdadero corazón de Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque tu drama se representa en el suntuoso Teatro Nacional y en el Teatro Negro y en el Ballet y se escucha en el Rudolfinum. Malá Strana, Nové Město, Staré Město, Josefov, Smichov, gueto judío, Karlin, Hradčany y Vyšehrad. Todos miembros ellos en comunión para darle cimiento a tu cuerpo, regado por las aguas calmas del Moladava, de cuyas vegas surgiste como brote que se alza al cielo, afianzándose en el estiércol de la fértil tierra que lo sustenta. Tus grotescos dedos no alcanzan para aferrar una brizna de hierba y, hete aquí, que tus vecinos humanos te aferramos con nuestras manos manchadas en mil y una contienda fraticida que ha forjado el sentir de un pueblo único y radicalmente importante para la Madre Europa. Y no te soltamos, pero no te queremos cerca. Porque somos mortales y tememos tu verdad que es muerte. Pero ¿es que hay más de una verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hoy, en un día tan cálido en este diciembre helado, tú estas sólo. Porque eres judío sin estar circuncidado en una ciudad de gentiles que te adoptó pero que vive tu pasión sin sentirla suya. Porque tu defensa es la de los muertos del Cementerio Judío y de los Campos del Holocausto. No les abadonaste, ¿verdad? Tú siempre estuviste ahí, como el alma de Kafka y su irracional proceso, metamorfosis de las callejuelas y vericuetos de esta ciudad milenaria a la que llamarías tu hogar si pudieses hablar. Porque eres testigo mudo, incapaz de proferir palabra alguna con tu garganta cercenada que en algún momento fue custodio de la piedra filosofal sin que tu cerebro necio fuese capaz de saberlo. Creen los otros moradores de tu ciudad que Su Dios es Verbo, pero tú sólo puedes obedecer sin el más mínimo atisbo de desobediencia la ilógica lógica de tus mandatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como Adán, procedes del barro. Así como otros que tras el primer hombre estuvieron más cercanos a Dios y que fueron capaces de dar vida a la tierra inerte. Pero su aliento vital se convirtió en un legado fallido a aquellos que como tú son una sombra de la obra divina. Porque el verbo que te creó, el que llevas escrito con sangre del rabino que te invocó, en ese trapo andrajoso que depositó como encantación en tus vísceras contiene la verdad y esta contiene la muerte, porque en hebreo sólo una letra separa ambas realidades. Y tú lo sabes. Y lo temes. Porque eres bravo y de apetito insaciable, pero no eres Golem de acero y hormigón como la Casa Danzante que se alza triunfante y titubeante a orillas del Moldava.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres un humúnculo de suciedad y heces; de insectos y raíces. Pero tienes hermanos de arcilla en las tejas de las casas de Praga, en la carne de los urbanitas de la más bella de las ciudades; en las construcciones de acero, piedra y fuego. ¡Hermano afecto de corazón entablillado donde el invierno anida a perpetuidad! ¡Monstruo de Barro en una ciudad que celebra sus revoluciones en primavera y las lleva con guante de terciopelo! Recorres las calles de Praga de la misma manera que la arteria aorta que es el Tranvía 91; columna vertebral del eje soñado por el rabino Judah Loew ben Bezalel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tu deambular en esta noche tan caliente en este helado diciembre, llegas a la Plaza de la Ciudad Vieja y alzas la vista, atisbando la mágica estampa de cuento de hadas o de brujas o de ambas que recorta la silueta de la Iglesia de Týn. Y aquí te sientes seguro, aún estando a la intemperie. Porque te notas acogido por la ciudad que te adoptó, pero en la que habitan los que no pueden dejar de temerte. Porque atraes como lo supremamente horrible, lo inconmensurablemente gigantesco. ¡Gólem, aparta tu mirada hueca de mi alma, que la hielas con tu presencia mientras vislumbras con tus nostálgicos ojos la verdad que en ella anida! Desnudo me siento ante ti, en un día como este, en el que todo tiene un sentido final y rotundo. Tú me lo haces ver, Golem de Praga, y me aterra el vacío infinito de la certidumbre que encarnas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres capullo y crisálida de vida, alentado por las esperanzas del pueblo que te invocó y al que defendiste de innumerables agresores. Eres la sombra del tiempo al que da vida el aire batido por el Reloj Astronómico, ensoñación de Tycho Brahe y Johann Kepler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la leyenda urbana quiere que el Nazi que pretendió vencerte en lo alto de la Sinagoga, falleciese una y mil veces por su osadía. ¡Tú, golem de barro del Moldava! ¡Invicto e irredento siervo de muchos y paria de todos! A ti me dirijo para darte mi consuelo por no ser tú un Golem de carne y hueso. Por estarte vedado el amor. Porque tú nos fascinas, pero te tememos. Tu toque ardiente impide la cercanía de un apretón de manos, símbolo de la amistad. Y tu llamada, dirigida a los que ya no están con nosotros, afecta a todo aquel que como yo cree en tu presencia espectral y nauseabunda, regenerada hasta la saciedad a partir de la palabra que late en tu corazón. Porque yo, como la ciudad que te adoptó, somos fervientes feligreses de la Verdad, tu verdad, y esclavos sumisos de la mortalidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-8693261735449861424?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/8693261735449861424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=8693261735449861424&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8693261735449861424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8693261735449861424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2007-12-14.html' title='Catorce de diciembre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qs0zAL5QI/AAAAAAAAAB0/vzvZyS1CloA/s72-c/Puentes+Praga.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-8331267690536602336</id><published>2008-03-13T14:15:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:52:35.062+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='06 Vuelo nocturno Sobre la ciudadela'/><title type='text'>Ocho de diciembre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qvWTAL5RI/AAAAAAAAAB8/-yE5KNLSDEA/s1600-h/SaintExupery.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177643519208842514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qvWTAL5RI/AAAAAAAAAB8/-yE5KNLSDEA/s320/SaintExupery.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vuelo nocturno sobre la ciudadela.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Un zeppelín proyecta su sombra sobre la Plaza de Callao. La teniente Julia Mangada había tomado su parada, bajando del autogiro diecisiete, la línea Carabanchel – Plaza de España. Su impecable uniforme negro de piloto de la Sociedad de Naciones contrastaba con el Gris de la Calle. En su cartera de viaje, dos barritas energéticas de Kellog, la ración diaria. Subió a su apartamento en el cuarto piso del número tres de la Calle Valverde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco de haber entrado en casa sonó la alarma de la Radio Marconi. “Código Rojo, Código Rojo”, decía la monótona voz del locutor. “El ejercito Africano se ha levantado contra el Imperio Alemán de Weimar. Movilización total de la columna Von Ristoffel. Repetimos…”.&lt;br /&gt;Julia dejo escapar un suspiro de resignación y volvió a salir de su casa. “¡Qué le vamos a hacer!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora más tarde, en la base de Cuatro Vientos, se encontraban ya todos los pilotos de los Pfalz D III, un modelo bastante anticuado, pero muy seguro al contar con sus dos ametralladoras Spandau. La neutralidad de España durante el conflicto le había costado a la nación a quedar relegado a país de segunda. Peor les había ido a los Americanos y a los Ingleses después de perder y tener que satisfacer fuertes sumas de dinero a la Sociedad de Naciones. España sólo se libró de abonar cantidad alguna por su posición estratégica, al ser la primera línea de defensa frente a los Africanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El continente negro se encontraba en manos de la resistencia aliada. Franceses, ingleses e italianos renegados se unían a españoles saharauis. Habían convertido a la ciudad de Casablanca en su base de operaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Compatriotas, tomen asiento, ― ordenó el Coronel Martínez en la sala de reunión. Como ustedes saben los continuos ataques del Ejército Africano están debilitando mucho las defensas que mantenemos en el Mediterráneo. El General Azaña, a bordo del Dragón Rapide, está comandando a las fuerzas rebeldes con gran acierto para ellos y numerosas bajas para nosotros. Aún así, mantenemos la compostura.&lt;br /&gt;― Como ustedes saben, necesitamos un golpe de efecto, un avión derribado que debilite la moral de los pilotos africanos. El teniente Castillo ha pensado que sería un tremendo varapalo si conseguimos derribar el Lockheed de Saint Exupéry, su mejor piloto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nombre le trajo recuerdos a Julia. Habían sido compañeros de división en la Academia de Latécoère y seguirían siendo muy buenos amigos si no hubiesen pasado dos cosas: la primera tiene que ver con su cambio al bando enemigo y la segunda, más grave aún, que él no hubiese tratado de cortejarla. Julia nunca le consideró un igual y acabó con desdén la relación de compañerismo que habían mantenido. Luego supo que se había casado con una americana y que había huido a Marruecos con ella. Desde entonces, había liderado la campaña de su escuadrilla contra las fuerzas Imperiales del Estrecho de Gibraltar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Antoine, ― le había dicho Julia hacía más de diez años. Ten cuidado con esas ideas tan subversivas que te gastas. Si sigues así, tendré que denunciarte y no me gustaría hacerlo. Sabes que te tengo en alta estima y me apenaría pensar las penurias que tendrías que soportar.&lt;br /&gt;En esto último mintió. Realmente le parecía un mocoso presuntuoso y elitista. Ella, que no tenía más familia que a Don Bonifacio, un padre gruñón, de clase trabajadora y sin aspiraciones, no podía soportar las ínfulas de grandeza del joven suizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Bien, pilotos de la división gualdiverde, ― dijo el Coronel Martínez. Dispónganse a tomar los asientos de las carlingas y que Dios reparta suertes. Rompan filas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los aviones estaban acicalados, repostados y con todo el armamento dispuesto. Julia llevaba el nuevo traje de piloto que había diseñado el Doctor Eistein. Con él sería posible realizar hasta un vuelo espacial, como el que habían realizado Barbicane, Nicholl y Ardan cuando llegaron a la Luna a bordo del Columbia. Todos los mozos y personal de tierra se apresuraban en poner a punto los aviones para el inminente combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanta actividad contrastaba con el paso sosegado y las bromas que se gastaban los pilotos. La única que no estaba dispuesta a la guasa era Julia. No podía quitarse a Antoine de la cabeza.&lt;br /&gt;― Julia. No es preciso que le diga lo que siento por usted. Si sólo me concediese una oportunidad…&lt;br /&gt;― Ya sabe usted que no estoy dispuesta a desposar todavía y menos aún con una persona tan poco de fiar como me resulta usted, Antoine.&lt;br /&gt;― ¿Son acaso mis comentarios contra la manera de actuar de nuestro emperador un impedimento para, si quiera, me considere como un digno pretendiente?&lt;br /&gt;― No, Antoine, se equivoca. No pocas veces me pregunto si España no esta siendo sometida vilmente al yugo dictatorial alemán con demasiada complacencia. Lo que no puedo ahora, simplemente, es perder mi oportunidad de ascender en los cuerpos de élite de la armada aeroespacial. Y usted me propone convertirme en ama de casa y madre de sus hijos.&lt;br /&gt;― Hay veces Julia, que no la entiendo. Un día le conté mi intención de pertenecer a la Sociedad Aéropostale y no me dijo nada en contra.&lt;br /&gt;― Pues porque usted no me importa. Adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué lejos quedan aquellos días de academia! Después vendrían los éxitos, como cuando Julia y su grupo de confianza desmantelaron aquella célula comunista en Berlín. ¿Quién iba a pensar que aquel pintor de paisajes urbanitas, aquel Hitler, era el cabecilla? Solo una mente despierta, menos cuadriculada que la de los alemanes, pensaba Julia, era apta para ese tipo de investigaciones. Luego la mandaron a una división aeroespacial, a combatir codo con codo con los rusos blancos, de marcada tendencia europeísta, que expulsaron al Zar y a sus ejércitos rojos. Las condecoraciones llenaban el lado izquierdo de su casaca cuando acudía a los desfiles en traje de gala. De poco le había servido. Lo único bueno para ella era haber vuelto a España y desempeñar sus funciones tan cerca de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La desazón de Julia venía de bastante tiempo atrás. Don Bonifacio había quedado inválido a causa de un derrame que le había paralizado el lado izquierdo de su cuerpo y le impedía el ejercicio del habla. Aún así, a Julia no le quedaba ninguna duda de que su padre entendía perfectamente todo lo que acontecía a su alrededor. Con la ayuda que le ofrecía el Ministerio de Defensa, al haber conseguido que su padre figurase en la lista de mutilados de guerra, aún no faltándole ningún miembro, estaba pudiendo dedicarse a su trabajo en la división verdigualda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La columna Von Ristoffel, a la que pertenecía la división de Julia, partió por la tarde de la base aérea de Gibraltar. Como era verano, todavía quedaban muchas horas de sol, cosa que sorprendía y fascinaba a los pilotos alemanes. ¿Qué sabrían ellos de sol? Y menos Rommel, aquel disciplinadísimo piloto alemán que había abatido más aviones enemigos que nadie. Hoy lo tendría de compañero. Tanto deseaban acabar con Saint Exupéry que arriesgaban al máximo llevando al mejor piloto del Imperio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia llevaba un rato cavilando. ¿Qué haría en caso de encontrarse de frente con Saint Exupéry? ¿Dispararía o dejaría que otros lo hiciesen? Lo que es peor, ¿sería incapaz de abatirle, aún a riesgo de que la derriben? Las posibilidades de sobrevivir a un fuego cruzado son escasas y menos aún a salir con vida de un amerizaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Julia! ― Saint Exupéry solía llamarla por su nombre cuando estudiaban en Suiza. No se olvide de la cita que tenemos después de la graduación, esta tarde.&lt;br /&gt;― No, Antoine, no me olvidaré. Por esta razón es por la que vine desde España hace tres años.&lt;br /&gt;― ¿Para ver la sorpresa que le iba a dar?&lt;br /&gt;― No sea ingenuo. Me refería a la posibilidad de entrar en el cuerpo de aire de la Sociedad de Naciones. Lo que usted, Messieur, tenga o no que decirme, me trae sin cuidado.&lt;br /&gt;― ¿Por qué es usted tan fría conmigo, señorita? Sabe que no hay peligro. Que aunque aún tenga la vana esperanza de granjearme su afecto, no pretendo molestarla en modo alguno.&lt;br /&gt;Julia recordó haberse sentido avergonzada en aquel momento. Saint Exupéry, en ningún momento fue descortés con ella. Aunque sólo fuera por eso y porque hacía tiempo que había enterrado sus rencillas con el joven suizo, al que ya no consideraba un snob de tres al cuarto, decidió acudir a su cita con él.&lt;br /&gt;― ¡Qué bien que haya venido, Señorita Mangada! ― Esto último la puso a la expectativa, nunca antes la había tratado con su apellido. Acepte, por favor, este humilde obsequio.&lt;br /&gt;Y dicho esto, Saint Exupéry salió corriendo. Julia se quedó más pasmada de lo que ella misma habría esperado. Desenvolvió el paquete y en él se encontró con un pliego de hojas mecanografiadas. En la portada se leía “Courrier Sud”. Como si fuese la Locomotora Express, la razón del regalo se le presentó diametralmente clara. Saint Exupéry iba a abandonar el ejército para dedicarse al vuelo comercial. Pero no sólo eso. Se iba a África. Una lágrima cruzó su mejilla derecha. ¿Por qué había sido tan tonta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Atención, pilotos!&lt;br /&gt;El sonido distorsionado de su radio trajo de vuelta a la cruda realidad de la maniobra de combate. El Pfalz surcaba ya el Estrecho de Gibraltar.&lt;br /&gt;― A partir de este momento, todas las comunicaciones se realizarán en idioma Esperanto. Recuerden que el Coronel Rommel es el Jefe de Destacamento. A él deberán seguir a la hora de recibir instrucciones y referirán a su consola toda aquella comunicación que se produzca durante el combate.&lt;br /&gt;Julia escuchó la radio de su avión y tomó las medidas pertinentes. Afortunadamente, ella era una experta en esperanto. Julia Mangada pertenecía al selecto club de oficiales que no solamente sabían el idioma, sino que se encargaban de promocionarlo entre las tropas. Sería muy difícil que sustituyese a los idiomas tradicionales de Europa, pero ella pensaba que en unas cuantas generaciones sería el idioma del porvenir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto nos encontramos con los cazas africanos. A diferencia de nuestra escuadrilla, la suya estaba compuesta por gran variedad de naves, unas mejor dotadas para el combate aéreo que otras. Aún así, todas las aeronaves mantenían la formación. Los más destacados eran unos F-5, modernos y rápidos. Me pregunto dónde los habrán conseguido. No es ningún secreto que el mercado armamentístico estaba muy controlado por el Imperio de Weimar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros contábamos con todo un destacamento de Pfalz y Bossendoffer. También nos acompañaban en la retaguardia tres divisiones de aerotanques. Cuando nosotros despejásemos los cielos del Estrecho, los tanques tomarían Ceuta, para luego apoderarse de los fuertes que los Africanos cuentan en Tetuán y Melilla. Son como ballenas aladas, que sirven en una refriega, pero que en tierra son casi indestructibles. Además nos ahorramos el desembarco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Kiras divizio, destrek-n.&lt;br /&gt;La radio profirió la orden y la división mencionada se dirigió a la derecha.&lt;br /&gt;Las aeronaves más avanzadas entraron en combate inmediatamente. Como cabía esperar, las fuerzas europeas tenían las de ganar. Aún así, no hubo muchas bajas en ninguno de los dos bandos. Tal era la destreza de los pilotos de ambos ejércitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El código de honor que regía a los pilotos de aeronaves se mantenía por el momento. Por esa razón, mientras las fuerzas terrestres podían sufrir una carnicería, los aviones se mantenían en un discreto duelo acrobático. Sólo si un caza era alcanzado o si caía en las líneas enemigas, el piloto podría perecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Kodo ruga. Bombarde celon “Princo”.&lt;br /&gt;Se había activado el código rojo. Las instrucciones eran claras: bombardear al objetivo “Príncipe”. El corazón se me encogió y por primera vez en mucho tiempo tuve miedo. Le habíamos puesto ese nombre en clave porque en su Lockheed figuraba la denominación “Le Petit Prince”.&lt;br /&gt;En ese momento, mi compañero, más bien mi superior, Rommel, conocido como el zorro volador se lanzó en picado sobre la aeronave de Saint Exupéry. Estaba claro que quería cobrarse la victoria y el reconocimiento de haber derribado al mejor piloto de la insurgencia africana.&lt;br /&gt;Una serie de ráfagas de metralleta Spandau pasaron rasantes al lado del timón trasero del Lockheed. Otra ráfaga Salió de la metralleta delantera del avión de Saint Exupéry. Sólo la pericia de ambos pilotos evitó que ninguno fuese alcanzado.&lt;br /&gt;Se estaba acelerando la batalla. Pronto empezaron a caer al mar los primeros aviones. Para más INRI, eran de nuestra división. El cielo había cambiado de color por las columnas de nubes que proyectaban los cazas abatidos. Una ráfaga pasó cerca de mi avión. Hasta entonces aún no me había decidido a disparar, con la consiguiente reserva de mi munición para más tarde. Pero ahora me apremiaba la situación y empecé a disparar. Poco tardé en derribar a un avión enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Julia, Kion ni faro?&lt;br /&gt;Era Rommel. No entendía qué hacía. ¿Cómo era que no entraba directamente en el combate? ¿No quería la gloria de dar alcance a Antoine?&lt;br /&gt;Antoine. Mi viejo camarada. Mi compañero de estudios al que tan mal entendí. Antoine, la primera persona que me quiso y probablemente la última. Para mí un príncipe, sin lugar a dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando mis pensamientos se agolpaban, por lo contradictorios, por lo cuestionables, por lo que fuese, fueron cortados por el fragor de la batalla. Un pequeño autogiro, más rápido que los normales se me había puesto en la línea de fuego. Era o él o yo, y no estaba por la labor de acabar mis días en el mar, así que disparé. Nunca antes me había sentido tan culpable de abatir un avión enemigo. Poco podían hacer contra mí esas naves tan frágiles, pero no cabe duda de que estuve en peligro ante el autogiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La batalla siguió durante horas. Sólo las naves con mayor autonomía pudieron mantenerse en vuelo. El resto regresó a las respectivas bases.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Retreto de la trupoj. Retropaso. ― Desde la base se nos ordenaba que volviésemos. Había que dejar para otro momento la continuación de la refriega aérea de esta tarde.&lt;br /&gt;Las aeronaves se fueron retirando y volvieron disciplinadamente a la base. Todos salvo Rommel. Viendo lo que pretendía, decidí permanecer en el frente. Aún tenía autonomía de vuelo para más de tres cuartos de hora y sólo me llevaría un cuarto de hora el regresar a tierra. Tenía media hora de maniobra. Lo mismo que el Zorro Volador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con tal frenesí perseguía Rommel a Saint Exupéry que me resultó casi imposible darles alcance. Aún disparaban las ametralladoras del caza europeo, aunque estaban prontas a la extenuación. Sin embargo, el Lockheed africano aún conservaba más de la mitad de la munición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rommel disparó a la desesperada, con tan buena fortuna que consiguió alcanzar a Saint Exupery. La velocidad del Lockheed se había reducido sensiblemente. En ese momento noté el cambio de actitud de Antoine. Si quería salir con vida, debería abatir al caza alemán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las casualidades que se ponen en juego en las batallas, ambas naves se dispusieron a realizar un ataque en barrena, lo que las acercó a mi posición. La ametralladora del Principito disparó primero, alcanzando el ala del Pfalz de Rommel. Aún siendo un impacto importante, el avión era todavía pilotable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi avión era una sombra inapreciable para los dos pilotos en contienda. Con precaución me acercaba a la posición de ambos y trataba de decidir sobre la marcha el curso de mis acciones. Saint Exupéry estaba teniendo peor puntería que el Zorro Volador y se le estaba acabando la munición mucho más rápido. En pocas pasadas se quedaría sin nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvieron un par de minutos sin disparar. Ambas posiciones estaban lo suficientemente lejos como para que el rango de disparo hiciese inefectivo hacer fuego contra el adversario. Pero pronto el Zorro Volador dio alcance al Principito. Fue en ese momento cuando me di cuenta. Se le había acabado la munición a Antoine. Todo lo que podía hacer era un vuelo evasivo y contar con la fortuna de que Rommel se quedase sin munición o sin combustible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La radio bramaba. Por un lado, los compañeros vitoreaban a Rommel, dándole ánimos para que abatiera al “maldito suizo”, como ellos le llamaban. Por otro, la comandancia nos amenazaba al considerar que era una insubordinación por nuestra parte no haber vuelto a la base como se nos había indicado. Estaríamos en rebeldía si no regresábamos pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Rommel poco le importaba. Estaba seguro de su éxito y perseguía al enemigo como el perro de presa a la liebre. En un momento le consiguió tener a tiro. La velocidad del Principito era la más baja de la que había mantenido durante la contienda. Su avión estaba muy averiado. Fue en ese momento cuando interpuse con una rauda maniobra mi aeronave entre el Pfatz y el Lockheed.&lt;br /&gt;Al estar tan cerca de los dos aviones, pude atisbar la cara de sorpresa de Rommel. ¿Qué haría? ¿Dispararía a pesar de que el primero que abatiría sería el avión de su propia división? La tensión duró unos segundos. Entonces me di cuenta de que había disparado como un canalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada ocurrió. La fortuna estaba de nuestro lado, si es que Antoine estaba del mío. O se atascó la ametralladora o se había acabado la munición. En ese momento, sólo yo tenía capacidad de fuego. Rommel golpeaba furiosa y desenfrenadamente la carlinga. Al cabo de unos pocos segundos, manifiestamente maldiciendo su mala fortuna, se retiró a la base de Gibraltar. Saint Exupéry tenía que volver a Casablanca cuanto antes. Posiblemente tuviese que hacer un aterrizaje de emergencia en medio del desierto del Sahara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante unos minutos volamos juntos, pero las averías de su nave se hicieron tan acuciantes que el vuelo de su aeronave se interrumpió. Sólo las dotes de piloto de Antoine impidieron que se estrellara. Yo esperaba que hubiese sido capaz de informar de su posición a sus camaradas. Si no, le esperaba una larga estancia en el desierto y quién sabe con qué se podría encontrar allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Merci, Julia.&lt;br /&gt;La radio siguió sonando, pero ya no pude entender nada. Se acercaba la noche y una tormenta de arena impedía a mi receptor recoger más señal. Ahora me dirigiría, con el poco combustible que me quedaba, lo más cerca de la Costa Atlántica de África.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julia consiguió su objetivo y abandonó la nave. Ya era imposible volver a España. Su padre se había convertido en su única preocupación, pero sobrevivir en territorio enemigo tampoco era cosa baladí. Se despojó del uniforme y recogió del maletero del avión el maletín de supervivencia para condiciones desfavorables. Cuando llegó al puerto de Dakar, era casi imposible pensar que se trataba de una muchacha europea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí tomó un barco que la llevó a México. Pasaron varios años antes de conseguir cualquier información de su padre. Supo entonces que había fallecido pocos meses después de su deserción. ¿Quién sabe si aprobaría o no la decisión de su hija? Unas noches pensaba que sí, que su padre nunca vio con buenos ojos su pertenencia al ejército. Para él todos los caminos conducían a la hermandad entre pueblos. Ya había vivido muchas guerras y sabía que los bandos enfrentados terminaban siempre reconciliados.&lt;br /&gt;Otras veces sospechaba que, por un egoísmo no sopesado, había abandonado a su padre y entonces se sentía culpable y reprochada por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo cura casi todas las heridas. Julia rehizo su vida en México, que ahora pertenecía a la Confederación Americana. Se dedicaba a impartir clases de esperanto a todo aquel que quisiese aprender el idioma universal, aunque lo tenía difícil, porque el castellano y el inglés eran los idiomas oficiales. Tijuana, por su cercanía a los Estados Unidos, se había convertido en la capital de la parte más occidental del mundo. ¡Qué irónico resultaba estar al oeste de los que se consideraban el occidente auténtico! Una prueba más de que el mundo es redondo y que la izquierda es la derecha del de enfrente.&lt;br /&gt;Julia ya había alcanzado la edad madura y se había casado con un hombre de Ecuador, cuando recibió la noticia de la desaparición de Antoine frente a las costas de Malta. Se sintió apenada, pero pensó que era el destino más romántico y justo que le podía haber acontecido a su antiguo amado.&lt;br /&gt;En una librería de su barrio se había publicado la obra póstuma de Saint Exupery. Resultaba un hermoso epitafio que se titulase “el Principito”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-8331267690536602336?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/8331267690536602336/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=8331267690536602336&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8331267690536602336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8331267690536602336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2007-12-08.html' title='Ocho de diciembre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qvWTAL5RI/AAAAAAAAAB8/-yE5KNLSDEA/s72-c/SaintExupery.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-8184688267164105334</id><published>2008-03-13T14:13:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:52:01.832+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='05 Caronte y Perséfona'/><title type='text'>Veintinueve de noviembre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qwhjAL5SI/AAAAAAAAACE/gVj_FLeBnFY/s1600-h/Caronte+Eur%C3%ADdice.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177644811993998626" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qwhjAL5SI/AAAAAAAAACE/gVj_FLeBnFY/s320/Caronte+Eur%C3%ADdice.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Caronte y Perséfona.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;― Bienvenidos al Tour por los Campos Elíseos. Viajes Tánatos les agradece la confianza que nos depositan y espera disfruten del viaje. En pocas horas nos encontraremos en el Jardín de las Hespérides. Allí, nos reuniremos con el guía que nos llevará por los lugares más pintorescos y señalados del lugar. Muchas gracias por su atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho al volante la misma cantinela que mil veces recita la sirena al viajero, la azafata al turista, y mil veces me llena de desconsuelo la anodina respuesta de su público en los asientos del autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Qué rudos son tus brazos, Caronte, que aferran el destino del autobús.&lt;br /&gt;― Pues duros son, Perséfona, como los asientos de cuero de primera. También así el corazón de aquel que lo conduce, pero más bien de tela de segunda parece ser el alma de aquellos a los que llevo.&lt;br /&gt;― ¿Te refieres a los mortales que nos acompañan? Ya sabes que cada día se pierde su vigor a favor del bienestar. ¿Te has fijado en esa jovencita de la tercera fila?&lt;br /&gt;― Psique, creo. Está muy desmejorada. Yo creo que Eros estaba fuera de sus cabales cuando se enamoró de ella. En el momento en el que le volvió la razón, la abandonó.&lt;br /&gt;― Te equivocas, Caronte. Lo que pasó es que le desfiguró el rostro. Un poco, pero lo suficiente para que un puñetero dios despierte de sus ensoñaciones. Ya sabes, primero yo, después yo y por último pues…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Oye! Y esa chica del fondo, la que está tan triste. ¿Quién es?&lt;br /&gt;― ¡Esa! ¡Esa es Eurídice!&lt;br /&gt;― Pues no sé quién es.&lt;br /&gt;― ¡Anda, que te conozco, picarón! Mira, hacemos una parada para ver la confluencia de los cinco ríos del Averno.&lt;br /&gt;― Yo espero en el autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras aguardo a que retomemos el viaje, mi cabeza no para de cavilar. Nadie les ha dicho a los pasajeros que el Infierno es un vagón de tren en el que nos montamos al morir y del que no podemos bajar, pare en cuantas estaciones haga escala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Perdone señor, ¿Queda mucho para ver los Campos Elíseos? Es que mi mujer me espera allí y…&lt;br /&gt;― ¿Y quién le dice que está en los Campos Elíseos? Podría estar en el último de los anillos concéntricos del Infierno. Hay un cincuenta por ciento de posibilidades.&lt;br /&gt;― No me joda, caballero. Que mi señora esposa era casta y pura. Si no está en el Paraíso, ¿por qué demonios he pasado yo tantas penurias en el matrimonio? ¡Que seguro que pocos monjes han tenido menos sexo que yo, hostias!&lt;br /&gt;― Bueno, no se ponga así, señor, que llegaremos pronto. Esta paradita y después, derechos a ver a Cervero. (Joder, cómo se ponen algunos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Persefona conduce a los viajeros que han querido bajar del autobús de nuevo a sus asientos. Ella entra más tarde. Respira hondo y sube la escalerilla. Está verdaderamente aburrida de su trabajo. Repite la cantinela, con tonillo de coro griego.&lt;br /&gt;― Volvemos otra vez a la ruta. En breves instantes llegaremos al primer círculo del Averno. Muchas gracias por su atención. Espero que sigan disfrutando del viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Bueno, ¡ya está! ¡No te quejes que hemos estado poco tiempo parados!&lt;br /&gt;― ¡Que sí, mujer, que sí! Si yo lo que digo es que da igual. Al final todos quieren llegar a su destino, aunque este sea el más absoluto de los olvidos. ¿Para qué perder el tiempo con sutilezas, si lo que quieren el espectáculo final? “¿Has estado en los Campos Elíseos?”, les preguntarán y ellos contestarán: “¿me tomas por un provinciano inculto? ¡Pues claro que sí!”&lt;br /&gt;― ¡La leche, que quisquilloso que eres!&lt;br /&gt;― Si cualquiera de los viajeros a los que transporto tuviese que hacer lo que yo hago todos los días se hubiesen vuelto locos.&lt;br /&gt;― Pues, la verdad es que siempre te quejas de los viajeros, pero nunca hasta hoy te había oído quejarte de tu trabajo.&lt;br /&gt;― Y no me quejo. Para Hades, este trabajo mío es de lo más monótono, pero para mí todo es distinto cada día. Todo menos los pasajeros, que tendrán distintos nombre y distintos rostros, pero yo creo que son iguales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Mira, Perséfona, yo me siento igual que un miembro de una trouppe de circo, de esos que montan su carpa en cualquier ciudad, representan sus funciones y abandonan la localidad para dirigirse a un nuevo núcleo urbano. Para ellos, como para mí, lo único que es estable es su circo, mi autobús, y todo lo demás es lo mutable, lo cambiante.&lt;br /&gt;― Perdone, conductor. ¿Podría parar un momento? Es que me mareo. Me disculpará usted, pero es algo que me pasa desde pequeñito. Es montarme en un bús y sentirme mal. Todo en uno.&lt;br /&gt;― Ahora no puedo parar. Coja una bolsa y vomite, vomite.&lt;br /&gt;― ¡De nada! (Será capullo el mamón).&lt;br /&gt;― Bueno. Como te decía, Perséfona. Mi cabina siempre es la misma, mientras que lo que se ve desde las ventanillas cambia día tras día. Incluso mis invitados, como suele decir Hades, mis pasajeros, más bien, son distintos cada poco tiempo. Pero ninguno dejó ni dejará huella indeleble, más allá de una mancha o un desperfecto que rápidamente se aprestarán a arreglar en la central de esta agencia de viajes.&lt;br /&gt;― ¡Eres cojonudo! Poco menos que mandas a hacer puñetas a un pasajero y a continuación te dedicas a filosofías de baja intensidad.&lt;br /&gt;― ¡Perdona, yo no hago filosofía! Eso déjaselo a los vaguetes de arriba. Yo digo lo que pienso, y si suena bien, pues ¡Ahí queda eso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino que sigue la carretera a los Campos Elíseos está flanqueada por álamos blancos y pequeños arbustos de menta dando un aspecto idílico a estos lares que mis pasajeros intuían sombríos, pero que se encuentran bañados por una radiante luz otoñal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― La verdad es que no me extraña nada que seas tan solitario y algunas veces tan huraño, ¡Si es que sólo bajas del autobús para estirar las piernas, para alimentarme en los restaurantes de carretera y para dormir en los moteles en los que hacemos alto por la noche!&lt;br /&gt;― Pero, date cuenta, incluso esos lugares, tan dispersos en los viajes que realizamos, son inmutables. ¡Joder, no me pongas esa cara! ¡Parece que nunca hubieras oído a nadie que hable bien, coño! Te lo digo en serio. A lo que iba. Todos esos lugares son el mismo sitio, con las mismas gentes, imitados al infinito y repetidos en variaciones casi imperceptibles para un hombre que como yo, sin haberlo decidido, se ve impelido (sí es una palabra) a presenciar el mundo como una marea que va y viene, pero que no deja de ser un mismo mar.&lt;br /&gt;― Joder, que poético te vuelves cuando te da la bis cómica, majo. Si ya se que no eres huraño, que es una manera de afrontar este trabajo como otra cualquiera. ¡Está bien, no te digo nada! ¡Cómo te pones por una nadería!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Perséfona, estaba pensando. Tú sabes que nuestra misión es facilitar el cruce del río Aqueronte, nada más. De una orilla a otra, este humilde conductor de autobús lleva a sus pasajeros al destino final. Eso sí, por unas cuantas monedas, que ni aquí deja de valer la plata. ¡Se deben estar forrando en Administración! ¿No crees?&lt;br /&gt;― ¡Hombre, no te digo! Aquí no se regala nada. Cada óbolo, debidamente depositado en la cuenta de la agencia, da derecho a estos trotamundos de tres al cuarto a presenciar las obras magníficas de la actividad humana. Porque en esta vida se muere todo, hasta la humanidad.&lt;br /&gt;― ¡Ahora te pones tú filosófica! En fin. Y lo gracioso es que todo esto se hace antes de olvidarlo para siempre, carcomidos por sus más bajos afectos, lamentos y penas. Aquí y en la Tierra, como no podía ser de otra manera, todo son ruinas.&lt;br /&gt;― Ya, es que hace tiempo que no salgo de lo que se ha vuelto mi eterna morada. ¿Para qué? Te acuerdas del revuelo que montó mi marido con mi madre y el ajetreo que me hicieron sufrir. De aquí para allá. De aquí para allá. Al final para nada. Mi marido me ha puesto los cuernos tantas veces que parece un ciervo y mi madre pasa de mí. Tantas promesas y aquí me tienes, de azafata de autobús. ¡Malditos sean!&lt;br /&gt;― Venga, dejémoslo ya, que nos estamos metiendo en camisa de once varas. Lo siento, chica. ¿Qué quieres que te diga? ¡Los dos estamos jodidos y bien jodidos! Luego se quejarán los viajeros, pero es que no hay derecho. ¡No, señor! ¡No hay derecho!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos un rato en silencio. Entre mis pasajeros llevo a personas ilustres muy a menudo. Esta vez, transporto a Eurídice. Mi Eurídice, sí. Solo me ha bastado un instante para quedarme prendado de ella. Hago como que no la miro, pero hay que esforzarse para no mirar. Y es que tengo miedo de que se convierta en Estatua de Sal (¿o es que eso es de otra historia? Bueno, da igual). La verdad es que me da más miedo si se diese cuenta de que la observo. ¡Maldita sea mi estampa! En todos los sitios me pintan como a un viejo refunfuñón y tonto, incluso como un esqueleto con una capa muy chula. Pero es que yo sólo soy un conductor de autobús, incluso algo jovencito. ¡Ay, mi Eurídice! Lo peor es que en nada se baja y ya no la volveré a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Esa chica del fondo es muy bonita, ¿no crees?&lt;br /&gt;― ¿Quién, Eurídice? Es mona. A mí me parece más guapa Psique, pero sobre gustos…&lt;br /&gt;― La verdad es que tiene un amante tonto. Aquí la traemos otra vez porque el muy memo no pudo aguantar la presión de no volver a verla. Para mí que perdió su oportunidad por cotilla. De esos esta lleno el panteón del Olimpo. De esos y de engreídos.&lt;br /&gt;― Pues sí. La verdad es que son unos petardos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ningún Orfeo a la vista, mi corazón rejuvenece y se siente triste por no ser nada para mi musa. Mi volante es un timón de un barco que zozobra. La estabilidad de la calma se vuelve deriva en la tormenta. Y mi confusión es una tormenta que hace peligrar la estabilidad de mi vehículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Oiga, ¿falta mucho? Es que el niño se me está cansando. Pobrecito. Es muy largo el trayecto verdad.&lt;br /&gt;― Ya falta poco. Señora siéntese que no quiero que se me caiga.&lt;br /&gt;― Y qué más da. Si estamos muertos, ¿qué más nos puede pasar?&lt;br /&gt;― Pues es verdad, pero son las ordenanzas. A mí lo que me manden, que yo soy sólo un empleado.&lt;br /&gt;La mujer retorna a su asiento.&lt;br /&gt;― Es una familia entera. Viajaban en un barco cuando se hundió en el Egeo. Una verdadera desgracia, ¿sabes? ¡Pobrecillos! Se me pone la piel de gallina cuando veo que una criaturita viene por estos parajes. Es una pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los asientos de los viajeros se me antojan demasiado cercanos para no sofocarme. Sudo en este atardecer otoñal, pero no por calor ni por el esfuerzo. Sufro por sentir que estoy de más en esta fábula dictada por dioses inflexibles. ¿A quién le importa el amor de un empleado? Lo único que todos queremos oír es cuentos de príncipes que se enamoran de princesas o de héroes que rescatan a bellas damas. ¡Qué pardillos! Ni que nosotros fuésemos ni una cosa ni la otra. Somos pobrecillos que bastante tenemos con sobrevivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Sabes lo que pienso, Perséfona? Que Orfeo volverá a por su amante y la perderá otra vez por su impaciencia, una y mil veces. ― Pues yo creo que no. Que ya ha tenido bastante. Mira en eso puedo decir que Hades ha sido justo y clemente.&lt;br /&gt;― Eso dicen, sí.&lt;br /&gt;― Pues sí, porque será un cabrón, pero sabe que los difuntos, sus súbditos deben ser gobernados como él dice, como una hoguera. Ni demasiado cerca para no calentarse en demasía, ni demasiado lejos, para no dejar de sentir su calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="Orfeo_y_Eur.C3.ADdice"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="Mente_y_Leuce"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="Teseo_y_Pir.C3.ADtoo"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="Heracles"&gt;&lt;/a&gt;Heme aquí, amable lector, en esta triste circunstancia. Aquí acabo mi relato, llevando a la dama de mis anhelos a un destino cerrado, invariable e inmutable. Ha sido pronosticada como víctima de los demás y así se queda. Una víctima como Perséfona y como yo. Un simple personaje para el lucimiento de Hades y, sobretodo, en su caso, de Orfeo. Orfeo, ese ególatra que sólo entiende de su propia belleza y del poder de su canto. Aquel para el que la búsqueda de la felicidad perdida y nuevamente recobrada se convierte en un simple concurso de los mejores aedos y rapsodas. Si tan siquiera los poetas hubieran decidido dar una oportunidad a este pobre servidor, un simple conductor de autobús, la fábula tendría otro color, otro final. Porque yo no hubiera mirado atrás. Yo tengo un espejo retrovisor.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-8184688267164105334?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/8184688267164105334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=8184688267164105334&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8184688267164105334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/8184688267164105334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2007-11-29.html' title='Veintinueve de noviembre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qwhjAL5SI/AAAAAAAAACE/gVj_FLeBnFY/s72-c/Caronte+Eur%C3%ADdice.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-1878626254531349628</id><published>2008-03-13T14:11:00.001+01:00</published><updated>2008-03-16T23:51:23.775+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='04 El magnate desmagnetizado'/><title type='text'>Veintidós de noviembre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qxfzAL5TI/AAAAAAAAACM/VaMQSRmNWcc/s1600-h/Homeless.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177645881440855346" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qxfzAL5TI/AAAAAAAAACM/VaMQSRmNWcc/s320/Homeless.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El maganate desmagnetizado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Un relato de lo por venir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marchaba el Señor G. por la calle vacía como si todo lo acontecido no hubiera sucedido. Ni el Crack económico que le había arruinado ni el ascenso a presidente de la empresa, cosa que le había hecho rico en pocos meses. Decir rico es casi un insulto para definir la fortuna que había amasado. Era asquerosamente rico. Pero en estos tiempos, a finales del siglo XXI, el dinero valía menos que un Terabite de puntos en Superbario 300. Eso en el caso de que los ordenadores siguieran funcionando, porque tras la catástrofe económica provocada por la desaparición del petróleo, ninguna fuente de energía servía para alimentar los pocos voltios que hubiera necesitado un ordenador para ponerse en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente que había sobrevivido, mejor dicho la poquísima gente que había sido capaz de vivir sin electricidad, sin calefacción, sin dinero, en fin; los únicos que aún no habían desfallecido eran los autosuficientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi nadie se molestó en plantearse qué pasaría si un día fallase el combustible que había puesto al planeta al borde del colapso ecológico. Ningún gobierno terminó de tomarse en serio las energías renovables y como la población civil se opuso en masa a la energía nuclear, ningún gobierno quiso perder votos y todos se fueron a la extinción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no había partidos políticos, ni fuerzas del orden, ni estado, ni naciones. No podía haberlos cuando el dinero no era más que metal redondo y papel pintado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta que el Señor G. paseaba por la calle cuando vio a dos vagabundos calentándose de los rigores de las noches de invierno al amor de un barril (anteriormente de petróleo) en el que habían conseguido un fuego muy rico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Perdón, señores, ¿me permitirían compartir el calor de esta hoguera con ustedes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Poz claro que zí. Fartaría máz. Arrejúnteze a la lumbre que ez donde máz calorcito hace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Muchas gracias caballeros, que no saben como apremia este frío infernal. Desde que nos falta el petróleo, ya no sabe uno como quitarse este fresco de encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Diga usté que sí. Que antes se vivía mejó. Madre mía como echo de menos mi estufita de gah butano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Yo le prometo a usted, que si puedo volver a la actividad empresarial, ningún hijo de vecino tendrá que pasar frío en la calle como ahora. La coyuntura se presenta propicia para la reafirmación nacional en los valores del bienestar y la libre circulación de los beneficios producidos por la actividad industrial de la que anteriormente disfrutábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Poz yo, la verdaz, es que no entiendo ni papa de to lo que ha ditcho, pero que pa mi que ez uzté un emprezario venío a menoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Ni que lo diga usted, amigo mío, ni que lo diga usted! Yo antes me codeaba con las más altas instancias del país y ahora, ya me ve. Aquí pasando un frío que ni te menees.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Pue, ¿sabe lo que yo pienso? Que la culpa de nuetra degracia la tiene ustede, lo rico, que no hicieron nada pa remedia lo que se no etchaba ensima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Parte de razón no le falta, caballero. No, no le falta razón. Pero, ¿qué le íbamos a hacer? Estábamos más atentos a mantener a nuestras empresas en lo más alto del escalafón económico que no atendimos a lo primordial. Cuando se acabó el petróleo de la OPEP, nos dirigimos al petróleo de Rusia, pero también se les habían secado los pozos. Ni siquiera los americanos, que suponíamos tenían reservas para más de veinte años, habían sido capaces de guardarlo. Todo tiene que ver con la mala gestión de los gobiernos de Occidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Pero mira que hablaz! Anda, ponte al caló del barrí, que ez lo único que noz quea del pazao gloriozo del que hablaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta que un cuarto comensal se presenta al abrigo del fuego. Esta vez era un individuo más joven que los otros tres, un zagal desaliñado con más huesos que carnes y más pellejo que entrañas. La camiseta raída no era capaz de guarecerle del frío, así que llevaba un abrigo de visón que en su momento debió ser carísimo, pero que ahora carecía de interés por lo mal oliente, destrozado y raído que lo llevaba el pollo en cuestión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¡Pasa trons! ¿Cómo lo lleváis, flipadillos de la vida? ¿Quién es este pavo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Pue es un tío rico que no hemo echao, chaval. Paize que anteh se sacaba lo cuarto con una empresa de esa to gorda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Hola, buenas noches, me llamo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Así que Don Señorito requiere ahora de nuestros servicios. Pues muy bien. A mí me la trae al fresco. ¡Ostia, qué frío, tú! ¿Sábes lo que pienso? Que la culpa de todo la tenéis vosotros. Toda la vida nos disteis las mierdas de salarios que nos dabais para que nos jodiésemos trabajando hasta la jubilación y después, a vivir con una mierda de pensión que son dos días, literalmente. Anda y que os jodan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Tampoco hay que ponerlo así. Yo trabajé muy duramente y desde abajo para conseguir mi puesto en la empresa. Y me siento muy orgulloso de haber sido lo que he sido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Eso es, lo que has sido. Pero, tronco ¿a quién quieres engañar? Tan pronto como te has enriquecido a costa de tus trabajadores, te has quedado arruinado. Aunque, pensandolo bien, yo también estoy arruinado, y este, y este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Anda no te hode el niñato. Po no e que no hemo quedao to pobre tos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Mira, chaval. Lo que te digo es que no te falta razón, pero que no tienes ni idea de lo que dices. Es cierto que lo que había antes eran castillos en la arena, que no tenía sentido la bonanza económica basada en algo que se iba a esfumar de la noche a la mañana y es que un par de siglos no es nada. Lo que no calculó nadie es que lo que iba a pasar estaba más claro que el agua. Alegrémonos de que por lo menos estamos vivos y disfrutando de nuestra cálida compañía, porque, amigos míos, otros no han podido con la situación tan aciaga que se nos presenta. Puedo prometerles, caballeros que el futuro se presenta halagüeño, en lo que se refiere a la economía. Tenemos ante nosotros un futuro lleno de oportunidades…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Hala, deja el mitin político y arrímate más a la lumbre, que así nos calentamos antes. ¡Qué pavo! ¿Aún no te has dado cuenta de que la especie humana se ha extinguido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Ezo pienzo yo. Zi no hay na que llevarze a la boca noz moriremoz de jambre y zi no hay comía, zolo loz del campo podrán comé y follá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― Pos que quié que te iga. A mí me la refanfinfla. Como dijo aqué: ande yo caliente y ríase la ente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La charla siguió en el frío invernal de la noche newyorkina, o parisina o madrileña ¡vaya usted a saber, si ya no existían los países, ni el dinero, ni el petróleo!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-1878626254531349628?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/1878626254531349628/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=1878626254531349628&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/1878626254531349628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/1878626254531349628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/2007-11-22.html' title='Veintidós de noviembre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qxfzAL5TI/AAAAAAAAACM/VaMQSRmNWcc/s72-c/Homeless.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-6468977652608277851</id><published>2008-03-13T09:31:00.001+01:00</published><updated>2008-05-04T15:33:43.581+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='02 Cajera de mi amor'/><title type='text'>Dieciocho de octubre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qyrDAL5UI/AAAAAAAAACU/jQUROBlTOvk/s1600-h/Cajera.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177647174226011458" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qyrDAL5UI/AAAAAAAAACU/jQUROBlTOvk/s320/Cajera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cajera de mi amor.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué guapa está hoy Marisa! Porque se llama Marisa. Eso lo sé por la plaquita que llevan en el pecho las cajeras del Súper de mi Barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Sólo hoy, las latas de conserva de atún a mitad de precio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí me escondo para verla con disimulo. En el pasillo de detergentes se la ve sin que nadie me moleste. El reponedor se preguntará ¿qué busca este muchacho en este lado si luego no coge nada? Yo lo que busco es que se fije en mí, pero me da miedo que luego se piense algo raro y quede mal. No, mejor lo dejo por hoy y me voy a casa. Haré la cola en su caja y la miraré. ¡Vaya cola que hay en su caja! Es que es la más rápida y la gente se lo sabe. En fin, no importa esperar. Este es el mejor momento del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí está él. No se cómo se llama, pero viene todos los días a comprar el pan. Lo curioso es que al lado del Súper hay una panadería que hace un pan riquísimo. A mí me da igual. Lo que me gusta es que venga a comprar aquí, porque está buenísimo. Es muy majo. Si fuese más valiente, a este me lo comía todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Niño! No cojas las golosinas, que no te las pienso coger.&lt;br /&gt;- ¡Jo, Mamá! Que yo quierooo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me toca a mí. Le diré algo. ¿Qué le digo? ¡Ah, sí, ya sé!&lt;br /&gt;- Oye, perdona, ¿sabes si mañana habrá alguna oferta en panadería?&lt;br /&gt;- Pues, la verdad es que eso no lo sé. Son cincuenta y cinco céntimos, caballero.&lt;br /&gt;- ¡Ah, bueno!, aquí tienes. Adiós.&lt;br /&gt;- Adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que reponer es algo menos cansado que la caja, pero qué quieres que te diga. A mí me gusta más lo otro y además lo hago sentada. A ver, los encurtidos variados aquí. ¡Anda que no hay historias!&lt;br /&gt;- Oye, perdona.&lt;br /&gt;Anda, el chico del pan. Si es que está como el ídem. ¡Joder y yo con estas pintas, aquí agachada! ¡Me va a ver las raíces del teñido!&lt;br /&gt;- Oye, esto, que si, que si ¿estos son los pepinillos más gordos que tenéis?&lt;br /&gt;Joder.&lt;br /&gt;- Sí, creo que sí.&lt;br /&gt;Lo que creo es que me he puesto colorada. Mira que preguntarme por los pepinillos. Me ha entrado un sofoco que no veas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cagüen la leche. Sólo a mí se me ocurre preguntarle por estas chorradas. Es como si le pregunto a una chica en el Chat que si quiere salir conmigo y la foto que le envió es la de mi nardo. Así no ligo yo, así no ligo. Me voy follao a la caja y me las piro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que las chicas del Súper están cañón. Dice mi amigo Pedro que los gerentes que contratan a las cajeras son de la ONCE, porque las contratan “al tacto”. Sea lo que sea, con Marisa dieron en el pleno. Es guapísima y dulce. Además, que está muy buena. No es una niña enclenque como las que despachan en la peluquería de mi tía, que no tienen por donde agarrar. La verdad es que a mí me gustan más las mujeres de antes. Mi padre tiene en el camión una foto de la Kim Bassinger de impresión. Y el caso es que el calendario hace ya muchos años que se acabó, pero mi viejo no la quita ni para atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No olviden pasar por la sección de carnicería. Ofertas en todo tipo de carnes. La ternera a la mitad de precio sólo hoy y sólo en nuestro Supermercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me he enterado de cómo se llama. Se llama Manuel. Ha venido por la caja con más cosas que las de costumbre, es decir; el pan, y ha tenido que pagar con tarjeta. La verdad es que salía muy feote en la foto, pero me da igual. Las cajeras estamos acostumbradas a ver carnés a todas horas, seguro que más que los polis. Manuel. Por fin le puedo llamar por su nombre, aunque aún no me atrevo a lanzarme. Como pase de mí y me tire a la piscina, lo mismo me quedo sin trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye, guapa. ¿Espabilas o qué? No tengo todo el día.&lt;br /&gt;- Sí, disculpe señora. Tenga su ticket.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuel ha entrado hoy como de costumbre a comprar el pan. Le he visto algo tristón. Me ha dado lastimita. Pobrecito, ¡si es que parece un osito de peluche! Me gustaría cogerlo y achucharlo, pobrecito mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menudo día llevo. El trabajo ha sido un infierno y para colmo Marisa ni me ha mirado. Jo, si le gustase se habría dado cuenta de lo matado que iba. No sé por qué me obsesiono, si ella va a pasar de mí. Como todas. Pero esta ve me encantaría que saliese bien. ¡Imagínate los titulares! Cajera enamorada de cliente mindundi consigue a su Don Juan. ¿O era Romeo? No sé, como en el insti me hacían los trabajos. Nunca me leí los libros, para qué si son un rollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Paquetes de Kleenex, tres por dos. Lleve tres y pague sólo dos. Ofertas como ésta, sólo en nuestro Supermercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué guapa estaba hoy! Bueno, siempre va igual. Pero es que a mí me da un vuelco el corazón cada vez que la veo. Mira, hoy no está en la caja. Voy a ser valiente y le voy a decir algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye, perdona. ¿Sabes si la oferta de conservas sigue aún?&lt;br /&gt;- Sí, creo que sí.&lt;br /&gt;- Gracias, guapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo tengo decidido, mañana me declaro y la llevo al cine a ver esa de Tarantino. Vendré todo lo guapote que pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Me ha llamado guapa! No puedo más. Creo que está por mí. La próxima vez que le vea le digo si puedo hablar con él y le pido salir. Mañana, seguro. Estoy más que convencida de que le gusto. No puedo fallar. Vendré todo lo guapa que pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No dude en aprovechar nuestras oferta. Sólo en nuestro Supermercado encontrará el kilo de naranjas a un euro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy hipercontenta. No puedo más de la impaciencia. Me he maquillado y todo. Nunca lo había hecho tan a conciencia, porque maquilladas vamos todas, algunas como puertas, pero hoy me lo he currado a conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero que guapa has venido hoy, Marisa. Pareces una princesa. ¡Qué digo! ¡Pareces una reina y todo!&lt;br /&gt;- Gracias, Juanjo. Es que hoy es un día especial.&lt;br /&gt;- ¡Vaya! ¿Quién es el afortunado?&lt;br /&gt;- Nada, tú déjame. Además, no le conoces. No seas cotilla.&lt;br /&gt;- ¡Jo! ¿Quién pudiera?&lt;br /&gt;- ¡Anda, adulador!&lt;br /&gt;Pero, ¿será posible? Hoy que me he puesto mis mejores galas para pedirla salir, la veo flirteando con ese tío feo. ¡Maldita sea! ¡Va a ser su novio! No, si es que no me entero de nada. ¡Qué rabia! No vuelvo a este Supermercado. A partir de ahora compro el pan en la panadería como todo el mundo. Si es que no doy una. Te juro que no vuelvo a comprar en este Supermercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué guapo ha venido Manuel! Pero, ¿qué hace? No pasa por mi caja y estoy sin cola. Además, Juanjo ya se ha ido y podríamos haber hablado tranquilamente. ¡Era la oportunidad de mi vida! Ha pagado y ni mira para atrás. No, si es que me hago pajas mentales. El Súper es para trabajar y no para ligar. ¡Qué asco!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-6468977652608277851?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/6468977652608277851/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=6468977652608277851&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/6468977652608277851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/6468977652608277851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/entrada-dos.html' title='Dieciocho de octubre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_3AcVFUn_gRI/R9qyrDAL5UI/AAAAAAAAACU/jQUROBlTOvk/s72-c/Cajera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4046106520044123470.post-1173493157390532395</id><published>2008-03-13T09:29:00.002+01:00</published><updated>2008-05-04T15:32:29.391+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='01 Pretérito Imperfecto'/><title type='text'>Cuatro de octubre de 2007</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/R9qzWzAL5VI/AAAAAAAAACc/UZZZDJc2_xA/s1600-h/Mirando+por+la+ventana.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5177647925845288274" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/R9qzWzAL5VI/AAAAAAAAACc/UZZZDJc2_xA/s320/Mirando+por+la+ventana.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Pretérito imperfecto.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;“Mañana volveré a la maldita oficina”.&lt;br /&gt;Desde la ventana sólo se veía el tenue arco iris añil de las farolas. La noche estaba ya muy avanzada, pero los problemas del día no le dejaban calmarse lo suficiente como para abandonarlos en la pila de papeles que se le acumulaba en la mesa del despacho.&lt;br /&gt;- Manuel, ¿vienes a la cama? Ya es tarde y tienes que madrugar mucho. ¿Sabes? Tengo la sensación de que tu trabajo puede contigo.&lt;br /&gt;- Ya iré, Sonia, ya iré. Verás cómo la mala racha acabará pronto.&lt;br /&gt;- Eso espero. Hay veces en las que me pregunto si no es remordimiento lo que te impide dormir.&lt;br /&gt;- ¿Remordimiento?&lt;br /&gt;- Sí y lo sabes muy bien. Te hablo de eso constantemente. Piensas en tus padres y te sientes culpable de no haber hecho nada por saber de ellos.&lt;br /&gt;- Sabría de ellos si no…&lt;br /&gt;- Si te molestases en llamar, en buscarles. Con eso bastaría. Ya sé que es muy difícil olvidar el pasado. Pero ya es hora de enterrar las rencillas. Son cosas que ya no existen. Acuéstate, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felisa visitaba a su amiga Tomasa todos los días por la tarde. Era lo único que le ataba al mundo, porque su contacto con la realidad se limitaba a bajar al mercado cada dos días y a la compra del pan en la panadería que se encontraba a la vuelta de la esquina. Esa tarde subía las escaleras con más desgana que de costumbre. ¿Por qué no habrían puesto ascensor en aquella comunidad? Subir al cuarto, con mis años es un autentico suplicio.&lt;br /&gt;- Hola Felisa, ¿Cómo se encuentra hoy?&lt;br /&gt;- Ayer, me dolió mucho la pierna. La ciática creía yo. Pero debió ser un golpe del que no me di cuenta. Los años, Señora Tomasa, los años.&lt;br /&gt;- Si se encuentra como una rosa, mujer. Ya quisiera a sus años encontrarme así.&lt;br /&gt;- No, Señora Tomasa, que encontrarse sola es peor que estar muerta. Fíjese, como le he dicho siempre. Si mi marido no se hubiese muerto. Lo peor es que mi Manolín se fue y nunca más ha vuelto. No llamó ni se preocupó de nosotros después de que nos abandonó.&lt;br /&gt;- Manolín no quería quedarse como zapatero toda la vida y usted lo sabe. Que la juventud tiene su propio camino y no debe ser una sombra de sus padres.&lt;br /&gt;- Sí, eso ya lo sabía, pero eso no le libraba de cumplir con nosotros. Toda la vida trabajamos mi marido y yo para sacarle adelante y así nos lo pagó.&lt;br /&gt;- Felisa, entierre el pasado y afronte que igual se equivocaron todos, que son muy tozudos y así lo único que ganan es estar solos, el uno sin el otro. Hágame caso.&lt;br /&gt;- No hubiera pasado de no ser por su culpa. En fin, Señora Tomasa, que me voy a casa a escuchar un poco la radio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuel aborda su jornada laboral. Los vagabundos le recuerdan día a día la soledad a la que se enfrenta esta jaula que es la ciudad. La Consejería de Asuntos Sociales trata todo tipo de problemas que el hombre de a pie desconoce.&lt;br /&gt;- ¡Vamos, hombre, que te quedas dormido!&lt;br /&gt;- Dormiré más el día que no me montes tanto follón, Antonio.&lt;br /&gt;- Hoy no estamos para ñoñerías, Manuel. Hay un pitote de mucho cuidado. Habla con este grupo de gente sin hogar. Parece que una mujer ha fallecido en su caja de cartón y tenemos que descubrir su identidad sin ningún papel.&lt;br /&gt;La conversación de la noche pasada le arrolló como un vagón de metro. Sonia tiene razón. Un día su madre podría ser como la vagabunda en el tanatorio. Su madre podría estar muerta y él ni lo sabría. Una sensación de agobio le impidió seguir tomando el café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Felisa torcía la esquina, sintió un fuerte golpe. Un tirón del brazo que llevaba el bolso la hizo perder el equilibrio y cayó de espaldas en la acera. Un hombre salía corriendo en dirección contraria.&lt;br /&gt;Inmediatamente se dio cuenta de lo que había pasado. Le habían robado el bolso. A la rabia de haberse sentido mancillada se le sumó una amargura insoportable. La consternación se apodera de ella al pensar que en el bolso estaba la única foto que conservaba de su familia.&lt;br /&gt;Era una típica foto de estudio donde se la veía a ella, a Manolo y a Manolín cuando apenas era un adolescente. Se acordaba de ella porque la había visto muchas veces, pero hacía tiempo que no se había molestado en revisarla.&lt;br /&gt;Tratando de recordar en qué apartado de la cartera la había guardado una realidad se cernió sobre ella. No recordaba el rostro de su marido. Tanto había confiado en su memoria, que ahora sin el apoyo de un papel fotográfico, iba a ser posible traer a la cabeza el rostro de aquella persona con la que compartió tantos años. Su tristeza era enorme, pero la sensación de derrota era total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuel volvía a casa sin haber conseguido saber quién era la mujer que falleció el otro día. Aún siendo el tema del día, no podía pensar en otra cosa que en sus padres.&lt;br /&gt;Nunca quiso ser zapatero. Si hubiera seguido con sus padres, su futuro hubiera sido el pasado de su familia. Siempre dedicado a arreglar los pasos torcidos de los demás. Poner unas tapas suponía poner una losa a las andadas del dueño del calzado. Para él eso no era vida. Siempre quiso ir a la ciudad y hacer carrera allí. Así que, cuando su padre le puso un ultimátum para que se hiciera cargo de la tienda, el cogió sus cosas y huyó sin avisar a nadie de a dónde iría a parar. De aquella decisión no se arrepiente, porque luego vino la carrera, el trabajo y Sonia. Pero esa victoria amarga no deja de ser una triste marca que él sabía que había llegado demasiado lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ay, hija, que desgracia!&lt;br /&gt;- Felisa, no se inquiete. ¿Ha puesto ya la denuncia?&lt;br /&gt;- La hubiera puesto si sirviera para algo, pero poco había de valor en el bolso y no me mereció la pena hacerlo. Solo lamenté la pérdida de la foto.&lt;br /&gt;- Ya sé lo de la foto y es normal que con los años uno se olvide del rostro de la gente, incluso de su difunto marido, que en paz descanse. Ahora no le queda más remedio que hacer lo que le dije. Para buscar a Manolín, existen muchos medios, incluso Internet.&lt;br /&gt;- Eso para mí, Señora Tomasa, como si lo hubiera escrito un folletista de novela de a duro.&lt;br /&gt;Felisa se derrumbó. No podía soportar la sensación de soledad, de derrota a la que la vida le había conducido. Vivir en el pasado no le había llenado con los deleites pretéritos, que hacía tanto tiempo se habían quedado rancios como el humo del tabaco de ayer. Aunque da por echo que su situación no tiene solución, tampoco sabe cómo tomar la iniciativa y buscar a su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios días habían pasado y habían dado con la identidad de la anciana. Hoy otro asunto ocupaba la atención de Manuel. Un ladrón de poca monta que respondía al mote del Nebrijano había sido detenido por la policía y ésta había pedido a asuntos sociales que hiciese un informe previo para el juzgado que le iba a inculpar. Habló un rato con este hombre de escasa cultura y rudos modales que no entendía la mitad de las cosas que estaban haciendo con él.&lt;br /&gt;En un rincón de la mesa del comisario Martínez se encontraba el botín que la policía le había requisado. Un par de carteras y una docena de bolsos estaban sobre la mesa, ya catalogados y lo suficientemente inculpatorios para que El Nebrijano pasase unos meses en prisión.&lt;br /&gt;La vista, como por casualidad, se fue a una cartera donde se veía una foto marcada por el desgaste de ir sin proteger. Rápidamente la reconoció.&lt;br /&gt;- ¿Dónde podría encontrar a la propietaria de esta cartera?&lt;br /&gt;- La vieja esa casi se me escacha entre las manos. Fue en el barrio de Calabaceras. Pobre vieja. Pero es que uno tiene que vivir, ¿sabe usté? Que uno es pobre pero honrao.&lt;br /&gt;Manuel sale del despacho pálido. Coge el teléfono y marca un número.&lt;br /&gt;- ¿Sónia? Buscaré a mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felisa camina por la calle como si no la transitara. No había más que hacer en la vida que salir a comprar, ya sin cartera ni bolso, con el dinero en un bolsillo. Tomasa tenía razón, pero ¿qué podía hacer ella? Un hombre se le acercó.&lt;br /&gt;- ¿Madre?&lt;br /&gt;Y Felisa se dio la vuelta.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Los relatos de Creación Literaria de Alevo Rabla.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4046106520044123470-1173493157390532395?l=miniliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://miniliteratura.blogspot.com/feeds/1173493157390532395/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4046106520044123470&amp;postID=1173493157390532395&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/1173493157390532395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4046106520044123470/posts/default/1173493157390532395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://miniliteratura.blogspot.com/2008/03/entrada.html' title='Cuatro de octubre de 2007'/><author><name>Valentín VN</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='25' src='http://bp1.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/SFZxSjU_IlI/AAAAAAAAAfM/SI7JLuriBIo/S220/Spirou.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_3AcVFUn_gRI/R9qzWzAL5VI/AAAAAAAAACc/UZZZDJc2_xA/s72-c/Mirando+por+la+ventana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
